doi:10.5477/cis/reis.195.79-102

Espacio social y actitudes hacia la cultura: afinidades entre factores sociodemográficos, ideológicos y el debate legitimismo versus populismo cultural

Social Space and Cultural Attitudes: Sociodemographic and Ideological Factors in the Debate over Cultural Legitimism and Populism

Joaquim Rius-Ulldemolins

Palabras clave

Concepciones de la cultura

  • Extrema derecha
  • Factores sociales
  • Legitimismo cultural
  • Populismo cultural

Resumen

Los discursos de adhesión o crítica a la esfera cultural han conformado uno de los ejes del debate público, que aborda su concepción civilizatoria frente a las culturas nacionales o la disputa entre elitismo y populismo cultural. Asimismo, desde la aportación de Pierre Bourdieu estas oposiciones se han interpretado como producto de la posición en el espacio social, el volumen de capital y, especialmente, la composición de capitales. Sin embargo, este artículo se propone examinar este fenómeno en España a partir de una encuesta del CIS, analizando la relación entre el espacio social, ideología y las actitudes hacia la cultura. Así, se plantea la necesidad de revisar el esquema bourdiniano y destacar la polarización entre discursos legitimistas y populistas, y la asociación de estos últimos con posiciones de extrema derecha.

Key words

Discourses on Culture

  • Far-right
  • Social Factors
  • Cultural Legitimism
  • Cultural Populism

Abstract

Discourses defending or criticizing the cultural sphere have long been central to public debate, addressing its civilizing role in national cultures and the tension between cultural elitism and populism. Since the work of Pierre Bourdieu, these opposing positions have generally been interpreted as reflections of individuals’ positions in social space, the volume of capital they possess and especially the composition of that capital. This article examines this phenomenon in Spain using survey data from the Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) to analyze the relationship between social position, ideology and attitudes toward culture. The findings highlight the need to revisit Bourdieu’s framework by emphasizing the polarization between legitimist and populist discourses, as well as the association of the latter with far-right positions.

Cómo citar

Rius-Ulldemolins, Joaquim (2026). «Espacio social y actitudes hacia la cultura: afinidades entre factores sociodemográficos, ideológicos y el debate legitimismo versus populismo cultural». Revista Española de Investigaciones Sociológicas, 195: 79-102. (doi: 10.5477/cis/reis.195.79-102)

La versión en inglés de este artículo puede consultarse en http://reis.cis.es

Joaquim Rius-Ulldemolins: Universitat de València | joaquim.rius@uv.es

Introducción

El debate sobre la cultura y el espacio de posiciones se inicia en el inicio de la Modernidad, en los siglos xviiixix, con la oposición entre la concepción civilizatoria y la cultura como espíritu del pueblo (Elías, 2010), y atraviesa todo el siglo xx hasta llegar a nuestros días (Cuche, 1999). En la interpretación actual de este debate como producto de la sociogénesis de un campo cultural relativamente autónomo y de la lógica de diferenciación social respecto al dominio o no de los códigos que de él emanan, ha sido muy influyente el libro de Pierre Bourdieu La distinción. Su tesis central, que se puede resumir en la afinidad entre la posición en el espacio social, el volumen y el tipo de capital (económico o cultural) poseído y, por mediación del habitus, la toma de posición política y la disposición acerca de la cultura (Coulangeon y Duval, 2013; Mauger, 2023), ha sido muy influyente en la interpretación actual de este debate. No obstante, en el siglo xxi, estas actitudes hacia la cultura, que podemos resumir en la asunción del legitimismo cultural y de la violencia simbólica que produce, se han visto favorecidas por la globalización cultural, las dinámicas posmodernas y la mayor apertura e individualización del consumo cultural, conceptualizado en conceptos como la omnivoridad cultural, que se observa en mayor o menor grado en los países avanzados (Fernández y Heikkilä, 2011; Peterson y Kern, 1996). Sin entrar en el fondo de esta cuestión, podemos afirmar que diversos estudios siguen observando una continuidad en la asociación entre posición social y diferentes tipos de comportamientos culturales (Bennett et al., 2009; Chan y Goldthorpe, 2007; O’Brien e Ianni, 2023). Sin embargo, la relación entre actitudes hacia la cultura ha sido mucho menos estudiada, especialmente las actitudes hostiles hacia la cultura en el siglo xxi, en el que ha surgido un nuevo populismo cultural asociado a las expectativas sociales de promoción social al margen o contra la institucionalidad educativa y cultural (Beaumont, Challier y Lejeune, 2018; Halle, 1993), y que la extrema derecha ha utilizado para erosionar el poder de las élites culturales.

Desde la sociología se ha examinado el debate sobre la cultura y, especialmente, sobre sus manifestaciones más vanguardistas, que tienden a chocar con las concepciones tradicionales sobre el arte. Este es el caso del estudio de caso realizado por la socióloga francesa Nathalie Heinich sobre las reacciones de la ciudadanía francesa hacia el arte contemporáneo y, en especial, hacia casos que generaron una viva polémica pública a mediados de los años ochenta, como, por ejemplo, el embalaje del Pont-Neuf de París por parte del artista Christo en 1985 (Heinich, 1997). En este estudio, el enfoque era cualitativo y se basaba en el conflicto entre la innovación inherente y las expectativas del público sobre lo que debe ser el arte, recogiendo las reacciones de aquellos a quienes se les ha defraudado, ofendido o a quienes les ha parecido una tomadura de pelo, y su distancia hacia las instituciones de valoración del arte contemporáneo (ibidem). Otros autores han desarrollado estudios cualitativos sobre el uso del arte para decorar los hogares y los discursos acerca de ellos (Halle, 1993), Pero, aparte de estos estudios cualitativos, o bien de otros sobre las actitudes hacia la financiación de la cultura (Rius-Ulldemolins, Rubio-Arostegui y Rius-Ulldemolins, 2023), no existen muchos estudios sobre los discursos actuales sobre la cultura y las actitudes favorables o críticas. En este sentido, la Encuesta 3476 del CIS, realizada en 2024 (CIS, 2024) es un buen ejemplo.

Este análisis revelará las dimensiones de estructuración de las posiciones hacia la cultura (medida en una batería de siete preguntas con una respuesta ordinal sobre el grado de acuerdo o desacuerdo con las afirmaciones) y estudiará las afinidades con factores sociodemográficos (sexo, edad, lugar de residencia, ingresos, ocupación y estudios) e ideológicos (posicionamiento ideológico, voto y religiosidad). En segundo lugar, se ha llevado a cabo una clasificación de los individuos mediante el procedimiento de clúster bietápico, con un resultado de ocho clústeres. A continuación, se han comparado las medias para comprender los posicionamientos en cada grupo. Por último, estos resultados se contrastarán con el modelo interpretativo propuesto en La distinción y sus actualizaciones desarrolladas en el apartado teórico de las siguientes secciones. Para concluir, se establecerá el estado actual de las opiniones sobre la cultura y los factores sociodemográficos e ideológicos asociados, y se planteará la necesidad de un programa de investigación más extenso y multidimensional sobre esta cuestión que atraviesa no solo los debates de corte cultural, sino también la configuración de los grupos sociales y las luchas por la legitimidad cultural y política.

Avez-vous dit populisme culturel? Génesis de la alta cultura, los discursos de legitimación y su crítica por la perspectiva populista

En el debate sobre la naturaleza de la cultura, entendida como una esfera de actividad restringida, la sociología ha contribuido a desnaturalizarla como una categoría universal y permanente, y a comprenderla como el producto de una construcción social de longue durée que comienza en la Edad Media y cristaliza en el siglo xix como campo artístico (Bourdieu, 2002; Elías, 2010). En este sentido, las diferencias culturales se acentúan al final del Antiguo Régimen y se consolidan en la sociedad capitalista como marcadores de distinción entre grupos sociales, convirtiéndose en uno de los principales ejes de clasificación social hacia la mitad del siglo xx (Bourdieu, 1991; DiMaggio, 1992). Según esta perspectiva, la alta cultura funciona como un código clasificado según los gustos de las élites y como un clasificador del dominio y la actitud del resto de los grupos sociales hacia ella, lo que podemos llamar legitimismo cultural (Fabiani, 2007). Una actitud que podríamos caracterizar como la disposición a reverenciar las formas de la alta cultura casi como si fueran sagradas y a aceptar la violencia simbólica implícita en un código que muy pocos dominan y que sitúa a la mayoría social en el dilema de quedarse al margen o bien participar como muestra de buena voluntad, pero sin obtener la legitimación de dominarlo (Bourdieu y Delsaut, 1975; Bourdieu, 2001).

No obstante, como señalan otros autores, las clases populares, aunque no dominen los códigos de las cortes o de las capitales, desarrollan otros tipos de formas culturales (Darras, 2020; Mauger, 2023). De hecho, el elogio de la cultura popular o el populismo cultural surge a inicios del siglo xix, como reacción al supuesto universalismo de la noción de cultura como civilización, en el contexto del nacionalismo cultural (Thiesse, 1999; Thiesse, 2018). En este contexto nacen las primeras descripciones de la riqueza de la cultura popular y la concepción de su igualdad o superioridad frente a la falsedad y esclerotización de la cultura de las élites (Elías, 2010). Durante los dos siglos transcurridos desde entonces, se han generado multitud de variantes de este tipo de discursos favorables a las formas de cultura popular que, como analizan Grignon y Passeron, conforman una forma de inversión simbólica (la cultura popular como alta cultura) y una reivindicación de su riqueza frente a la perspectiva miserabilista, una perspectiva que han abrazado una parte de la intelectualidad y las ciencias sociales (Grignon y Passeron, 1989). A ello hay que sumar que, durante gran parte del siglo xx, se asimiló la innovación estética, la reivindicación de la cultura popular y la vanguardia política. Sin embargo, como señala Pierre Michel Menger, los estudios sociológicos señalan una y otra vez la afinidad entre la vanguardia artística y las personas con un alto nivel económico y cultural, que son el público más abierto a las innovaciones estéticas (Menger, 2017).

Finalmente, durante el desarrollo de la política cultural, una corriente apostó en los años setenta por el populismo cultural en el llamado paradigma de la democracia cultural, como una forma de superar los obstáculos a la participación cultural (Urfalino, 1996). Esta orientación, que se aplicó parcialmente, tuvo una concepción más antropológica e inclusiva de la cultura para integrar la diversidad cultural de los países europeos, reconocer la génesis culturalmente compuesta de los países colonizados y valorar las culturas originarias (Zamorano, Rius-Ulldemolins y Klein, 2014). A finales de los años noventa, el debate se abrió también a la adopción de una concepción no territorializada de la cultura y de la lógica hibridizadora que aportaba la creciente globalización (Hannerz, 1998). De este modo, completamos el espacio de discursos sobre la cultura que podemos formular en pares opuestos: legitimismo cultural frente a populismo cultural, artificio cultural frente a autenticidad cultural, elitismo frente a igualitarismo, canon frente a inclusividad cultural o nacionalismo frente a globalismo.

La perspectiva bourdiniana sobre la cultura y el contexto político del siglo xxi

Como hemos establecido en la introducción, aunque la influencia del esquema de La distinción de Pierre Bourdieu ha sido decisiva en la conceptualización de las actitudes hacia la cultura, sin embargo, en la actualidad también se ha constatado la necesidad de actualizar al contexto actual un análisis que fue realizado en los años setenta (Coulangeon y Duval, 2013; Coulangeon y Duval, 2015). Ciertamente, observamos una mayor apertura en los consumos culturales, así como la influencia de las transformaciones de las dinámicas de producción y consumo posmodernas y de la necesidad de desarrollar un análisis menos determinista, más atento a las trayectorias de los individuos, sus relaciones sociales y su configuración del consumo cultural (Fabiani, 2016; Lahire, 2004). A estas observaciones, nos permitimos añadir la cuestión de las transformaciones del siglo xxi sobre la digitalización social (que no podremos abordar en este artículo) y de la transformación del espacio social e ideológico de las últimas décadas, con el surgimiento de las nuevas derechas y el desarrollo del populismo cultural etnonacionalista, especialmente en Estados Unidos y Europa (Bonet y Zamorano, 2020; Perrin et al., 2014). En este sentido, se puede observar una explicación a la derechización de parte de las clases populares en el desarrollo de una mayor fragilización de los asalariados y el miedo al desclasamiento, y al desarrollo de una desconfianza hacia los políticos democráticos y una hostilidad hacia los intelectuales, que está teniendo una creciente influencia, especialmente entre las generaciones jóvenes (Beaumont, Challier y Lejeune, 2018; Saferstein, 2024), lo que hace más complejo y modifica la comprensión de las actitudes hacia la cultura en las variables puramente de clase social y nivel cultural.

Sin embargo, entendemos que el esquema social planteado por Pierre Bourdieu en La distinción a finales de los años setenta aún tiene capacidad para explicar la relación entre cultura política y actitudes hacia la cultura en la actualidad, aunque ciertamente requiere diferentes actualizaciones (Coulangeon y Duval, 2013). En este texto, plantea la homología por mediación de la histéresis y la transposabilidad del habitus entre posiciones sociales, espacios de estilo de vida y tomas de posición, especialmente políticas, que se desarrollan específicamente en el capítulo ocho dedicado a cultura y política (Bourdieu, 1991). Según la tesis bourdieana, el volumen del capital acumulado no es el principal factor explicativo de las posiciones políticas (en coherencia con la observación de Coser de que el factor de tener menos no predispone a la toma de posición política, sino la percepción de una privación o injusticia distributiva relativa (Coser, 1961). Así, en el esquema de Bourdieu, la estructura de capital de los individuos predispone a tomar posiciones a la izquierda o a la derecha: en resumen, el predominio del capital cultural predispondrá a la toma de posiciones de izquierda y el predominio del capital económico, a la derecha (Bourdieu, 1997).

Ciertamente, este esquema resulta excesivamente simplificado en el actual contexto, en el que se observa una creciente derechización de las clases populares en EE. UU. y Europa, lo que se ha denominado un backlash cultural y una creciente importancia de los factores y las expectativas sociales acerca de un futuro percibido como cada vez más incierto (Ivaldi, 2022; Norris e Inglehart, 2019). Sin embargo, en la escuela bourdiniana se señala que no se debe tomar la composición de capital como algo dado y permanente, sino que, por el contrario, el elemento clave para la comprensión de las tomas de posición (Beaumont, Challier y Lejeune, 2018). Por ello, según los estudios presentados en el esquema bourdiniano, aparece un espacio social en dos dimensiones (volumen de capital y composición de capital) en el que los que se sitúan en bas à droite (bajo capital global, pero predominio de capital económico) tienden a mostrar posiciones a la derecha, no solo por su posición, sino también por su expectativa de promoverse a través del capital económico y no del cultural (ibidem). En esta categoría se situaban las antiguas clases medias y los funcionarios ligados a la coerción estatal (militares, policías y personal judicial), a los que actualmente hay que añadir las clases de servicios ligados a la atención directa a los particulares, así como todos aquellos que han surgido o se han potenciado en el proceso de desregulación digital (lo que se ha llamado la uberización, Vergès, 2017). Esto hace que se replanteen las fronteras tradicionales de la clasificación entre clases populares y clases medias, que se vuelve más difusa, pero no tanto en la tradicional clasificación en función del volumen de capital o del grado de precariedad, sino en la cuestión de las inversiones en capital económico o en capital cultural, que genera una mayor capacidad explicativa de las disposiciones políticas y culturales.

No obstante, aunque esta lógica explica en parte este fenómeno de la derechización, no lo hace plenamente, ya que no explica por qué hay un sector de la juventud, especialmente hombres estudiantes de secundaria y universidad, que comparten esta derechización, como se constata en los estudios de opinión (CEO, 2024), Se trata de una situación nueva (y anómala en cierta medida en el esquema de La distinción) que, entendemos, está relacionada con diversos fenómenos de trayectoria menos vinculada a la universidad de los hombres (Buchmann, Dwyer y Yao, 2025), y otros elementos de carácter ideológico, como la influencia en redes sociales de influencers que muestran un creciente rechazo hacia la institución escolar, especialmente la universidad, y con ello una hostilidad hacia la movilidad social mediante el capital cultural (Arantes, 2021). Así pues, es importante señalar la existencia de nuevos influencers vinculados al ámbito digital y nuevos modelos de masculinidad que apuestan por la acumulación de capital y sus símbolos más espectaculares (coches, relojes, ropa de lujo, etc.) al mismo tiempo que rechazan la acumulación de capital cultural a través de las instituciones culturales o educativas (Roberts et al., 2025; Saferstein, 2024). Pero volviendo al esquema de Bourdieu, las disposiciones culturales y la cultura política no se podrían resumir actualmente en el esquema bidimensional según el volumen de capital y la composición: 1) en la parte superior, legitimismo cultural fuerte, pero vinculado a una lógica de innovación permanente y rechazo de la cultura mundana; 2) en la parte superior de la fracción dominante burguesa, defensa menos ortodoxa de la legitimidad, pero permanencia de la lógica de la distinción basada en los consumos caros y exclusivos, pero adecuados para los rituales mundanos; 3) clases populares vinculadas a un gusto que hace de la necesidad virtud, ligado a la sociabilidad popular y distante de la alta cultura. En este esquema legitimista, el populismo cultural es posible, pero siempre estará condenado a la ilegitimidad cultural, como un intento de reinversión simbólica que puede estar presente en la lógica de la sociabilidad popular, como en la taberna o en la comida familiar, pero que es condenada al fracaso por su inserción en la lógica de la dominación. Este será un punto que Grignon y Paseron critiquen vivamente, ya que defenderán la posibilidad de la relativa autonomía de la cultura popular y de su reivindicación por parte de la intelectualidad y la academia (Grignon y Passeron, 1989).

No obstante, en la actualidad surgen diversas transformaciones, como la erosión de las lógicas de la distinción y la ampliación de los gustos culturales en las clases medias y populares, y al mismo tiempo surgen nuevos tipos de populismos culturales. Por una parte, en ciertos países surge un nuevo tipo de populismo cultural ligado a las nuevas izquierdas que legitiman su discurso en la lógica segregadora de la alta cultura y, al mismo tiempo, en el primer espíritu libertario de la ideología californiana surgida al calor del desarrollo de Internet (Cardon, 2019). Sin embargo, la mayor fuente de discurso populista y de erosión del populismo no proviene de la izquierda en el siglo xxi, sino de la derecha y la extrema derecha, que con una reivindicación de la cultura etnonacional y del rechazo del supuesto elitismo cultural generan un discurso que opone la auténtica cultura nacional a la cultura artificial de origen foráneo (Rius-Ulldemolins, Rubio-Arostegui y Pecourt, 2024). En este sentido, aunque no hay estudios comparativos sistemáticos a nivel internacional, otros artículos han detectado esta tendencia de un nuevo populismo de derechas que abraza una concepción etnonacionalista de la cultura y se muestra hostil a una alta cultura que considera parte de una globalización desnacionalizadora, tendencia que podemos encontrar en Europa (Almeida, 2017; Harding, 2021) o América (Perrin et al., 2014; Rius-Ulldemolins y Verdenelli, 2025).

Finalmente, la cuestión del vínculo entre populismo cultural y populismo político es un tema que no podemos abordar en este artículo. Sin embargo, sí podemos encontrar afinidades entre la política populista de derechas y un populismo cultural contrario a la alta cultura, sin descartar, por supuesto, otros factores importantes sociodemográficos (Moran y Littler, 2020). Al mismo tiempo, sí podemos señalar una lógica de homología entre el rechazo al establishment político y la hostilidad hacia las élites intelectuales y artísticas, que está muy presente en los partidos políticos de derecha radical de España, Estados Unidos de América y Latinoamérica (Rius-Ulldemolins, 2023; Rius-Ulldemolins, Rubio-Arostegui y Pecourt, 2024). En todo caso, en este artículo podemos abordar, a partir de una encuesta, la relación entre factores sociales, cultura política y actitud hacia la cultura, y profundizar en las afinidades del posicionamiento político, la actitud legitimista o populista y su distribución en el espacio social.

Fuentes de los datos, operacionalización y metodología del análisis

El análisis se basa en los datos del Estudio CIS 3476 sobre Cultura y estilos de vida, una encuesta a nivel estatal realizada a una muestra proporcional de 3700 personas mayores de dieciocho años mediante entrevista telefónica en septiembre de 2024, con un nivel de confianza del 95,5 % y un error de muestreo de +/− 1,6 %. El objeto de estudio es analizar las oposiciones básicas de la actitud hacia la cultura (esencialmente, el esencialismo versus el populismo cultural, medido por una batería de preguntas de esta encuesta que desglosaremos posteriormente) y su afinidad con factores demográficos, sociales e ideológicos, con el fin de revelar las dimensiones que estructuran estas tomas de posición. La encuesta mencionada se centra en analizar el consumo cultural a partir de actitudes y preguntas sobre comportamientos, e incluye, como es habitual en este campo, una batería de preguntas sobre actitudes hacia la cultura según su origen y nivel de legitimidad, que abren un nuevo terreno de análisis no explorado en otras encuestas (Warde y Gayo-Cal, 2009). El objetivo central de la encuesta no es el estudio de las actitudes hacia la cultura, pero la existencia de una batería de siete preguntas y la posibilidad de relacionarlas con las preguntas sociodemográficas e ideológico-políticas ofrece una oportunidad para el estudio del espacio social, político y de actitudes hacia la cultura, con todas las potencialidades (y limitaciones) que conlleva el análisis de datos de una encuesta no desarrollada por los autores.

Hemos elegido el análisis de correspondencias múltiples (ACM) porque es una metodología que se ha desarrollado en estrecha relación con el estructuralismo genético liderado por Pierre Bourdieu (Coulangeon y Duval, 2013) y que se ha aplicado con éxito en diversos objetos de estudio culturales. En el campo literario, Gisèle Sapiro lo ha aplicado al estudio de la ocupación (Sapiro, 1996), al análisis de las nuevas vanguardias artísticas a finales del siglo xx (Verger, 1991) y al estudio dirigido por Vincent Dubois sobre las bandas de música de vientos de metal (Dubois y Méon, 2013). También se ha aplicado con éxito en diversos estudios de consumo cultural, siguiendo la estela de La distinción, como, por ejemplo, en la evolución de los consumos culturales en Suiza (Weingartner y Rössel, 2019) o en el consumo de las élites en España (Ariño y Llopis-Goig, 2021).

Así, el artículo parte de la pregunta de si existe relación entre las actitudes hacia la cultura y los factores sociodemográficos (sexo, edad, estudios, tamaño del municipio de residencia, ingresos familiares y ocupación) y la cultura política (variables sobre ideología, religiosidad, voto y simpatía política). En relación con la actitud hacia la cultura, se parte de una batería de siete preguntas realizadas en la encuesta: «¿Podría decirme si está muy de acuerdo, bastante, poco o nada de acuerdo con estas afirmaciones?». 1) Me interesa conocer las costumbres, la cultura y las artes de otros países (P18_1), 2) La pintura moderna es una tomadura de pelo; en muchos casos, podría hacerla un niño (P18_2), 3) En general, me gusta más la música española que la extranjera (P18_3), 4) Se da demasiada importancia a la literatura clásica, lo que no tiene mucho sentido en el mundo actual (P18_4), 5) Hay que revisar las obras artísticas (libros, películas, etc. ), 6) Asistir a la ópera o al ballet es aburrido (P18_6), y 7) Cualquier persona puede disfrutar del arte sin ser especialista (P18_7). El encuestado podía responder a esta batería de preguntas en una escala del 1 al 4 (además de N. S./N. C.), siendo el valor 1 «Muy de acuerdo», el 2 «Bastante de acuerdo», el 3 «Poco de acuerdo» y el 4 «Nada de acuerdo». Estas preguntas se entienden como indicadores de las siguientes actitudes hacia la cultura:

Se ha recodificado las etiquetas de las categorías de repuestas para hacerlas más comprensibles visualmente en el ACM: Muy de acuerdo (++) / Bastante de acuerdo (+) / Poco de acuerdo (−) / Nada de acuerdo (−−).

En el análisis de correspondencias múltiples se han utilizado las siguientes variables sociodemográficas: 1) sexo, 2) edad recodificada en cuatro grupos, 3) idolología recodificada en cinco grupos, 4) estudios recodificada en tres grupos, 5) ingresos del hogar recodificada en tres grupos, 6) voto más simpatía recodificado, 7) tamaño del municipio recodificado y 8) situación socioeconómica recodificada. Por otra parte, se han codificado la batería de siete preguntas (P18) sobre actitudes hacia la cultura, como se explica en la tabla 2. Finalmente, el ACM ha dado como resultado la creación de dos dimensiones que, conjuntamente, explican una media del 0,699 de la varianza de las variables según el alfa de Cronbach (véase el anexo, la tabla 3), lo que se considera un valor aceptable.

Análisis de los resultados

El análisis de correspondencias múltiples nos muestra los resultados estructurados en dos ejes, dimensión 1 y 2, del que vamos a analizar los gráficos de categorías de punto y el gráfico conjunto de categorías al final de la sección. En lo que respecta a las categorías sociodemográficas, podemos constatar que las referidas a sexo y edad, que hemos agrupado en generaciones, se encuentran distribuidas en el eje de la dimensión 1 (mujeres y generaciones más mayores en el espacio inferior y hombres y generaciones más jóvenes en el superior), pero con una inclinación de izquierda a derecha. Por el contrario, las categorías educativas, económicas y de residencia se estructuran de izquierda a derecha (menos educación, menos renta y población más pequeña) a izquierda a derecha (más educación, más renta y población de mayor tamaño). En cambio, las categorías referidas a la ideología y el voto se estructuran de arriba abajo en la dimensión 2 (extrema derecha y abstencionistas en el sector superior e izquierda, centro derecha e izquierda estatal y autonómica en el inferior), aunque respecto a la religiosidad su distribución es menos clara y se observan católicos practicantes en el sector izquierdo y ateos en el polo opuesto, derecho, con lo que su distribución se estructura en mayor medida en la dimensión 1. La categoría socioprofesional merece una mención especial, ya que expresa el tipo de ocupación, pero también la distinción entre activos, inactivos y parados. Los estudiantes se sitúan en el sector superior izquierdo, los jubilados en el inferior izquierdo y las clases medias altas en el derecho.

En la figura 3 se muestra el conjunto de todas las categorías, en el que se pueden observar las afinidades entre ellas y la estructuración del espacio social y del espacio de toma de posición acerca de la cultura. En el espacio de la derecha se encuentran personas de más edad, jubiladas y con menos capital cultural y económico que opinan que la cultura no es igual para todos. Este grupo se caracteriza por estar al margen del debate sobre la clasificación de la cultura, lo que concuerda con el análisis de Bourdieu y otros autores sobre las clases populares y su ausencia en la discusión sobre las formas legítimas de cultura (Grignon y Passeron, 1989; Mauger, 2023). En cambio, en la zona derecha y central encontramos el espacio con mayor homogeneidad de características: edad, capital cultural, actitud indiferente hacia la religión y las posiciones políticas extremas. Este espacio representa la creencia en la igualdad ante la cultura, una posición más cosmopolita, una posición política más centrista y una actitud más favorable hacia las categorías medias en relación con el populismo cultural y la defensa del legitimismo cultural. En contraste, en la dimensión 1 encontramos dos polos opuestos: en el espacio inferior izquierdo se halla un espacio de alto capital cultural y económico, refractario a la religiosidad, de izquierda (estatal o autonómica) y extrema izquierda, con una actitud favorable hacia la cultura legítima y vanguardista. Por el contrario, en el polo opuesto superior derecho se sitúa un grupo joven, de clase obrera y estudiantes, con un nivel de capital cultural y económico medio, pero que rechaza claramente el legitimismo cultural y los cánones establecidos, y abraza el populismo cultural, considerando el arte contemporáneo como una estafa. Este espacio es más cercano a la extrema derecha de Vox y, especialmente, a Se Acabó la Fiesta (SALF), que representa este nuevo tipo de hostilidad hacia la cultura que se difunde en las redes sociales y entre sus usuarios más jóvenes. Esta posición no se contempló en el esquema bourdiniano porque sus análisis se desarrollaron en los años sesenta y setenta, cuando un sector de la juventud se pasó a posiciones de izquierda (Bourdieu, 1989), pero otros autores la han analizado en el caso francés como un fenómeno emergente (Beaumont, Challier y Lejeune, 2018).

A continuación, en la figura 4 se muestra la distribución de los grupos creados mediante el procedimiento de clúster de dos etapas. Hemos incorporado esta distribución como variable suplementaria en el ACM para poder observar su distribución y su afinidad con el conjunto de las categorías de la figura 3.

En el proceso de formación de clúster encontramos los siguientes grupos: el grupo 1 (20,6 %), que representa el grupo con menor capital económico y cultural, y está más distanciado de los otros grupos. Por otro lado, encontramos los clústeres centrales 2 (6,8 %), 8 (15,8 %) y 5 (6,6 %), que conforman la posición media o alta en relación con el capital cultural y económico, y ocupan una posición central en la opción ideológica. Por otra parte, en una opción situada claramente en el polo de más capital cultural, se encuentran los de izquierda y firmes defensores del legitimismo cultural agrupados en los clústeres 6 (5,9 %) y 7 (9,3 %). Finalmente, dos clústeres con un porcentaje importante de encuestados: el 3 (21,5 %) y el 4 (13,5 %), que sumados representan más de un tercio de la muestra. Estos clústeres se caracterizan por tener posiciones con menor capital cultural y económico, y por mostrarse hostiles a la cultura legítima. En la comparación de medias (véase tabla 5), estos dos clústeres son los más proclives a estar de acuerdo con la afirmación de que la pintura moderna es una estafa y de que la ópera es aburrida. Estos clústeres, que sumados representan aproximadamente un tercio de la muestra, constituyen un importante segmento de la población que responde a la legitimidad cultural desde un populismo antielitista en lo cultural, pero de derechas en lo político. Se trata de un fenómeno en auge en la sociedad española y en otras partes de Europa y América Latina (Beaumont, Challier y Lejeune, 2018; Saferstein, 2024).

Conclusiones

El debate contemporáneo sobre las actitudes sociales hacia la cultura ha sido moldeado por las discusiones del siglo xix, particularmente en relación con la dicotomía entre la concepción civilizatoria de la cultura y la perspectiva opuesta de la cultura como reflejo del espíritu del pueblo (Elías, 2010). Este debate puede ser caracterizado mediante los conceptos de elitismo frente a populismo cultural o universalismo frente a nacionalismo cultural (Cuche, 1999). En el ámbito de las ciencias sociales, este debate ha experimentado una transformación significativa a través de la tesis de Pierre Bourdieu sobre las bases sociales del gusto cultural y, por consiguiente, acerca de las afinidades entre grupos de estatus y actitudes hacia el consumo y la práctica cultural (Coulangeon y Duval, 2013; Mauger, 2023). A partir de entonces, se han formulado diversas teorías y se han llevado a cabo numerosos estudios empíricos que apuntan a la disminución de la correlación entre el grupo social y el gusto (Fernández y Heikkilä, 2011; Peterson y Kern, 1996).

No obstante, desde los debates que señalaban la necesidad de replantear el vínculo entre legitimismo y populismo para superar su simplificación de las actitudes existentes hacia la cultura (Grignon y Passeron, 1989), se ha avanzado poco. Así, hemos observado pocas contribuciones sobre la actitud hacia la cultura y, especialmente, sobre la relación entre factores ideológicos y la aceptación o no del legitimismo cultural. Por ello, el examen realizado a partir de la Encuesta 3476 sobre Cultura y estilos de vida, realizada en 2024 (CIS, 2024), y el análisis de ACM y clúster nos permiten observar las oposiciones entre diferentes actitudes hacia la cultura y sus afinidades con perfiles sociodemográficos e ideológicos a partir de las preguntas relacionadas con dichas oposiciones. En ellos podemos observar cierta persistencia del esquema planteado por Bourdieu acerca de la relación entre capital cultural y capital económico, y posiciones hacia la cultura, pero también algunas diferencias significativas.

Por una parte, en el siglo xxi en España podemos observar cómo persisten grupos que se sitúan al margen de la lógica cultural y otros que, en diferentes grados, se adhieren a la buena voluntad cultural, así como firmes defensores de la legitimidad cultural, como observó Bourdieu en La distinción (Bourdieu, 1991). También podemos observar que, a medida que aumenta el nivel educativo, el nivel socioeconómico, el canon cultural, las manifestaciones de la alta cultura, el nacionalismo cultural y la visión igualitarista de la cultura cobran mayor importancia. No es ocioso señalar la aparente paradoja de que los más dotados de capital cultural (y con posiciones socioeconómicas más ligadas a este capital) tienden a posicionarse ideológicamente más a la izquierda y de manera laica, y defienden con más coherencia y consistencia el ámbito cultural de las actitudes críticas o relativistas del canon cultural, al mismo tiempo que perciben la cultura como algo apto para todo el mundo. Esta lógica es similar a la observada en Francia, donde las nuevas clases medias, relacionadas con profesiones que requieren una acreditación educativa y la manipulación del conocimiento, están más vinculadas a posiciones de centro o izquierda, lo que se podría explicar desde el esquema interpretativo de Bourdieu y la homología entre posiciones sociales con alto capital cultural y estas posiciones políticas y actitudes legitimistas culturales (Beaumont, Challier y Lejeune, 2018).

Sin embargo, el esquema de Bourdieu no permite interpretar dos dimensiones que consideramos nuevas: a) el surgimiento de un nuevo tipo de populismo que no es el característico de los siglos xixxx, propio de intelectuales o políticos que se reivindican portavoces de la «cultura popular auténtica» (Grignon y Passeron, 1989) y b) la aparición de un nuevo tipo de populismo, distinto del del siglo xixxx, caracterizado por intelectuales o políticos que se reivindican portavoces de la «cultura popular auténtica» (Grignon y Passeron, 1989), que pervive en los sectores menos educados y en las generaciones de más edad, pero también encontramos un populismo de nuevo cuño en las nuevas generaciones con estudios medios que rechazan la legitimidad y la buena voluntad culturales para abrazar un discurso ligado a la extrema derecha y hostil a las instituciones culturales, y que entienden el ámbito cultural como un campo de batalla político y de valores (Rius-Ulldemolins y Verdenelli, 2025).

Así, observamos un nuevo tipo de populismo cultural que se expresa en respuestas críticas hacia las manifestaciones de la alta cultura vanguardista o el canon cultural, especialmente entre las generaciones más jóvenes, los hombres y los grupos más asociados a la derecha y, en particular, a la extrema derecha. Esta actitud revela que el esquema no puede explicarse desde una lógica de regímenes de gusto y actitudes culturales y políticas, sino que factores como las expectativas de desarrollo de una trayectoria basada en el capital económico (o en ámbitos como el digital, aunque ello no puede examinarse en este artículo) y no en el ámbito cultural clásico pueden estar transformando las actitudes hacia la cultura. En este sentido, es necesario actualizar el esquema de Bourdieu para comprender estas nuevas formas de estructuración social y de actitudes hacia la cultura. Si en los años sesenta, el debate sobre la cultura y la legitimación cultural expresaba, según Bourdieu (1991), la homología entre una crisis de la institución educativa y la crisis del fordismo tardío, en el sentido de combatir por ampliar las formas de legitimación a nuevas profesiones y formas de acceder al capital cultural (Bourdieu, 1989), en la actualidad, entendemos que existe una creciente polarización de las actitudes hacia la cultura y la voluntad de un sector de socavar las instituciones y profesiones culturales en un giro hacia un populismo autoritario de derechas (Bonet y Martín, 2020; Rius-Ulldemolins y Verdenelli, 2025).

Aún es pronto para conocer los efectos de estas transformaciones a medio y largo plazo en la relación entre la esfera cultural, el campo político y las prácticas culturales. Sí podemos afirmar que esta transformación se halla en el centro de los debates sociales y políticos contemporáneos, en los que el consenso de posguerra, también en el ámbito cultural, expresa profundas reestructuraciones sociales que deben comprenderse en sus especificidades nacionales, pero que también deben ser objeto de estudio comparado para poder entender su dimensión estructural en una perspectiva internacional. Entre estos consensos figuraba la consideración de la esfera artística como una institución legitimada y una vía para la movilidad social. Este consenso (nunca unánime, pero muy amplio) se está fracturando en amplios sectores sociales, lo que conlleva una deslegitimación del apoyo de la población al gasto cultural (Rubio-Arostegui y Rius-Ulldemolins, 2023) y supone un reto para los responsables, que aún no han abordado la cuestión, el de hallar nuevas mediaciones para estas nuevas generaciones que muestran una distancia y una hostilidad sin precedentes desde el final de la Segunda Guerra Mundial hacia la alta cultura.

Anexo

TABLA 3. Frecuencias de las categorías en las variables utilizadas

Variable

Categoría

Porcentaje válido

Sexo de la persona entrevistada

Hombre

50,7%

 

Mujer

49,3%

Ideología 5 grupos

Extrema izquierda

20,8%

 

Izquierda

22,6%

 

Centro

23,5%

 

Derecha

14,4%

 

Extrema derecha

18,8%

Estudios recodificado 3 grupos

Estudios bajos

14,6%

 

Estudios medios

58,2%

 

Estudios altos

27,2%

Ingresos hogar recodificado 3 grupos

Ingresos bajos

19,2%

 

Ingresos medios

64,5%

 

Ingresos altos

16,2%

Voto más simpatía recodificado

PSOE

28,5%

 

PP

19,9%

 

Vox

7,5%

 

Izquierda autonómica

3,4%

 

Derecha autonómica

1,7%

 

Podemos

3,5%

 

Otros

3,1%

 

Blanco+nulo+abstención

24,9%

 

Sumar

6,1%

 

SALF

1,4%

Tamaño municipio recodificado

Rural o ciudad pequeña

22,8%

 

Ciudad mediana

60,6%

 

Ciudad grande

16,5%

Religiosidad del entrevistado recodificada

Católico practicante

15,6%

 

Católico no practicante

35,7%

 

Otra religión

4,6%

 

Agnostico+no creyente

27,9%

 

Ateo

16,2%

Situación socioeconómica recodificada

Clase alta+media-alta

18,6%

 

Antiguas CCMM

19,7%

 

Clase Obrera

20,3%

 

Jubilados+inactivos

27,7%

 

Estudiantes

4,2%

 

Parados

9,5%

Cultura otros países

Muy de acuerdo

53,3%

 

Bastante de acuerdo

35,9%

 

Poco de acuerdo

9,2%

 

Nada de acuerdo

1,6%

Pintura moderna como estafa

Muy de acuerdo

15,6%

 

Bastante de acuerdo

19,2%

 

Poco de acuerdo

33,6%

 

Nada de acuerdo

29,7%

Preferencia música española

Muy de acuerdo

23,7%

 

Bastante de acuerdo

24,7%

 

Poco de acuerdo

31,5%

 

Nada de acuerdo

18,6%

Demasiada importancia literatura clásica

Muy de acuerdo

7,7%

 

Bastante de acuerdo

14,2%

 

Poco de acuerdo

39,7%

 

Nada de acuerdo

35,2%

Necesidad revisar obras ofensivas

Muy de acuerdo

21,3%

 

Bastante de acuerdo

23,7%

 

Poco de acuerdo

26,8%

 

Nada de acuerdo

26,7%

Opera y ballet son aburridos

Muy de acuerdo

8,2%

 

Bastante de acuerdo

13,5%

 

Poco de acuerdo

35,9%

 

Nada de acuerdo

39,8%

Cualquiera puede disfrutar del arte

Muy de acuerdo

44,4%

 

Bastante de acuerdo

37,2%

 

Poco de acuerdo

13,7%

 

Nada de acuerdo

3,6%

Fuente: Elaboración propia.

TABLA 4. Sumario del modelo del Análisis de Correspondencias Múltiples

Dimensión

Cronbach’s Alpha

Varianza explicada

Total (Autovalor)

Inercia

1

0,724

3,115

0,195

2

0,594

2,256

0,141

Total

5,371

0,336

Media

0,669a

2,686

0,168

Nota: a. Mediana Alpha de Cronbach está basada en la media de Autovalor.

Fuente: Elaboración propia.

FIGURA 5. Medidas discriminantes del Análisis de Correspondencias Múltiples

Fuente: Elaboración propia.

TABLA 5. Comparación de medias de los clústeres*

TwoStep Cluster Number

Cultura otros países

Pintura moderna estafa

Nacionalismo cultural música

Literatura clásica no es importante

Revisar obras ofensivas

Ópera y ballet aburridos

Todo el mundo puede disfrutar cultura

1

1,96

2,50

1,96

2,68

2,29

2,81

2,00

2

1,26

3,19

2,83

3,71

3,10

3,84

1,42

3

1,58

2,63

2,52

2,88

2,35

3,08

1,66

4

1,71

2,36

2,31

3,12

3,10

2,78

1,90

5

1,52

2,78

2,58

2,95

2,74

2,99

1,73

6

1,17

3,48

2,94

3,42

2,27

3,49

1,43

7

1,24

3,53

3,13

3,62

2,98

3,67

1,56

8

1,52

2,96

2,63

3,12

2,61

3,02

1,71

Total

1,59

2,80

2,50

3,07

2,61

3,10

1,74

Leyenda: Por columnas, en negrita los valores más altos y en cursiva los valores más bajos.

* Los valores responden a las medias a una batería de preguntas en una escala de 1 a 4 (además de N. S./N. C.) en el que el valor 1 era Muy de acuerdo, 2 Bastante de acuerdo, 3 Poco de acuerdo y 4 Nada de acuerdo.

Fuente: Elaboración propia.

TABLA 1. Preguntas de la encuesta e interpretación de la actitud del entrevistado frente a la cultura

Pregunta

Actitud

Me interesa conocer las costumbres, la cultura y las artes de otros países (P18_1)

Actitud cosmopolita hacia la cultura y apertura cultural omnívora

La pintura moderna es una tomadura de pelo, en muchos casos podría hacerla un niño (P18_2)

Actitud populista, hostilidad hacia la alta cultura vanguardista

En general me gusta más la música española que la extranjera (P18_3)

Actitud nacionalista cultural en relación con la música

Se da demasiada importancia a la literatura clásica lo que no tiene mucho sentido en el mundo actual (P18_4)

Actitud de populismo cultural, crítica hacia el canon literario

Hay que revisar las obras artísticas (libros, películas, etc.) si son ofensivas con ciertos colectivos (P18_5)

Actitud revisionista de las obras artísticas por consideraciones políticas o morales

Asistir a la ópera o al ballet es aburrido (P18_6)

Actitud populista cultural hostil a la alta cultura clásica en artes escénicas

Cualquier persona puede disfrutar del arte sin ser especialista (P18_7)

Actitud igualitarista hacia el acceso a la cultura

Fuente: Elaboración propia.

TABLA 2. Preguntas encuesta e indicadores de actitud y categorías de respuesta

Pregunta

Indicadores actitud e interpretación

Me interesa conocer las costumbres, la cultura y las artes de otros países (P18_1)

Cosmop++/+/-/--(Más cosmopolitismo, vs rechazo al cosmopolitismo)

La pintura moderna es una tomadura de pelo, en muchos casos podría hacerla un niño (P18_2)

Estafa++/+/-/-- (Actitud hostilidad populista vs defensa de la legitimidad artística)

En general me gusta más la música española que la extranjera (P18_3)

Nación++/-/-/-- (Adhesión nacionalismo cultural vs no adhesión al nacionalismo cultural)

Se da demasiada importancia a la literatura clásica lo que no tiene mucho sentido en el mundo actual (P18_4)

NoClassic++/+/-/-- (Rechazo al canon literario vs adhesión legitimista al canon literario)

Hay que revisar las obras artísticas (libros, películas, etc.) si son ofensivas con ciertos colectivos (P18_5)

Revisión++/+/-/-- (Aceptación del revisionismo político obras vs legitimismo cultural e integridad de las obras)

Asistir a la ópera o al ballet es aburrido (P18_6)

OperaNo++/+/-/-- (Rechazo a la alta cultura escénica musical vs defensa de la alta cultura escénica y musical)

Cualquier persona puede disfrutar del arte sin ser especialista (P18_7)

IgualitCult++/+/-/-- (Adhesión visión igualitarista cultural vs rechazo a visión igualitarismo cultural)

Fuente: Elaboración propia.

FIGURA 1. Puntos de las categorías en el ACM sobre actitudes hacia la cultura: variables sociodemográficas

Fuente: Elaboración propia.

FIGURA 1. Puntos de las categorías en el ACM sobre actitudes hacia la cultura: variables sociodemográficas (Continuación)

FIGURA 2. Puntos de las categorías en el ACM sobre actitudes hacia la cultura: variables de actitud hacia
la cultura

Fuente: Elaboración propia.

FIGURA 2. Categorías de puntos en el ACM sobre actitudes hacia la cultura: variables de actitud hacia
la cultura (Continuación)

FIGURA 3. Categorías de puntos en el ACM sobre actitudes hacia la cultura

Fuente: Elaboración propia.

FIGURA 4. Mapa de la distribución de los puntos del clúster de dos etapas y categorías de puntos de los clústeres en el ACM

Fuente: Elaboración propia.

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Recepción: 19/03/2025

Revisión: 07/07/2025

Aprobación: 10/09/2025

TABLA 3. Frecuencias de las categorías en las variables utilizadas (Continuación)