doi:10.5477/cis/reis.196.53-78
«No me gusta, pero la alternativa me aterra».
El voto negativo y la intersección
género-generación en España
“I Don’t Like It, but the Alternative Terrifies Me”. Negative Voting
and the Intersection of Gender and Generation in Spain
Imanol Negral y Zakariae Cheddadi El Haddad
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Palabras clave Comportamiento electoral
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Resumen Este estudio analiza el voto negativo (VN) en España, un sufragio motivado por el rechazo a una opción política que se percibe como una amenaza. Utilizando datos del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), se examinan dos variantes: el VN partidista, orientado a impedir el triunfo de partidos, y el programático, vinculado al rechazo de propuestas políticas específicas. Los resultados muestran que el VN predomina entre mujeres, jóvenes, votantes primerizos y abstencionistas, con una desalineación entre la elección del voto y la cercanía partidista o la preferencia de liderazgo. La orientación ideológica influye en su expresión, inclinándose la izquierda hacia el partidista, y el centro-derecha hacia el programático. Asimismo, el bipartidismo clásico es el principal beneficiado. El partidista favorece al PSOE –especialmente entre mujeres–, y el programático al PP –entre las generaciones mayores– y a Vox –entre los hombres mayores. |
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Key words Electoral Behaviour
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Abstract This study analyses negative voting (NV) in Spain, a form of voting motivated by the rejection of a political choice perceived as a threat. Data from the Centre for Sociological Research (CIS) were used to examine two variants: partisan NV, aimed at preventing the victory of political parties: and programmatic NV, linked to the rejection of specific political proposals. The results showed that NV predominates among women, young cohorts, first-time voters and abstainers, and is marked by a misalignment between voting choice and party closeness or leadership preference. Ideological orientation influences how it is expressed: the left tends to lean towards the partisan form, while the centre-right favours the programmatic variant. Classical bipartisanship is the main beneficiary of NV. While partisan NV advantages the PSOE (especially among women); programmatic NV advantages the PP (principally among the older generations) and Vox (among older men). |
Cómo citar
Negral, Imanol; Cheddadi El Haddad, Zakariae (2026). «“No me gusta, pero la alternativa me aterra”. El voto negativo y la intersección género-generación en España». Revista Española de Investigaciones Sociológicas, 196: 53-78. (doi: 10.5477/cis/reis.196.53-78)
La versión en inglés de este artículo puede consultarse en http://reis.cis.es
Imanol Negral: Universidad del País Vasco | imanol.negral@ehu.eus
Zakariae Cheddadi El Haddad: Universidad de Deusto | zakariasung@gmail.com
En la gestión de incendios forestales, un cortafuegos consiste en quemar terreno de forma controlada para frenar la propagación de un incendio de gran envergadura. Su justificación no radica en el valor del terreno sacrificado, sino en su función preventiva para preservar el conjunto. De manera similar, en política, no todos los votantes acuden a las urnas guiados por una preferencia partidista afirmativa. Algunos lo hacen por rechazo, para evitar amenazas percibidas. Esto ofrece una poderosa metáfora para comprender las motivaciones electorales contemporáneas, por ejemplo, el voto negativo (VN), que implica que el sufragio no se emite a favor, sino en contra (Key, 1966).
En los últimos años, partidos y ciudadanos han recurrido a estrategias discursivas de confrontación, como el descrédito de sus oponentes. Esto se ha observado recientemente en Francia o Alemania, debido a los intentos de frenar el auge de la derecha radical, y en Estados Unidos, donde el antagonismo se ha convertido en un factor electoral clave (Abramowitz y Webster, 2018). Varios estudios han examinado fenómenos que podrían estar detrás del aumento del VN, como la polarización (Iyengar, Sood y Lelkes, 2012), la fragmentación partidista (Rama et al., 2021), la desafección política (Torcal, 2014), el avance de la derecha radical (Harteveld, Mendoza y Rooduijn, 2022), la frustración por las expectativas vitales no cumplidas (Off, Alexander y Charron, 2025) y las percepciones de amenazas relacionadas con la inmigración y la igualdad de género (Norris e Inglehart, 2019).
El caso español ofrece un terreno fértil para su análisis. El colapso del sistema bipartidista en 2015 tras la aparición de nuevos partidos en un clima de crisis económica e institucional, propició el surgimiento de actitudes reactivas (Orriols y Cordero, 2016). El conflicto catalán y el auge de Vox como partido de derecha radical intensificaron la confrontación (Ferreira, 2019), acompañados de una mayor polarización (Miller, 2023), campañas negativas (Crespo, Garrido-Rubia y Rojo-Martínez, 2022) y tensión emocional (Lagares, Pereira y Jará, 2024). También han influido cuestiones de alta carga moral y el papel de las redes sociales. Pero fueron las elecciones generales de julio de 2023 las que representaron el punto álgido de la creciente tensión. El Partido Popular (PP) y Vox prometieron «derogar el sanchismo», desmantelando así el gobierno de coalición progresista liderado por Pedro Sánchez. En respuesta, el bloque progresista –el Partido Socialista Obrero Español (PSOE) y Sumar (una coalición electoral de izquierdas)– promovió una narrativa destinada a «detener la ola reaccionaria», enmarcando esta amenaza para movilizar al electorado.
En este contexto, surgen preguntas clave: ¿Tiene el VN un peso electoral considerable en España?; ¿Cuál es el perfil de quienes lo emiten?; ¿Qué partidos se benefician de él?; ¿Cómo influyen el género y la edad en su expresión? Para abordar estas cuestiones, el presente estudio tiene como objetivo: 1) verificar empíricamente la presencia del VN, distinguiendo entre sus variantes partidistas –impedir que los partidos ganen las elecciones– y programáticas –oposición a políticas específicas–, así como el perfil de quienes lo emiten; 2) identificar los partidos que se benefician de él, y 3) analizar el impacto de la intersección género-generación.
Este análisis empírico centrado en la demanda se basa en datos del CIS (Centro de Investigaciones Sociológicas) sobre las elecciones generales de 2023, en las que el VN ocupó un espacio considerable. El 5,7 % de los votantes lo expresó en términos partidistas y el 18,4 % en forma programática. Se demuestra que este comportamiento es más común entre las mujeres, los jóvenes, los votantes primerizos y los abstencionistas, así como entre aquellos con un marcado desajuste entre la elección de voto y la cercanía al partido o la preferencia de liderazgo. La orientación ideológica determina su expresión, inclinándose la izquierda hacia el VN partidista y el centro-derecha hacia el programático. Los datos indican además que el VN partidista impulsa el apoyo al PSOE –en línea con la orientación del partidismo negativo (Rojo-Martínez, 2025)–, especialmente entre las mujeres. Por el contrario, el VN programático refuerza al PP –entre las generaciones mayores– y a Vox entre los hombres de más edad, lo que se aleja de su perfil electoral estructural (Rama et al., 2021).
El artículo se divide en seis secciones. En primer lugar, se presenta una conceptualización del VN, acompañada del caso español y de las expectativas del trabajo. A continuación, se detallan los datos y los métodos utilizados, seguidos del análisis de los resultados. El artículo concluye con una discusión de los hallazgos, las implicaciones y las líneas de investigación futuras.
La dimensión negativa del voto no es nueva. Sus raíces se remontan a la Escuela de Michigan (Campbell et al., 1960), pero la literatura le ha prestado menos atención porque se consideraba la contraparte natural de la dimensión positiva. Sin embargo, la literatura muestra que la hostilidad hacia el partido contrario tiene su propio efecto (Maggiotto y Piereson, 1977), lo que empuja a los votantes a alinearse, a expresarla sin equivalencia entre dimensiones, o a expresar solo una (Ridge, 2022).
En la actualidad, la dimensión negativa ha cobrado mayor importancia a la hora de explicar el comportamiento electoral, actuando a través de diferentes mecanismos que activan diversos sentimientos de animosidad y dan lugar a dinámicas de voto como el desdén partidista (Rosema y Mayer, 2020), el partidismo negativo (Mayer y Russo, 2024) y la polarización afectiva (Iyengar, Sood y Lelkes, 2012). Uno de ellos es el mecanismo instrumental. Vinculado a juicios retrospectivos sobre el desempeño, describe una relación condicional entre votantes y partidos que puede convertirse en repulsión cuando no se cumplen las expectativas (Huddy, Mason y Aarøe, 2015), generando sentimientos de decepción, frustración o ira (Rico, Guinjoan y Anduiza, 2017). El enfoque basado en la identidad, asociado a categorizaciones intergrupales, es más estable y profundo que una aversión circunstancial (Caruana, McGregor y Stephenson, 2015). Puede manifestarse como la primacía motivacional del rechazo sobre la pertenencia, produciendo respuestas de evitación o inhibición vinculadas a la desconfianza (Lelkes, 2021). Sin embargo, también puede expresarse como una negación categórica del otro (Medeiros y Noël, 2014), generando fuertes predisposiciones de veto o repudio, junto con sentimientos de ansiedad (Jaráiz, Lagares y Pereira, 2020) respecto al riesgo de declive o a la percepción de amenazas identitarias excluyentes (Iyengar y Westwood, 2015). Esta lógica refuerza una lealtad duradera hacia el grupo de pertenencia, que se muestra relativamente insensible a los cambios programáticos o de liderazgo, y transforma tanto la distancia entre grupos en múltiples ámbitos de la vida cotidiana como las victorias o derrotas electorales en experiencias profundamente personales (Bankert, 2021). Por último, en consonancia con lo anterior, el mecanismo afectivo, vinculado a la discriminación política, moviliza emociones intensas como el resentimiento, el miedo o el odio hacia los partidos, líderes o votantes contrarios (Gidron, Adams y Horne, 2023).
El negativismo se ha estudiado ampliamente en contextos bipartidistas, donde resulta más visible (Anderson, McGregor y Stephenson, 2022). Sin embargo, también se manifiesta –y de forma más intensa– en sistemas multipartidistas, como los del sur de Europa (Reiljan, 2020). En España, el partidismo negativo y la polarización afectiva han suscitado un gran interés académico (Orriols y León, 2020; Torcal y Comellas, 2022; Rodríguez, Santamaría y Miller, 2022; Rojo-Martínez, 2025). Por el contrario, otras expresiones de negatividad, como el VN, han perdido protagonismo a pesar de su reconocimiento anterior (Kernell, 1977).
La literatura define el VN como una acción electoral motivada principalmente por el rechazo a los candidatos rivales, más que por un apoyo positivo a la opción finalmente elegida (Fiorina y Shepsle, 1989). Aunque este tipo de voto puede incorporar un aspecto estratégico –el «mal menor» o la maximización de la utilidad–, su rasgo distintivo radica en el hecho de que el votante busca neutralizar «algo» –una amenaza percibida– más que promover una preferencia. Por lo tanto, el VN favorece una lógica expresiva frente a una instrumental (Huddy, Mason y Aarøe, 2015), pero basada en tres mecanismos que se solapan (Garzia y Ferreira, 2022): juicios retrospectivos sobre el desempeño político; identidades ideológicas duraderas, y actitudes afectivas negativas. No obstante, considerando el caso español, el VN puede entenderse como una práctica política incisiva: al igual que un cortafuegos no se construye por amor a la tierra quemada, sino para frenar el avance de un incendio mayor, el VN, lejos de aspirar a ganar o a construir un proyecto, acude a las urnas para impedir la victoria del oponente o bloquear un proyecto político amenazante (Lau, 1985).
Durante el ciclo político 2015-2024 –y, en particular, tras las elecciones generales de 2023– surgió en España una cultura política de trinchera, caracterizada por la movilización de votantes más sensibles a la derrota de sus rivales –y de sus proyectos– (Crespo, Garrido-Rubia y Rojo-Martínez, 2022). La consolidación de este fenómeno se ha visto favorecida por la transformación del sistema de partidos, por acontecimientos de gran carga política, y las campañas negativas.
Durante décadas, España se caracterizó por un modelo bipartidista imperfecto, sustentado por el PSOE y el PP. La crisis de representación tras la Gran Recesión (Kriesi, 2014) y la aparición de partidos como Podemos, Ciudadanos y Vox difuminaron este sistema, dando paso a uno pluralista y fragmentado (Torcal y Montero, 2020). Sin embargo, desde 2019, la competencia entre partidos ha seguido una lógica bien definida de dos bloques (Simón, 2020), con una importante competencia intrabloques y, del mismo modo, flujos entre familias ideológicas motivados por discrepancias en cuestiones morales. Pero en términos institucionales, los principales partidos dependen de alianzas forzadas para asegurar victorias electorales y formar coaliciones: el PSOE con socios de gobierno y de investidura (aunque no siempre con todos ellos); el PP con Vox.
Las recientes contiendas políticas también marcaron un momento crítico. Los indultos concedidos a los líderes del movimiento independentista catalán y los acuerdos con partidos regionales fueron interpretados por algunos sectores como concesiones ilegítimas que socavaban el orden constitucional. Este clima se vio reforzado por controversias legislativas, en particular la ley «solo sí es sí», que fue instrumentalizada para desacreditar al Gobierno, y la ley de memoria democrática, criticada por los actores conservadores como una reinterpretación partidista del pasado. Paralelamente, la percepción de un deterioro de las condiciones de vida, unida a las protestas sectoriales, intensificó el descontento entre los «perdedores de la globalización» (Kriesi et al., 2008) –personas que se enfrentan a la inseguridad económica y laboral y a una percepción de pérdida de estatus en plena expansión de los valores posmaterialistas–.
Al mismo tiempo, las campañas negativas han cobrado protagonismo en España, desplazando la persuasión basada en propuestas en favor del antagonismo político (Crespo, Garrido-Rubia y Rojo-Martínez, 2022). Esto ha reforzado la importancia de las emociones en el apoyo electoral, dando valor a las aversiones partidistas hacia los rivales políticos (Crespo, Mora-Rodríguez y Rojo-Martínez, 2025). Las elecciones autonómicas y municipales de mayo de 2023 reflejaron esta tendencia. Enmarcado en una narrativa de «rescate» del supuesto declive socialista, el PP arrebató numerosos gobiernos al PSOE mediante acuerdos con Vox, lo que permitió la consolidación institucional de este último. En respuesta, el presidente Pedro Sánchez convocó elecciones anticipadas para movilizar al electorado progresista en torno a la dicotomía de «avanzar o retroceder», mientras que la derecha estructuró su campaña en torno al rechazo del sanchismo como una amenaza para el interés nacional. Esto puso de manifiesto un cambio en las motivaciones electorales, en el que el temor a la victoria del adversario se convirtió en un factor decisivo (véanse las figuras B1 y B2 del apéndice B), lo que permitió que el gobierno del PSOE y Sumar continuara, aunque dependiente de las fuerzas regionales. En cualquier caso, el periodo postelectoral no logró aliviar las tensiones: las controversias en torno a la ley de amnistía, la gestión de la DANA o los escándalos de corrupción que salpicaron al PSOE mantuvieron un clima de malestar, en el que ha persistido la negatividad política y que requiere un análisis sistemático.
La premisa general de este estudio es analizar la magnitud de las modalidades del VN, así como el perfil de los votantes que las ejercen. Los objetivos específicos son identificar su orientación partidista (PSOE, PP, Vox y Sumar) y su impacto electoral según la intersección género-generación. A partir de ello, se plantean dos expectativas analíticas.
La orientación partidista del votante negativo
En primer lugar, se presta especial atención a la relación entre el VN y la elección del partido. La literatura señala que la derecha radical cuenta con una elevada proporción de votantes motivados por el rechazo (Harteveld, Mendoza y Rooduijn, 2022), pero también suscita una fuerte antipatía entre el electorado, superando a otros partidos en índices de desaprobación (Harteveld et al., 2019). Esta animosidad refleja en parte la persistente estigmatización social y las sanciones normativas dirigidas contra esta familia ideológica (Álvarez-Benjumea y Valentim, 2024). Pero en España, su auge no se ha visto contrarrestado por un cordón sanitario (Turnbull-Dugarte, 2025). La cooperación con las fuerzas conservadoras ha normalizado su discurso y ha aumentado su aceptación entre los votantes de centro-derecha (Field y Alonso, 2024). Sin embargo, su influencia en la agenda pública y su presencia institucional han intensificado la resistencia. En este sentido, Torcal (2023) muestra que la presencia de Vox ha generado un voto defensivo y de oposición en la izquierda. En este contexto, analizar a Sumar cobra especial relevancia.
La expectativa de que parte del electorado de Sumar vote en negativo es plausible, dada su oposición ideológica a la derecha radical, su aprovechamiento del descontento con el PSOE y su captación de votantes tras la pérdida de centralidad de Podemos como referente de la izquierda. Sin embargo, la hostilidad hacia la derecha radical también puede aparecer entre posiciones más moderadas (Meléndez y Rovira, 2021), lo que pone de relieve el papel del PSOE como receptor del VN. Esto está vinculado a su consolidación como «refugio electoral» por la normalización de la derecha radical, así como a su fortaleza institucional y su centralidad ideológica, lo que suscita el apoyo estratégico de los votantes progresistas.
No obstante, la bibliografía especializada muestra que el VN no se limita a la izquierda, sino que también se manifiesta en la derecha. Aunque su incidencia es especialmente notable entre los seguidores de la derecha radical, también puede darse entre los votantes conservadores. En el caso del PP, parte de su apoyo puede deberse al rechazo a la permanencia en el poder del bloque progresista, a la oposición a los acuerdos del PSOE con las fuerzas independentistas y a su perfil comparativamente moderado frente a Vox, lo que lo hace más aceptable para electores menos radicales. Igualmente, el VN entre los simpatizantes de Vox es plausible, ya que el partido se posiciona como un baluarte contra el Gobierno, la descentralización territorial, la inmigración y el feminismo (Rama et al., 2021), al tiempo que se moviliza contra el PP por su complicidad con el consenso progresista1. Por lo tanto, es pertinente evaluar si su apoyo se basa en motivaciones excluyentes hacia los actores progresistas y regionalistas.
Este trabajo concibe que el VN está impulsado por una forma de partidismo expresivo y antagonista cuyo objetivo principal es bloquear una opción política contraria. Por lo tanto, resulta pertinente examinar si los partidos disruptivos con discursos antibipartidistas, como Vox o Sumar, canalizan el VN con mayor intensidad que los partidos tradicionales. No obstante, actores consolidados como el PSOE y el PP también pueden movilizarlo de manera instrumental (Down y Han, 2024), dado su papel en el fomento de una política de exclusión mutua. En cualquier caso, la expectativa 1 (E1) examina si el VN constituye un motivo de movilización más destacado entre los seguidores de los partidos disruptivos que entre los votantes de los partidos tradicionales.
El contragolpe de género y el realineamiento generacional
En segundo lugar, este estudio examina la relación entre el VN y la elección de partido, prestando especial atención al papel de la intersección género-generación.
La variable de género se ha analizado tradicionalmente en términos de la brecha de género. Las investigaciones de mediados del siglo xx describían a las mujeres como más conservadoras, explicado por su mayor religiosidad, sus roles domésticos, su baja participación en el mercado laboral y su limitada socialización política (Almond y Verba, 1963; Lipset, 1981). Sin embargo, a partir de la década de los ochenta, esta tendencia se invirtió, ya que las transformaciones postindustriales –el mayor acceso a la educación y al empleo, la secularización y la difusión de valores posmaterialistas– erosionaron el conservadurismo femenino tradicional, especialmente entre las generaciones jóvenes (Baxter y Lansing, 1980; Inglehart y Norris, 2000). La Gran Recesión interrumpió este cambio, provocando frustración y expectativas truncadas, así como amenazas percibidas relacionadas con la inmigración, la competencia por los recursos y las políticas de igualdad y diversidad (Norris e Inglehart, 2019), que algunos hombres han interpretado como una pérdida de estatus (Off, Charron y Alexander, 2022). Investigaciones recientes identifican, por tanto, una brecha de género invertida, en la que las mujeres se alinean más con posiciones progresistas y los hombres se inclinan más hacia actitudes conservadoras y de derecha (Anduiza y Rico, 2024; Cordero et al., 2025).
Asimismo, el análisis de la brecha de género requiere incorporar la variable generacional. La bibliografía identifica dos enfoques para explicarla: el de la edad, que vincula las etapas del ciclo vital con un conservadurismo creciente (Peterson et al., 2020), y el de cohortes, que atribuye las actitudes políticas al contexto de socialización vivido durante los años formativos (Inglehart, 1997). Este trabajo adopta este último enfoque por su mayor solidez a la hora de explicar el comportamiento político. Norris e Inglehart (2019) señalan que las generaciones socializadas en medio de crisis, desigualdad y desafección institucional tienden a desarrollar orientaciones progresistas duraderas, pero pueden surgir reacciones autoritarias entre quienes perciben el cambio social como una amenaza para su estatus. Actualmente, es evidente una brecha generacional marcada por el género cada vez mayor: las mujeres jóvenes abrazan cada vez más el feminismo, la reducción de la desigualdad y los valores democráticos (Ramírez-Dueñas y Cordero, 2025), mientras que los hombres jóvenes muestran tendencias más autoritarias, desconfianza institucional y apoyo a opciones de la derecha radical, lo que refleja la frustración con las transformaciones sociales postmodernas (Milosav et al., 2025).
En este contexto, resulta fundamental analizar la intersección género-generación, ya que pone de manifiesto las diferencias en las preferencias partidistas y en la movilización negativa. En consecuencia, la expectativa 2 (E2) postula que los votantes motivados por el VN reaccionan ante los conflictos socioculturales, tendencia que resulta especialmente pronunciada entre las mujeres y los hombres jóvenes, aunque con orientaciones partidistas opuestas, como se ha señalado.
Uno de los principales retos metodológicos de este estudio es la escasa disponibilidad de datos adecuados para medir el VN. Otro es la falta de estandarización en la evaluación de la dimensión negativa del voto dada su naturaleza multifacética, lo que ha dado lugar a diferentes estrategias de medición (Mayer y Russo, 2024). De hecho, aquí se incorpora un nuevo procedimiento. Lejos de ser un obstáculo, contribuye a ampliar y enriquecer su comprensión. Concretamente, el VN se concibe como una motivación electoral impulsada por el rechazo, ya sea de actores políticos o de contenidos políticos. La intención de impedir que un partido gane y la oposición a propuestas indeseadas son manifestaciones analíticamente distinguibles del mismo constructo. Pero a pesar de las diferencias en el objeto del rechazo, ambas comparten un criterio común de pertenencia al VN: la centralidad de la prevención como principio que guía la decisión de voto.
Para analizar el fenómeno objeto de estudio, esta investigación se basa en datos de dos encuestas diferentes del CIS, aunque ambas se realizaron antes de las elecciones de 2023. En consonancia con los objetivos del trabajo, se utilizan tres variables dependientes, dos de las cuales abordan la premisa general y constituyen indicadores adecuados para examinar el VN en sus variantes partidista y programática. El VN partidista se construye a partir del Estudio CIS 3415 (CIS, 2023a), utilizando la pregunta «A la hora de votar en unas elecciones generales, ¿a qué le da más importancia?». A partir de las opciones de respuesta, se crea una variable binaria que distingue entre: 1) Evitar que un partido gane, y 0) Otras razones para votar2 (véase la figura B1 en el apéndice B). El VN programático se basa en el Estudio CIS 3416 (CIS, 2023b) y utiliza la pregunta «¿Qué le ayuda más a decidirse a quién votar, oponerse a las propuestas políticas que no le gustan o apoyar las propuestas que sí le gustan?». Aquí también se construye una variable binaria que distingue entre: 1) Oponerse a las propuestas políticas que no le gustan, y 0) Otras respuestas3 (véase la figura B1). En cuanto a la segunda y tercera premisa, la variable dependiente es categórica y recoge la intención de voto declarada en las elecciones generales de 2023, distinguiendo entre PSOE, PP4, Vox, Sumar y «Otras opciones de voto»5. Aunque algunas investigaciones simplifican la elección de partido en contextos multipartidistas (Mayer, 2017), este estudio incluye los principales partidos para reflejar mejor los patrones primarios y naturales de la competencia política en España.
En relación con el tercer objetivo, el indicador de VN y la intersección género-generación se consideran las principales variables independientes. Para construir esta última, la edad se recodifica en dos grandes cohortes en función de su contexto de socialización política (Inglehart, 1997): las personas nacidas antes de 1981 (la generación silenciosa, los baby boomers y la generación X) y las nacidas después de 1981 (los millennials y la generación Z). En el caso español, mientras que los primeros se socializaron durante la consolidación democrática y muestran una mayor estabilidad ideológica y partidista (Geys et al., 2022), los segundos se vieron expuestos a crisis económicas, privaciones y políticas de austeridad (Kriesi, 2014). Estos procesos erosionaron la lealtad partidista de las generaciones más jóvenes y provocaron un desencanto institucional, lo que en última instancia favoreció su adhesión a narrativas populistas tanto de izquierda como de derecha (Rooduijn, Brug y Lange, 2016). Esta variable se operacionaliza cruzando la edad con el género, lo que da como resultado cuatro grupos: 1) Hombres mayores; 2) Hombres jóvenes; 3) Mujeres mayores, y 4) Mujeres jóvenes.
Para alcanzar los objetivos propuestos y comprobar las expectativas preliminares, se utilizan diferentes métodos cuantitativos. En primer lugar, se estiman modelos logit binarios para la primera premisa, y modelos logit multinomiales para el segundo y tercer objetivo. Los resultados se reportan en forma de coeficientes exponenciales (Odds Ratios, OR) y se presentan en el material complementario (tablas B4 y B5 del apéndice B). Los modelos se estiman por separado para cada tipo de VN y, en los modelos multinomiales, se incorpora una interacción entre el indicador de VN y la intersección género-generación. Sobre esta base, y para evaluar el impacto sustantivo de estas dos variables de referencia en términos de probabilidades, se utilizan los efectos marginales promedio (Average Marginal Effects, AME). Además, como complemento visual, se presentan las probabilidades predichas para estimar el nivel de ocurrencia de los eventos (véanse las figuras B3 y B4 del apéndice B).
Asimismo, todos los modelos incorporan un conjunto común de variables: la intersección género-generación (categoría de referencia: hombres mayores); hábitat urbano (rural); alto nivel educativo (bajo); trabajo remunerado (no trabaja6); ingresos altos (bajos); clase social subjetiva baja/media (alta); desmovilización electoral previa7 (votó en las elecciones anteriores); autoubicación ideológica en la escala izquierda-derecha8; el nexo entre la intención de voto y la cercanía partidista –distinguiendo entre alineación perfecta con el partido y disonancia–, y el nexo entre la intención de voto y el liderazgo como presidente del gobierno preferido9, diferenciando entre alineación perfecta y desalineación. Para más detalles sobre los estadísticos descriptivos de todas las variables, véanse las tablas A1, A2 y A3 del apéndice A.
Los modelos logit binarios se resumen en la figura 2, que muestra los OR con respecto a la categoría de referencia. Los resultados indican que los jóvenes presentan mayores probabilidades de emitir un VN, especialmente las mujeres en su variante programática. Por el contrario, los hombres jóvenes recurren al VN partidista, un patrón que también se observa entre las mujeres mayores. Vivir en zonas urbanas, tener un alto nivel de educación e ingresos y estar empleado aumentan las probabilidades de recurrir al VN programático. Del mismo modo, quienes no participaron en elecciones anteriores presentan mayores probabilidades de recurrir al VN (especialmente en su forma partidista), lo que sugiere que moviliza a los abstencionistas y a los nuevos votantes. La autoubicación ideológica muestra efectos diferentes. El VN partidista es más frecuente entre las personas de izquierdas, mientras que la modalidad programática predomina en el centro-derecha. Por último, los votantes movilizados en torno al VN revelan patrones de desalineación al no apoyar ni al partido con el que se sienten más identificados ni al partido del candidato presidencial preferido.
Una vez identificado el perfil de quienes ejercen el VN, se analiza su orientación partidista y el papel de la intersección género-generación.
La figura 3 muestra los AME estadísticamente significativos de los modelos multinomiales que explican la elección de voto en los distintos tipos del VN. Los resultados indican que el VN partidista aumenta sustancialmente la probabilidad de votar al PSOE (7,1) en comparación con quienes no votan por este motivo. Por el contrario, esta motivación reduce el apoyo a Vox y otras opciones en 4 puntos. No se detectan efectos significativos para el PP ni para Sumar, lo que implica que las motivaciones de los votantes negativos son equivalentes a las del resto del electorado. En consonancia con estos hallazgos, la figura B3 muestra las probabilidades predichas, que indican que el PSOE concentra una parte sustancial del VN partidista (35,4 %), lo que sugiere que este funciona como una táctica defensiva, recurriendo a este partido como refugio electoral frente a alternativas percibidas como amenazantes.
Por el contrario, el VN programático sigue un patrón diferente. Como se muestra en la figura 3, este tipo de voto se traduce en un aumento significativo de la probabilidad de votar al PP (9,6), mientras que el apoyo al PSOE (3,5), a Sumar (5) y a otros (0,8) disminuye. No se identifican efectos estadísticamente significativos para Vox, lo que indica que, entre su electorado potencial, el VN programático no introduce diferencias en comparación con el voto basado en la afinidad con las propuestas políticas. Los datos de la figura B3 refuerzan esta interpretación. El PP (26,6 %) ha sido el más eficaz a la hora de aprovechar el VN programático, emergiendo como el receptor funcional del descontento al ofrecer un gobierno alternativo capaz de contener las políticas rechazadas por el bloque progresista.
Sin embargo, al pasar ahora al análisis de la interacción entre el VN y la intersección género-generación, se observa un impacto diferenciado en la orientación partidista de los votantes. Según los datos de la figura 4, entre los hombres mayores, el VN programático aumenta la probabilidad de votar al PP (12,7) y a Vox (3,5), y reduce el apoyo al PSOE (8,6), a Sumar (5,6) y a otras opciones (1,9). Según la figura B4, el PP es la opción más probable en este grupo, actuando como columna vertebral del VN y concentrando el descontento programático (33,7 %) con el bloque progresista. Este último también es canalizado por Vox (20,2 %), pero sin erosionar la centralidad del PP.
En el caso de los hombres en la primera etapa de la edad adulta, el VN partidista y programático se asocia con un aumento de la probabilidad de apoyar al PSOE, de 12,8 y 6,8 puntos, respectivamente. Por el contrario, el VN partidista reduce la probabilidad de votar a Vox (7,3) y a partidos más pequeños (7,6), mientras que el programático reduce de nuevo el apoyo a Vox (3,8) y a Sumar (4,6). Pero, si observamos la figura B4, la competitividad es alta en este espacio. Este hallazgo es notable, dado que los hombres jóvenes tienen una inclinación hacia Vox y Sumar (véanse las tablas B4 y B5). Esto sugiere que los votantes negativos desplazan estratégicamente su apoyo hacia el PSOE, reforzando su papel como partido moderado frente a los adversarios ideológicos.
En el caso de las mujeres mayores, el VN partidista aumenta la probabilidad de apoyar al PSOE en 10,6 puntos, al tiempo que reduce el apoyo a Vox (4,1). Por el contrario, el VN programático aumenta la probabilidad de votar al PP en 14,4 puntos y reduce el apoyo al PSOE (10,5) y a Sumar (4). Esto pone de relieve la coexistencia de dos usos del VN dentro del mismo grupo generacional y de género: la modalidad partidista beneficia al PSOE (40,6 %) frente a opciones percibidas como amenazantes, mientras que la modalidad programática favorece al PP (35,5 %) en un intento de limitar las políticas rechazadas.
Por último, en el caso de las mujeres en la edad adulta temprana, tanto el VN partidista como el programático se asocian con un aumento de la probabilidad de votar al PSOE, de 12,6 y 12,3 puntos, respectivamente. Al mismo tiempo, el VN partidista reduce el apoyo a Vox (4,1) y a otras opciones (5,8), mientras que el programático reduce el apoyo a Vox (6,9) y a Sumar (6,7). De acuerdo con la figura B4, el PSOE sigue siendo la opción electoral más posible, con probabilidades predichas del 45,9 % para la modalidad partidista y del 33,6 % para la programática. Estos patrones muestran que las mujeres jóvenes ejercen el VN destinado a contener a los adversarios o las políticas amenazantes refugiándose en el PSOE.
Durante la última década, las contiendas electorales en España se han asemejado más a una guerra de trincheras que a un espacio de deliberación democrática. Políticos y ciudadanos parecen coincidir en una estrategia común: atacar las entrañas del adversario en lugar de persuadir su mente. Al centrarse en el VN, este trabajo pone de relieve un fenómeno aún poco explorado que está marcando cada vez más el comportamiento electoral contemporáneo en España.
La evidencia empírica revela tres hechos: 1) el VN tiene un peso electoral considerable y un perfil de votante bien definido; 2) los principales receptores son los grandes partidos, aunque Vox lo capta en segmentos específicos, y 3) el género y la generación ayudan a comprender sus dos formas en lo concerniente a la movilización electoral.
En primer lugar, los datos muestran que las mujeres y los jóvenes son los perfiles con mayor probabilidad de emitir el VN. Quienes se han abstenido anteriormente muestran una mayor propensión al VN, lo que indica su función como movilización reactiva en contextos de amenaza percibida, mientras que los votantes primerizos tienden a utilizarlo como una forma inicial de expresión política, ejerciendo su derecho al voto basándose en lo que no son. Del mismo modo, los votantes negativos no suelen apoyar ni al partido con el que se sienten más cercanos ni al partido de su líder preferido, lo que refuerza su motivación. Por último, la ideología también influye: la izquierda se inclina hacia el VN partidista, mientras que el centro-derecha se decanta por el VN programático.
En segundo lugar, y contrariamente a la expectativa inicial de un VN expresivo e incisivo entre las formaciones disruptivas, la orientación partidista (E1) muestra que el VN se concentra en los principales partidos, pero responde a diferentes estructuras en función de su modalidad. El VN partidista beneficia al PSOE, que actúa como baluarte frente a la derecha radical, mientras que el VN programático recompensa al PP, consolidando su papel como válvula de escape funcional del descontento al posicionarse como una alternativa de gobierno viable para frenar las políticas del bloque progresista. Por el contrario, el electorado de Vox –salvo en segmentos específicos– y, especialmente, el de Sumar, parece estar motivado por otras razones. No obstante, y, en tercer lugar, el análisis desde una perspectiva interseccional revela trayectorias políticas divergentes entre combinaciones de género y generación (E2), lo que también contradice las expectativas iniciales. Los resultados muestran que los hombres de más edad canalizan su voto hacia el PP y Vox, y que los jóvenes desplazan su apoyo hacia el PSOE, a pesar de su inclinación estructural hacia opciones radicales. Las mujeres también siguen dos patrones. Las de más edad optan por el PSOE para contener opciones ideológicas percibidas como amenazantes, aunque también apoyan al PP, al considerarlo eficaz para frenar políticas que detestan. El otro es más rebelde, donde las mujeres jóvenes lo utilizan como forma de resistencia a discursos considerados excluyentes, refugiándose en el PSOE.
El análisis pone de manifiesto un cambio en el comportamiento electoral en España, donde muchos votantes se mueven cada vez más por el rechazo. A partir de aquí, desde una perspectiva institucional, el VN plantea importantes retos para la calidad democrática que merecen un análisis más profundo. En concreto, actúa como un cortafuegos que bloquea las amenazas percibidas sin construir necesariamente nada proactivo en su lugar. Como resultado, el vínculo representativo se ve erosionado al permitir que los partidos obtengan victorias electorales sin consolidar la confianza de la ciudadanía en su programa de principios. Al priorizar la oposición sobre el respaldo, reorienta los incentivos de los partidos hacia la deslegitimación de los rivales a expensas de la rendición de cuentas, lo que socava la capacidad de los ciudadanos para articular demandas constructivas y la capacidad de los partidos para construir consensos. En consecuencia, la deliberación está dando paso a narrativas centradas en la descalificación, lo que debilita el pluralismo, la cooperación y la tolerancia. Tal y como están las cosas, ignorar este fenómeno sería como ignorar el humo que anuncia un incendio.
Por último, conviene señalar algunas limitaciones. En primer lugar, el estudio se basa en datos secundarios, cuyas variables están condicionadas por cuestionarios preexistentes, lo que limita el control metodológico. En segundo lugar, los resultados proceden de dos encuestas distintas, sin solapamiento entre los encuestados a pesar de que se realizaron al mismo tiempo. En tercer lugar, la naturaleza de las encuestas utilizadas dificulta la incorporación de variables puramente sociopolíticas que también puedan explicar el VN, como las actitudinales (resentimiento hacia cuestiones posmateriales), las experienciales (evaluación de la gestión) o las afectivo-emocionales (miedo al cambio), aspectos que no se abordan aquí y que podrían ser objeto de futuras investigaciones. Es cierto que, a modo de aproximación parcial, se añadieron dos variables sociopolíticas –indicadores de desalineación basados en la cercanía al partido y el liderazgo presidencial preferido– como controles analíticos, dado que no son el foco del estudio; sin embargo, su relevancia sugiere que podrían ser objeto de un análisis específico en futuras investigaciones.
No obstante, este artículo constituye un punto de partida relevante para futuras investigaciones, tanto para el seguimiento del VN en España en otros ámbitos o tipos de elecciones, como para análisis comparativos de contextos políticos similares. Por ejemplo, en Francia, el auge de Rassemblement National (Agrupación Nacional) impulsó la creación del Nouveau Front Populaire (Nuevo Frente Popular), una coalición concebida como baluarte contra la derecha radical que ilustra la lógica estructural del VN. También se observó una dinámica similar en Alemania, donde el crecimiento de Alternative für Deutschland (Alternativa para Alemania) y el declive del partido socialdemócrata pueden haber permitido a Die Linke (La Izquierda) movilizar un VN.
En definitiva, este estudio demuestra que el VN en España no es un fenómeno marginal. Puede surgir como una fuerza subterránea, pero es capaz de remodelar la competencia política y electoral, redefinir alianzas y decidir contiendas.
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Apéndice A. Información sobre los datos
TABLA A1. Estadísticos descriptivos de las variables dependientes
|
Variables |
Categorías |
N |
|
|
Estudio 3415 |
Estudio 3416 |
||
|
VN Partidista |
Evitar que un partido gane (1) |
492 |
|
|
Otras razones (0) |
8.096 |
||
|
VN Programático |
Oponerse a las propuestas políticas que no te gustan (1) |
4.849 |
|
|
Otras respuestas (0) |
21.548 |
||
|
Voto |
PSOE |
2.334 |
7.491 |
|
PP |
2.297 |
6.850 |
|
|
Vox |
799 |
2.641 |
|
|
Sumar |
1.019 |
4.003 |
|
|
Otras opciones |
658 |
2.202 |
|
Fuente: CIS.
TABLA A2. Estadísticos descriptivos de las variables independientes
|
Variable |
Categorías |
N |
|
|
Estudio 3415 |
Estudio 3416 |
||
|
Intersección género-generación |
Hombres mayores |
3.078 |
9.353 |
|
Hombres jóvenes |
1.411 |
4.688 |
|
|
Mujeres mayores |
3.165 |
9.135 |
|
|
Mujeres jóvenes |
1.144 |
3.882 |
|
Fuente: CIS.
TABLA A3. Estadísticos descriptivos de las variables de control
|
Variables |
Categorías |
N |
|
|
Estudio 3415 |
Estudio 3416 |
||
|
Hábitat |
Rural (0) |
1.661 |
4.761 |
|
Urbano (1) |
7.137 |
22.297 |
|
|
Nivel de estudios |
Bajo/medio (0) |
4.602 |
14.011 |
|
Alto (1) |
4.136 |
12.883 |
|
|
Actividad principal |
No trabaja (0) |
3.514 |
9.930 |
|
Trabaja (1) |
5.278 |
17.117 |
|
|
Ingresos |
Bajos: ≤ 1.800 euros (0) |
2.746 |
8.549 |
|
Altos: > 1.800 euros (1) |
5.638 |
17.260 |
|
|
Clase social subjetiva |
Baja/media (1) |
7.985 |
24.720 |
|
Alta (0) |
480 |
1.448 |
|
|
Movilización electoral previa |
Votó (0) |
7.787 |
23.709 |
|
Desmovilización (1) |
923 |
3.076 |
|
|
Escala I-D |
8.437 |
26.252 |
|
|
Alineamiento entre la Intención de voto y la Cercanía partidista |
Alineamiento (0) |
5.639 |
18.657 |
|
Disonancia (1) |
1.347 |
4.195 |
|
|
Alineamiento entre la Intención de voto y el Liderazgo preferido |
Alineamiento (0) |
5.625 |
18.052 |
|
Desalineamiento (1) |
1.293 |
4.491 |
|
Fuente: CIS.
Apéndice B. Material suplementario
FIGURA B1. Motivos para votar en las elecciones generales de 2023

Fuente: Elaborado con datos del CIS.
FIGURA B2. Distribución geográfica del partido ganador según el recuerdo de voto de las elecciones de 2019 y las intenciones de voto en 2023 de los votantes negativos

Nota: La paridad electoral se refiere a la ausencia de un ganador claro debido a que el apoyo está repartido de forma equitativa, principalmente entre el PSOE y el PP.
Fuente: Elaborado con datos del CIS.
TABLA B1. OR de los modelos logit binarios
|
Variable |
VN Partidista |
VN Programático |
|
Hombres jóvenes |
1,33* (0,17) |
1,31*** (0,06) |
|
Mujeres mayores |
1,31* (0,14) |
1,29*** (0,05) |
|
Mujeres jóvenes |
1,58*** (0,17) |
2,26*** (0,06) |
|
Áreas urbanas |
0,91 (0,13) |
1,10* (0,05) |
|
Estudios altos |
1,09 (0,12) |
1,26*** (0,04) |
|
Trabajo remunerado |
1,09 (0,12) |
1,35*** (0,04) |
|
Ingresos altos |
0,93 (0,13) |
1,24*** (0,05) |
|
Clase social baja/media |
0,75 (0,21) |
0,94 (0,08) |
|
Desmovilización electoral previa |
1,65*** (0,17) |
1,36*** (0,06) |
|
Escala I-D |
0,92*** (0,02) |
1,03* (0,01) |
|
Disonancia Voto-Partido cercano |
2,89*** (0,12) |
2,25*** (0,05) |
|
Desalineamiento Voto-Liderazgo |
1,26* (0,13) |
1,10** (0,05) |
|
Intercept |
0,07*** (0,30) |
0,07*** (0,11) |
|
Pseudo R2 de Nagelkerke |
0,06 |
0,07 |
|
Observaciones |
6.178 |
20.278 |
Nota: ∗∗∗ p < 0,001; ∗∗ p < 0,01; ∗ p < 0,05.
Fuente: Elaborado con datos del CIS.
TABLA B2. AME para la elección del partido por modalidad del VN
|
VN |
PSOE |
PP |
Vox |
Sumar |
Otros |
|
VN Partidista |
0,07*** (0,03) [0,02; 0,11] |
0,01 (0,03) [-0,02; 0,06] |
-0,04*** (0,01) [-0,06; -0,01] |
-0,007 (0,02) [-0,04; 0,02] |
-0,04*** (0,01) [-0,05; -0,02] |
|
VN Programático |
-0,03*** (0,01) [-0,04; -0,02] |
0,09*** (0,01) [0,08; 0,11] |
-0,002 (0,01) [-0,01; 0,007] |
-0,05*** (0,01) [-0,06; -0,03] |
-0,007* (0,004) [-0,01; -0,0006] |
Nota: ∗∗∗ p < 0,001; ∗∗ p < 0,01; ∗ p < 0,05.
Fuente: Elaborado con datos del CIS.
TABLA B3. AME para la elección del partido según la modalidad del VN y la interacción género-generación
|
VN |
Género-generación |
PSOE |
PP |
Vox |
Sumar |
Otros |
|
VN Partidista |
Hombres mayores |
-0,005 (0,05) [-0,08; 0,07] |
0,06 (0,05) [-0,02; 0,14] |
-0,02 (0,03) [-0,07; 0,02] |
-0,007 (0,04) [-0,07; 0,05] |
-0,02 (0,02) [-0,06; 0,003] |
|
Hombres jóvenes |
0,12** (0,06) [0,03; 0,22] |
0,01 (0,06) [-0,07; 0,10] |
-0,07* (0,04) [-0,14; -0,003] |
0,004 (0,05) [-0,08; 0,08] |
-0,07*** (0,02) [-0,11; -0,03] |
|
|
Mujeres mayores |
0,10** (0,05) [0,02; 0,18] |
-0,01 (0,05) [-0,08; 0,06] |
-0,04*** (0,01) [-0,06; -0,01] |
-0,02 (0,03) [-0,07; 0,01] |
-0,02 (0,02) [-0,05; 0,002] |
|
|
Mujeres jóvenes |
0,12** (0,06) [0,03; 0,22] |
-0,04 (0,05) [-0,12; 0,03] |
-0,04* (0,02) [-0,08; -0,007] |
0,03 (0,05) [-0,05; 0,11] |
-0,06*** (0,02) [-0,09; -0,04] |
|
|
VN Programático |
Hombres mayores |
-0,08*** (0,02) [-0,11; -0,06] |
0,12*** (0,02) [0,09; 0,15] |
0,03*** (0,01) [0,01; 0,05] |
-0,05*** (0,01) [-0,07; -0,03] |
-0,01** (0,01) [-0,03; 0,007] |
|
Hombres jóvenes |
0,06*** (0,02) [0,03; ,09] |
0,02 (0,02) [-0,01; 0,04] |
-0,03** (0,02) [-0,06; -0,009] |
-0,04** (0,02) [-0,07; -0,01] |
-0,006 (0,01) [-0,02; 0,10] |
|
|
Mujeres mayores |
-0,10*** (0,02) [-0,13; -0,08] |
0,14*** (0,02) [0,11; 0,17] |
0,004 (0,01) [-0,009; 0,01] |
-0,04*** (0,01) [-0,05; -0,02] |
-0,003 (0,01) [-0,01; 0,008] |
|
|
Mujeres jóvenes |
0,12*** (0,02) [0,09; 0,15] |
0,002 (0,02) [-0,02; 0,02] |
-0,06*** (0,01) [-0,08; -0,05] |
-0,06*** (0,02) [-0,09; -0,04] |
0,01 (0,01) [-0,003; 0,02] |
Nota: ∗∗∗ p < 0,001; ∗∗ p < 0,01; ∗ p < 0,05.
Fuente: Elaborado con datos del CIS.
FIGURA B3. Probabilidades predichas para la elección del partido según la modalidad del VN

Fuente: Elaborado con datos del CIS.
FIGURA B4. Probabilidades predichas para la elección del partido según la modalidad del VN y la interacción género-generación

Fuente: Elaborado con datos del CIS.
TABLA B4. Modelos multinomiales para la elección del partido en función del VN partidista y la interacción género-generación
|
PSOE |
PP |
Vox |
Sumar |
|||||||
|
Variable |
PP |
Vox |
Sumar |
Otros |
Vox |
Sumar |
Otros |
Sumar |
Otros |
Otros |
|
VN Partidista |
1,22 (0,26) |
0,78 (0,39) |
0,95 (0,37) |
0,58 (0,42) |
0,63*** (0,38) |
0,77 (0,37) |
0,47* (0,43) |
1,22 (0,46) |
0,75 (0,48) |
0,61***(0,48) |
|
Hombres jóvenes |
1,10 (0,12) |
2,51*** (0,13) |
2,30*** (0,13) |
2,29*** (0,17) |
2,29*** (0,13) |
2,10*** (0,12) |
2,09*** (0,17) |
0,92 (0,14) |
0,91 (0,17) |
1,00 (0,18) |
|
Mujeres mayores |
0,88* (0,08) |
0,45*** (0,13) |
0,70*** (0,11) |
0,78* (0,15) |
0,52*** (0,13) |
0,80** (0,11) |
0,88 (0,15) |
1,54*** (0,14) |
1,71*** (0,17) |
1,11 (0,16) |
|
Mujeres jóvenes |
0,71*** (0,11) |
0,64*** (0,16) |
1,49*** (0,12) |
0,77 (0,19) |
0,91 (0,16) |
2,09*** (0,12) |
1,08 (0,19) |
2,31*** (0,17) |
1,20 (0,21) |
0,52*** (0,20) |
|
VN Part. * Hombres jóvenes |
0,53 (0,43) |
0,45 (0,56) |
0,62 (0,52) |
0,28* (0,68) |
0,85 (0,56) |
1,16 (0,53) |
0,52 (0,70) |
1,37 (0,63) |
0,61 (0,73) |
0,45*** (0,73) |
|
VN Part. * Mujeres mayores |
0,62 (0,34) |
0,33 (0,73) |
0,61 (0,52) |
0,76 (0,57) |
0,54 (0,73) |
0,98 (0,52) |
1,22 (0,59) |
1,83 (0,82) |
2,28 (0,83) |
1,25*** (0,68) |
|
VN Part. * Mujeres jóvenes |
0,50* (0,40) |
0,40 (0,70) |
0,84 (0,48) |
0,17** (0,88) |
0,79 (0,72) |
1,67 (0,51) |
0,34 (0,91) |
2,10 (0,76) |
0,43 (1,04) |
,20*** (0,93) |
|
Áreas urbanas |
0,99 (0,08) |
1,04 (0,12) |
1,15 (0,10) |
0,61*** (0,13) |
1,06 (0,12) |
1,16 (0,10) |
0,62*** (0,14) |
1,10 (0,13) |
0,58*** (0,15) |
0,53*** (0,15) |
|
Estudios altos |
1,04 (0,07) |
0,72*** (0,10) |
1,38*** (0,09) |
1,30** (0,12) |
0,69*** (0,10) |
1,33*** (0,09) |
1,25* (0,13) |
1,91*** (0,11) |
1,80*** (0,13) |
0,94 (0,13) |
|
Trabajo remunerado |
1,40*** (0,07) |
2,00*** (0,11) |
1,69*** (0,09) |
1,46*** (0,13) |
1,43*** (0,11) |
1,21** (0,09) |
1,04 (0,13) |
0,85 (0,12) |
0,73** (0,14) |
0,86 (0,14) |
|
Ingresos altos |
1,19** (0,07) |
0,98 (0,11) |
0,96 (0,09) |
1,19 (0,14) |
0,82* (0,11) |
0,80** (0,09) |
1,00 (0,14) |
0,98 (0,12) |
1,22 (0,15) |
1,24 (0,15) |
|
Clase social baja/media |
0,55*** (0,14) |
0,66** (0,20) |
1,25 (0,20) |
0,82 (0,23) |
1,21 (0,18) |
2,29*** (0,18) |
1,50* (0,22) |
1,90*** (0,22) |
1,24 (0,24) |
0,65* (0,25) |
|
Desmovilización electoral previa |
1,30** (0,12) |
1,27 (0,16) |
0,73** (0,16) |
1,03 (0,21) |
0,97 (0,16) |
0,56*** (0,16) |
0,79 (0,21) |
0,57*** (0,18) |
0,81 (0,21) |
1,41 (0,22) |
|
Disonancia Voto-Partido |
0,74*** (0,09) |
0,81* (0,12) |
0,43*** (0,12) |
1,04 (0,13) |
1,10 (0,12) |
0,58*** (0,12) |
1,41*** (0,13) |
0,53*** (0,15) |
1,29* (0,14) |
2,42*** (0,15) |
|
Desalineamiento Voto-Liderazgo |
0,62*** (0,12) |
3,33*** (0,12) |
1,93*** (0,12) |
55,77*** (0,15) |
5,39*** (0,13) |
3,13*** (0,13) |
90,26*** (0,16) |
0,58*** (0,13) |
16,74*** (0,15) |
28,85*** (0,15) |
|
Intercept |
1,47** (0,17) |
0,35*** (0,25) |
0,22*** (0,24) |
0,05*** (0,31) |
0,24*** (0,24) |
0,15*** (0,23) |
0,03*** (0,31) |
0,62* (0,28) |
0,14*** (0,33) |
0,23*** (0,34) |
|
Pseudo R2 de Nagelkerke |
0,33 |
|||||||||
|
Observaciones |
4.075 |
2.740 |
2.990 |
2.590 |
2.739 |
2.989 |
2.589 |
1.654 |
1.254 |
1.504 |
Nota: ∗∗∗ p < 0,001; ∗∗ p < 0,01; ∗ p < 0,05.
Fuente: Elaborado con datos del CIS.
TABLA B5. Modelos multinomiales para la elección del partido en función del VN programático y la interacción género-generación
|
PSOE |
PP |
Vox |
Sumar |
|||||||
|
Variable |
PP |
Vox |
Sumar |
Otros |
Vox |
Sumar |
Otros |
Sumar |
Otros |
Otros |
|
VN Programático |
1,97*** (0,09) |
1,68*** (0,13) |
0,82*** (0,13) |
0,84** (0,17) |
0,85 (0,12) |
0,42*** (0,13) |
0,43*** (0,17) |
0,49*** (0,15) |
0,50*** (0,17) |
1,03 (0,17) |
|
Hombres jóvenes |
0,93 (0,07) |
2,87*** (0,08) |
2,06*** (0,07) |
1,88*** (0,11) |
3,09*** (0,08) |
2,22*** (0,07) |
2,03*** (0,11) |
0,72*** (0,08) |
0,66*** (0,11) |
0,91 (0,10) |
|
Mujeres mayores |
0,87*** (0,05) |
0,48*** (0,08) |
0,75*** (0,06) |
0,76*** (0,09) |
0,55*** (0,08) |
0,86** (0,06) |
,88 (,09) |
1,57*** (0,08) |
1,61*** (0,10) |
1,02 (0,09) |
|
Mujeres jóvenes |
0,80*** (0,07) |
1,16 (0,09) |
1,95*** (0,07) |
1,23* (0,12) |
1,44*** (0,09) |
2,44*** (0,08) |
1,54*** (0,12) |
1,69*** (0,09) |
1,07 (0,13) |
0,63*** (0,12) |
|
VN Prog. * Hombres jóvenes |
0,43*** (0,16) |
0,37*** (0,18) |
0,73* (0,19) |
0,72 (0,25) |
0,85 (0,18) |
1,69*** (0,19) |
1,68** (0,25) |
1,98*** (0,20) |
1,97*** (0,24) |
1,00 (0,25) |
|
VN Prog. * Mujeres mayores |
1,02 (0,12) |
0,82 (0,20) |
1,13 (0,18) |
1,28 (0,23) |
0,80 (0,19) |
1,11 (0,18) |
1,25 (0,23) |
1,39 (0,22) |
1,57* (0,25) |
1,13 (0,24) |
|
VN Prog. * Mujeres jóvenes |
0,36*** (0,14) |
0,15*** (0,23) |
0,62*** (0,17) |
0,82 (0,24) |
0,42*** (0,23) |
1,74*** (0,18) |
2,27*** (0,25) |
4,19*** (0,24) |
5,46*** (0,28) |
1,30 (0,24) |
|
Areas urbanas |
0,94 (0,05) |
0,96 (0,06) |
1,16*** (0,06) |
0,67*** (0,08) |
1,02 (0,06) |
1,23*** (0,06) |
0,71*** (0,08) |
1,21*** (0,07) |
0,70*** (0,08) |
0,58*** (0,08) |
|
Estudios altos |
1,24*** (0,04) |
0,68*** (0,06) |
1,44*** (0,05) |
1,18** (0,07) |
0,55*** (0,06) |
1,16*** (0,05) |
0,95 (0,07) |
2,11*** (0,06) |
1,73*** (0,08) |
0,82*** (0,07) |
|
Trabajo remunerado |
1,24*** (0,04) |
1,87*** (0,06) |
1,52*** (0,05) |
1,63*** (0,07) |
1,51*** (0,06) |
1,22*** (0,05) |
1,32*** (0,08) |
0,81*** (0,06) |
0,87* (0,08) |
1,08 (0,07) |
|
Ingresos altos |
1,28*** (0,04) |
1,00 (0,06) |
1,04 (0,05) |
1,47*** (0,08) |
0,85*** (0,06) |
0,88** (0,05) |
1,24*** (0,08) |
1,03 (0,06) |
1,46*** (0,08) |
1,42*** (0,08) |
|
Clase social baja/media |
0,56*** (0,08) |
0,75** (0,12) |
1,18 (0,11) |
0,84 (0,14) |
1,34*** (0,11) |
2,12*** (0,10) |
1,50*** (0,14) |
1,58*** (0,13) |
1,12 (0,15) |
0,71** (0,14) |
|
Desmovilización electoral previa |
1,19*** (0,07) |
1,62*** (0,08) |
0,80*** (0,08) |
1,03 (0,12) |
1,36*** (0,08) |
0,67*** (0,08) |
0,86 (0,12) |
0,50*** (0,09) |
0,64*** (0,12) |
1,28** (0,12) |
|
Disonancia voto-partido |
0,73*** (0,05) |
0,60*** (0,07) |
0,49*** (0,06) |
0,86** (0,08) |
0,82*** (0,08) |
0,67*** (0,07) |
1,17** (0,08) |
0,82** (0,08) |
1,44*** (0,08) |
1,75*** (0,08) |
|
Desalineamiento voto-liderazgo |
0,37*** (0,09) |
5,34*** (0,07) |
5,94*** (0,06) |
137,82*** (0,10) |
14,41*** (0,09) |
16,04*** (0,09) |
371,91*** (0,16) |
1,11* (0,06) |
25,80*** (0,10) |
23,20*** (0,09) |
|
Intercept |
1,26** (0,10) |
0,28*** (0,14) |
0,19*** (0,13) |
0,02*** (0,19) |
0,22*** (0,14) |
0,15*** (0,13) |
0,02*** (0,19) |
0,70** (0,16) |
0,08*** (0,20) |
0,11*** (0,19) |
|
Pseudo R2 de Nagelkerke |
0,39 |
|||||||||
|
Observaciones |
12.680 |
9.024 |
10.408 |
8.486 |
8.330 |
9.714 |
7.792 |
5.958 |
4.032 |
5.520 |
Nota: ∗∗∗ p < 0,001; ∗∗ p < 0,01; ∗ p < 0,05.
Fuente: Elaborado con datos del CIS.
1 Por ejemplo, la salida de Vox de los gobiernos regionales que compartía con el PP en julio de 2024, como respuesta a la acogida de menores migrantes.
2 Se incluyen «Partido», «Candidato», «Programa electoral», «Cobertura mediática de los partidos», «El partido que mejor defiende tus intereses», «Capacidad de gestión del partido», «Tradición familiar» y «Otras razones».
3 Se incluyen «Apoyar las propuestas políticas que les gustan», «Una combinación de ambas opciones», «Tienen sus propias ideas», «Ninguna de las dos opciones» y «Otras respuestas». Se excluyó a quienes declararon que se abstendrían.
4 También incluye UPN.
5 Incluye a partidos de ámbito no estatal como ERC, Junts, CUP, EAJ-PNV, EH Bildu, BNG, CCa, NC-BC y TE, así como las opciones «Otro partido», «Voto en blanco» y «Voto nulo». Se excluyeron los que declararon que se abstendrían.
6 Incluye las opciones «desempleado», «jubilado», «pensionista», «estudiante», «trabajo doméstico no remunerado» y «otra situación».
7 Incluye las categorías «abstención», «sin edad para votar» y «sin derecho a voto».
8 Esta variable no se incluye en el modelo multinomial.
9 Quienes respondieron «Ninguno», se clasificaron dentro de «Desalineación».
FIGURA 1. Distribución geográfica del VN en España (% por provincias, islas y ciudades autónomas)

Fuente: Elaborado con datos del CIS.
FIGURA 2. OR de los modelos logit binarios

Fuente: Elaborado con datos del CIS.
FIGURA 3. AME de los modelos multinomiales para la elección del partido entre los votantes negativos

Nota: Los AME se recogen en la tabla B2 del apéndice B.
Fuente: Elaborado con datos del CIS.
FIGURA 4. AME de los modelos multinomiales para la elección de partido por el VN y la interacción género-
generación

Nota: Los AME se recogen en la tabla B3 del apéndice B.
Fuente: Elaborado con datos del CIS.
Recepción: 09/10/2025
Revisión: 20/01/2026
Aprobación: 13/03/2026