doi:10.5477/cis/reis.196.3-12

Autocratización, erosión y resiliencia
de la democracia
1

Autocratisation, Democratic Erosion and Democratic Resilience

Introducción del editor

Pablo Oñate

Palabras clave

Autocratización

  • Democracia
  • Crisis de la democracia
  • Erosión democrática
  • Resiliencia democrática

Resumen

Este artículo introduce el número monográfico de la REIS sobre «crisis de la democracia»: se presentan las principales contribuciones sobre la autocratización y la resiliencia democrática registradas globalmente en las tres últimas décadas, y sus causas, consecuencias y reacciones: globalización y cambio cultural; expansión del populismo, de la polarización y de la fragmentación y cambios en los sistemas de partidos; aggrandizement de los ejecutivos, restricción de los derechos y libertades políticas ciudadanas y de minorías, debilitamiento o captura de las instituciones de supervisión y control del poder político y social, y erosión del Estado de derecho… Las estrategias de resiliencia democrática horizontal, vertical y diagonal o social pueden suponer eficaces instrumentos para frenar esa tendencia autocrática y de erosión de la calidad de las democracias, y han permitido cuestionar el alarmismo de quienes se precipitaron a anunciar la «muerte» de la democracia.

Key words

Autocratisation

  • Democracy
  • Crisis of Democracy
  • Democratic Erosion
  • Democratic Resilience

Abstract

This article presents the main contributions regarding the processes of autocratization, democratic erosion/backsliding, and democratic resilience experienced globally during the last decades. These pages examine the causes, consequences, and reactions to these processes: modernization, globalization, and digitalization; the rise of populism, polarization, and party system change and fragmentation; executive aggrandizement at the expense of the separation of powers and the rule of law; severe limitations of citizens and minorities political rights and freedoms; and the weakening and capture of political oversight institutions… Strategies of horizontal, vertical, and diagonal (or social) democratic resilience can become effective tools to curb this autocratic trend and the erosion of the quality of democracies, reactions and outcomes that have allowed prominent analysts to question the alarmism of those who quickly declared the “death” of democracy.

Cómo citar

Oñate, Pablo (2026). «Autocratización, erosión y resiliencia de la democracia». Revista Española de Investigaciones Sociológicas, 196: 3-12. (doi: 10.5477/cis/reis.196.3-12)

La versión en inglés de este artículo puede consultarse en http://reis.cis.es

Pablo Oñate: Universidad de Valencia | pablo.onate@uv.es

Podemos considerar que la crisis de la democracia es ya un «tema consolidado» en el estudio de los sistemas políticos: aunque viene hablándose de ella desde hace décadas, a comienzos del presente siglo el debate se tornó más pesimista, al analizar las extendidas manifestaciones y consecuencias de la erosión y el declive de los sistemas democráticos y la expansión de regímenes y actitudes ciudadanas de carácter autoritario o autocrático.

En las últimas décadas del siglo xx, el debate versaba sobre los déficits democráticos y las condiciones (y necesarias transformaciones) que podían o debían aproximar las democracias a un modelo ideal, en el que la ciudadanía estuviera más implicada y participara en mayor medida en las decisiones colectivas, y las elites políticas fueran más accesibles y responsive a las necesidades e intereses de los ciudadanos (al tiempo que se transformaran los regímenes autoritarios de distinto tipo en sistemas políticos democráticos). No obstante, las tres últimas décadas del siglo xx fueron las de la expansión de la democratización, tanto por el incremento del número de países que transitaron a la democracia como por la mejora de la calidad de las instituciones democráticas de muchos de ellos. La democracia era percibida globalmente como «the only game in town» (Linz, 1987) y las críticas, en su caso, apuntaban a cómo mejorarla. Los primeros signos de erosión democrática registrados a comienzos de siglo (Freeedom House, 2008) no lograron disipar el optimismo generado por la tercera ola democratizadora: «las democracias establecidas no parecían estar en riesgo» (Lührmann y Lindberg, 2019: 1097).

Pero en las últimas dos décadas la evolución ha sido (más bien) la contraria: El debate versa en mayor medida acerca de la creciente presencia y éxito (como fenómeno global) de propuestas y estrategias populistas, ya se entienda el populismo (Oñate, 2021) como una «ideología delgada» (Mudde, 2021), como una estrategia de organización y de movilización política (Weyland, 2001; Torre, 2015), como un frame discursivo o estilo de comunicación (Jagers y Walgrave, 2007) o como una lógica política (Laclau, 2005). Y, con el populismo, el debate se focaliza ahora en la erosión democrática y el notable incremento de la polarización en nuestros sistemas políticos (y de las actitudes de polarización afectiva entre sus ciudadanías). Las manifestaciones de erosión de las instituciones democráticas en numerosos sistemas políticos se acumulan, evidenciando una nueva (tercera) tendencia u ola autocratizadora que ha reducido sustancialmente (pero de forma gradual y a través de medios aparentemente legales) el número de sistemas políticos democráticos en el mundo, y, frente a las dos anteriores olas, afectando principalmente a regímenes democráticos y no tanto a autocracias electorales (Lührmann y Lindberg, 2019). Buena parte de las ciudadanías de esas democracias aceptan y asumen las propuestas populistas y entienden que la democracia no resulta ya la forma de gobierno más eficaz o deseable para regir nuestra convivencia («the only game in town»), aceptando otras alternativas no muy bien definidas, pero de carácter claramente iliberal (V-Dem Institute, 2026).

Tras la tercera ola democratizadora que se desplegó en las tres últimas décadas del pasado siglo, aún persisten hoy buena parte de los avances democráticos en un gran número de países y regiones. El nivel global de democracia en el mundo se mantiene en niveles de máximos históricos, dado que los actuales procesos de «erosión democrática» tienen efectos menos «letales» para la democracia que los de «ruptura democrática» (breakdown), más propios del pasado siglo, cuestionando, así, el dramatismo de las consecuencias de esa tercera ola (Mechkova et al., 2017; Lührmann y Lindberg, 2019). No obstante, existe ya una sólida evidencia que manifiesta claramente la tendencia, durante las tres últimas décadas, de erosión de la calidad de las instituciones, de retroceso y declive democrático así como de profusión de derivas autocráticas en un buen número de democracias jóvenes y otras largamente institucionalizadas (V-Dem Institute, 2026). Esas pautas hacia la erosión democrática y la autocratización se observan en líderes, partidos y sistemas políticos, así como en partes sustanciales de las ciudadanías, y no solo en líderes o partidos claramente identificados como populistas, sino también —quizá como estrategia de competición electoral— en otros tradicionales o mainstream que no llegarían a asumir los postulados de los primeros. El resultado es la presencia de abundantes manifestaciones y pautas (de distinta intensidad) de erosión y declive democráticos o de autocratización (conceptualización que aclaran Cassani y Tomini, 2018) en un alto número de los sistemas democráticos existentes, tanto en sus instituciones y procesos como en las actitudes y comportamientos políticos de una parte significativa de sus ciudadanías.

Así, de acuerdo con los datos de V-Dem Institute (2026), hoy contamos con más regímenes autocráticos (noventa y dos) que democráticos (ochenta y siete), lo que no ocurría en los últimos veinticinco años, siendo la democracia liberal el tipo de régimen político menos común; casi tres cuartas partes de la población mundial (el 74 %) vive en un sistema político de tipo autocrático, el mayor registro en las últimas cinco décadas; y las tendencias de cambio de régimen apuntan en mayor medida a procesos de autocratización (hace dos décadas los países que se veían inmersos en este tipo de proceso eran doce, mientras en nuestros días son cuarenta y cuatro, una cifra que no se había registrado nunca [V-Dem Institute, 2026]).

Los procesos de erosión, regresión o declive democrático observados en esta tercera ola autocratizadora son distintos, no obstante, a los registrados en el pasado siglo: aquellos que Guriev y Treisman (2022) denominan los «nuevos autócratas» no alcanzan el poder ni transforman el sistema mediante interrupciones abruptas o violentas de los procesos democráticos, ni utilizan estrategias represivas sistemáticas, ni excluyen radical y abiertamente a la oposición, al tiempo que mantienen una apariencia democrática (Bermeo, 2016; Levitsky y Ziblatt, 2018; Lührmann y Lindberg, 2019). Sus estrategias de erosión son implementadas desde dentro del sistema y las instituciones democráticas (normalmente, desde un «ejecutivo expandido», aggrandized, [Laebens, 2023]), tras acceder a posiciones de poder en el ejecutivo o el legislativo a través de procesos electorales legítimos o manteniendo una apariencia de legalidad constitucional (Svolic, 2015; Bermeo, 2016; Coppedge, 2017; Mechkova et al., 2017; Waldner y Lust, 2018). Pero cuando alcanzan esas posiciones de poder erosionan gradualmente las instituciones de control democrático limitando los derechos y libertades de la ciudadanía, restringiendo el pluralismo asociativo e informativo, y transformando, neutralizando o haciéndose con (capturando) las instituciones diseñadas para asegurar el equilibrio entre los distintos poderes del Estado, erosionando sustancialmente el Estado de derecho y acabando con las garantías de los derechos de las minorías. Y, pese a ello, mantienen una «respetable fachada democrática» (Lührmann y Lindberg, 2019) pese a su carácter de «democracias iliberales» (Zakaria, 2024) o de «autocracias electorales» (Lührmann, Tanneberg y Lindberg, 2018).

Estos cambios en el ámbito político están ligados con otros de carácter económico y social, derivados (a su vez) del proceso globalizador que se inicia en la última década del pasado siglo o del cambio cultural desplegado en las últimas décadas del mismo (entre otros: Ignazi, 1998 y 2003; Norris e Inglehart, 2019 y Stokes, 2025). La globalización propició transformaciones y consecuencias positivas, pero también otras negativas para buena parte de la población, como la individualización y la erosión de lazos sociocomunitarios, el incremento de la desigualdad, la incertidumbre y la inseguridad económicas, el deterioro de las condiciones materiales de existencia y de las expectativas de futuro para muchos ciudadanos, la limitación de la capacidad de intervención de las autoridades políticas nacionales y locales, y una multiculturalidad que expondrá a los ciudadanos al cuestionamiento de sus formas tradicionales de concebir y hallarse en el mundo y, eventualmente, abrirá la puerta a que se planteen guerras culturales (de valores). Por otro lado, esa movilidad y el consiguiente multiculturalismo dará lugar a sociedades más diversas y complejas, cuyas demandas resultarán más difíciles de satisfacer para unas elites políticas nacionales sometidas a «constricciones e imperativos sistémicos» y con menor capacidad de intervención.

Adicionalmente, esas transformaciones se desarrollan en contextos en los que el cambio cultural, el posmaterialismo y la autoexpresividad tendrán una presencia creciente en las actitudes de las generaciones más jóvenes y, de su mano, paulatinamente, en el espacio público-político (Inglehart, 1977; Inglehart y Welzel, 2006) los ciudadanos contarán con más y mejores niveles educativo-formativos que sus mayores, más información y serán más conscientes de sus derechos y papel en el sistema político: serán «ciudadanos más sofisticados», más demandantes y más «críticos». Los valores de autoexpresividad se extenderán y propiciarán que se incremente (desde comienzos de siglo) la relevancia de los sentimientos y las emociones y, así, de las identidades políticas en la esfera pública. De esta forma, las emociones ganarán terreno como criterio de legitimación de la democracia, sus instituciones y actores, o como factor que propicie su erosión y eventual declive de la mano de las estrategias populistas polarizantes.

Por otro lado, el cambio tecnológico y la expansión del uso de las redes sociales potenciarán los efectos perniciosos de todas estas transformaciones políticas, debilitando a los actores intermediadores tradicionales, propiciando espacios (estructuras de oportunidad política abiertas o favorables) para el eficaz surgimiento y consolidación de nuevos actores (outsiders) y la creación de comunidades virtuales reforzadas por los respectivos algoritmos (nunca neutrales) en los efectos autorreferenciales de sus particulares derivas discursivas (Castells, 2006; Pariser, 2012; Beck, 2018). Todo ello, en unas esferas públicas y semipúblicas crecientemente digitalizadas, fragmentadas, y «plataformizadas» (Habermas, 2025), en las que la «posverdad» y la «realidad alternativa» encontrarán un contexto favorable para implantarse en el discurso público-político, hasta el punto de erosionar la propia posibilidad de concebir ese espacio intersubjetivo que conforma el «mundo en común», según decía Hannah Arendt (Vallespín, 2012; Martínez-Bascuñán, 2025).

En este contexto de cambio, la crisis financiera global iniciada en 2008 (con devastadoras consecuencias, especialmente severas en algunos países) así como la derivada de la pandemia del COVID-19 (también con rotunda incidencia entre la ciudadanía de algunas sociedades) acabaron de conformar unas condiciones políticas (presentes en años anteriores) en las que la «longeva» crisis de la democracia adoptó perfiles distintos que la obligarían a afrontar nuevos retos: gobernantes menos eficaces (con menos posibilidades de resolver los problemas de una ciudadanía diversa y plural); una extendida desafección y desconfianza ciudadana hacia los partidos tradicionales (a los que no consideran ya capaces de dar respuesta satisfactoria a los problemas de su vida cotidiana); el surgimiento de nuevos líderes y partidos antisistema de carácter radical y populista (que suponen una severa amenaza para las instituciones y principios democráticos); que (con un significativo apoyo de los electores) han generado tendencias centrífugas en la competición política electoral basadas en presupuestos materiales o culturales; una mayor fragmentación (debilidad) política acompañada de un notable incremento de la polarización ideológica; una notable expansión de actitudes de «polarización afectiva» en buena parte de la ciudadanía desde las que se fomenta la tolerancia respecto de la reducción de los derechos y garantías democráticas para los adversarios (concebidos ahora como «enemigos políticos» y verosímil amenaza para la supervivencia del grupo propio y su «estilo de vida»).

En amplios sectores de la población se aprecian actitudes de descontento, indignación, hastío, hartazgo, rechazo, desconfianza y recelo hacia las elites políticas tradicionales, que parecen no saber o no poder reaccionar eficazmente frente a las demandas (antiguas y nuevas) de la ciudadanía. Esos sectores de la población agregan no solo a los «perdedores de la globalización», sino también a quienes perciben que «su mundo» está desapareciendo o siendo peligrosamente cuestionado. Desde esos sectores se apoya electoralmente a los nuevos líderes y partidos populistas que ofrecen soluciones fáciles y falaces a problemas complejos, que refuerzan identidades tradicionales percibidas en riesgo en el contexto resultante de la globalización.

La política tradicional pareció reaccionar a esos nuevos retos abrazando (no con la eficacia que la ciudadanía descontenta parecía demandar) una nueva forma de concebir la política, que introducía innovadoras estrategias orientadas a involucrar a la participación ciudadana en la gestión cotidiana de los asuntos públicos: la «nueva gobernanza multinivel» surgió y se extendió en la última década del pasado siglo como una novedosa manera de entender y practicar la política: transformaciones del Estado, descentralización (federalismo y «nuevo regionalismo»), participación ciudadana, interacción, cooperación y vinculación entre los diversos niveles de gobierno y en las relaciones internacionales, innovaciones en el diseño e implementación de políticas públicas, etcétera (Hoogue y Marks, 2003; Piattoni, 2010; Alcántara y Nelles, 2014; Tortola, 2016).

La nueva forma de entender la política bajo el enfoque de la gobernanza multinivel la concibe como una «redistribución y dispersión» del poder (y autoridad) del Estado central «hacia arriba» y «hacia abajo» (en distintos niveles territoriales), y la participación e inclusión de diversos actores públicos y privados en el proceso de adopción e implementación de las decisiones políticas. Esos actores interactúan con las autoridades estatales en ese proceso que se caracteriza por una dinámica más horizontal que vertical, más participativa y consensual que jerárquica, más informal y flexible que formal y reglada, más basada en negociaciones y acuerdos que en decisiones unilaterales e impuestas, y realizado más «en red» que en relaciones bilaterales con el Gobierno central como actor preminente (Lachapelle y Oñate, 2017).

En el ámbito del Estado, estas transformaciones suponían cambios en sus estructuras político-estatales y sus distribuciones de competencias y jurisdicciones (Hoogue y Marks, 2003), sin que implicaran la desaparición o la difuminación del Estado, como apuntara Tortola (2016). Más bien, en esta nueva concepción de la política el papel del Gobierno (en cada nivel territorial) se ha transformado, involucrándose en la dinamización de nuevas redes de actores supra y subestatales, públicas y privadas (actores sociales, ONG y agencias de distinta índole), en las que interactúa, colabora, negocia y acuerda en el diseño y desarrollo de las políticas públicas y el proceso político (Lachapelle y Oñate, 2017).

El resultado de la gobernanza multinivel sería el surgimiento de un conjunto de arenas o esferas político-sociales que se superponen e interactúan solapadamente para alcanzar decisiones políticas y su implementación (que tradicionalmente se adoptaban de forma jerárquico-vertical), superando las tradicionales concepciones de federalismo y descentralización (Sbragia, 2010; Papillon, 2012; Alcántara y Nelles, 2014). Y todo ello, como apunta Tortola (2016), sin que se alteren sustancialmente las estructuras estatales (salvo en la distribución de competencias y jurisdicciones), con una tendencia no excluyente sino inclusiva y dialógica entre los distintos niveles o áreas de gobierno y la sociedad, progresivamente interdependientes e interconectados formal e informalmente.

Pero la nueva forma de entender y desempeñar la actividad política no parece haber satisfecho las demandas ciudadanas, que siguen apreciando un profundo déficit democrático en los sistemas políticos contemporáneos, déficit que genera extendidas actitudes de malestar y descontento en la ciudadanía. Estas actitudes, emociones y sentimientos constituyen un contexto propicio para el éxito de los nuevos actores populistas (o estrategias populistas en los actores tradicionales o mainstream), que logran un notable apoyo en electorados hastiados con las propuestas de los partidos y líderes de la democracia liberal.

El éxito de las propuestas populistas se manifiesta no solo en sus notables logros electorales, que generan severos efectos en las dinámicas de la competición político-electoral en sistemas políticos de los cinco continentes, como un verdadero fenómeno global. Adicionalmente, extienden sus consecuencias a la retórica y los contenidos programáticos (agendas) de buena parte de los dirigentes tradicionales, que asumen o instrumentalizan los postulados y discursos de esos movimientos, líderes y partidos populistas, en un vano intento de aprovecharlos mezquinamente para alcanzar réditos electorales o competitivos, en vez de «distanciarse» (Bermeo, 2003; Bartels, 2023) democráticamente de ellos.

El resultado es que en un gran número de sistemas políticos la expansión y «normalización» del populismo ha hecho que deje de ser una «patología» de la democracia, transformando soterrada y casi inadvertidamente el respectivo sistema en una «democracia patológica» en la que el populismo, el radicalismo y la polarización se han incorporado como parte consustancial de la misma (Mudde, 2016 y 2021).

Los partidos y líderes populistas (y otros que no lo son) propician o utilizan la expansión de la polarización (ideológica, sistémica y afectiva entre la población) como una estrategia de movilización, para hacerse con nuevos espacios y apoyos entre la ciudadanía y las instituciones (McCoy et al., 2018; Stokes, 2025).

Esa estrategia de polarización reduce las plurales divisiones sociales en torno a las cuales se articulaba la participación ciudadana y la competición partidista a una única división, más simple y abarcadora: una dinámica «nosotros versus ellos», en la que se dejan de lado las virtudes del pluralismo y en la que los que no piensan como nosotros (out-group) son percibidos no como conciudadanos o como adversarios políticos sino como un enemigo y una amenaza para la supervivencia de la tradicional forma de vida del grupo propio (in-group) y, así, para la misma democracia (McCoy et al., 2018 y 2019; Somer et al., 2021). A la postre, en ese contexto altamente polarizado aumenta entre la ciudadanía la tolerancia respecto de la reducción de las garantías y principios democráticos en relación con los miembros del «otro» grupo, y, así, también con la merma de calidad de la democracia misma.

La democracia y la calidad de sus instituciones es erosionada por estos líderes populistas y sus dinámicas polarizantes, «verdades alternativas» que aprovechan o a las que acríticamente se suman en ocasiones los líderes tradicionales para lograr una pírrica ventaja electoral-competitiva, con las consiguientes consecuencias perniciosas para la democracia.

Contamos ya con evidencias empíricas que demuestran que las tendencias autocráticas y de erosión de los principios e instituciones democráticas tienen más que ver con la actividad y posiciones de las elites políticas que con las actitudes de los ciudadanos (Bartels, 2023; Stokes, 2025), lo que cobra relevancia considerando (como sabemos) que los verdaderos guardianes de la calidad de la democracia son los dirigentes y los partidos políticos, en mucha mayor medida que los ciudadanos (Linz, 1987; Levitsky y Ziblatt, 2018).

La práctica totalidad de organizaciones que estudian sistemática y rigurosamente la calidad democrática de los sistemas políticos del mundo han hallado evidencias que sustentan la reducción de la calidad democrática generalizada y el aumento de las tendencias autocráticas (Economist Intelligence Unit, 2024; Freedom-House, 2025; IDEA International, 2025; V-Dem Institute, 2026). Y un buen número de analistas han estudiado esas tendencias y sus posibles causas (de orden económico o de orden valorativo-cultural), que hacen que los ciudadanos apoyen las propuestas populistas de carácter pernicioso para la democracia (Levitsky y Ziblatt, 2018; Norris e Inglehart, 2019; Haggard y Kaufman, 2021; Laebens, 2023; o Andrew y Meng, 2024, entre otros).

Algunos de esos autores, no obstante, consideran que la erosión provocada por las tendencias polarizadoras y populistas comentadas no han llegado a suponer un severo declive democrático (democratic breakdown), y aportan evidencia de que estos regímenes manifiestan una considerable resiliencia y capacidad adaptativa que mantienen a salvo sus principios e instituciones fundamentales (Voeten, 2017; Boesse et al., 2021; Bartels, 2023; Merkel, 2023; Levitsky y Way, 2023; Treisman, 2023; Weyland, 2024; Stokes, 2025; Walz et al., 2025; véase el ensayo bibliográfico en este mismo número de la REIS). Desde su punto de vista, la democracia es más resiliente y manifiesta una considerable capacidad de resistencia frente a esas tendencias erosionantes, que la aleja de experimentar un auténtico declive (breakdown), menos aún una muerte súbita como algún autor auguró hace pocos años. Señalan casos de sistemas democráticos que se han resistido y de otros que, viéndose afectados por esas tendencias autocráticas de algunos de sus líderes, han contado con actores que han implementado estrategias de resistencia o resiliencia democrática, de carácter horizontal (por la actividad de otros poderes del Estado), vertical (por las iniciativas ciudadanas y el voto en posteriores procesos electorales), así como transversal o social (por la acción de entidades, asociaciones y organizaciones sociales y académicas). Por otro lado, se señalan casos de países que se han recuperado exitosamente de una fase autocrática, reconstruyendo la calidad democrática de sus instituciones a través de las estrategias «reparadoras» y «anti-erosión» desplegadas por esos actores (Stokes, 2025).

En este nuevo contexto, seguimos sometidos a la maldición de «vivir tiempos interesantes». Y el impacto que el desarrollo de la inteligencia artificial y las consecuencias que su «racionalidad algorítmica» (Innerarity, 2025) puedan tener en la calidad de nuestros regímenes democráticos aún está por analizarse cabalmente.

Bibliografía

Alcántara, Christopher y Nelles, Jen (2014). «Indigenous Peoples and the State in Settler Societies: Toward a More Robust Definition of Multilevel Governance». Plubius. The Journal of Federalism, 44(1): 183-204. doi: 10.1093/publius/pjt013

Antolines, Pilar; Díez Nicolás, Juan; García Rabadán, Jonatan; León Ranero, José Manuel; Llera Ramo, Francisco J.; Martínez Avidad, Mayra; Reynés Ramón, Miquel y Rivero Recuenco, Ángel (2024). La globalización de los valores en el mundo y en España. Madrid: Centro de Investigaciones Sociológicas.

Bartels, Larry M. (2023). Democracy Erodes from the Top: Leaders, Citizens, and the Challenge of Populism in Europe. Princeton: Princeton Unviersity Press.

Beck, Ulrich (2018). ¿Qué es la globalización? Barcelona: Paidós.

Bermeo, Nancy (2003). Ordinary People in Extraordinary Times: The Citizenry and the Breakdown of Democracy. Princeton: Princeton University Press. doi: 10.2307/j.ctv10h9d4p

Bermeo, Nancy (2016). «On Democratic Backsliding». Journal of Democracy, 27(1): 5-19. Disponible en: https://www.journalofdemocracy.org/articles/on-democratic-backsliding/, acceso 30 de junio 2026.

Bianchi, Matías; Cheeseman, Nic y Cyr. Jennyfer, (2025). «The Myth of Democratic Resilience». Journal of Democracy, 36(3): 33-46. Disponible en: https://www.journalofdemocracy.org/articles/the-myth-of-democratic-resilience/, acceso 30 de junio 2026.

Boesse, Vanessa; Edgell, Amanda; Hellmeier, Sebastian; Maerz, Seraphine y Lindberg, Staffan (2021). «How Democracies Prevail: Democratic Resilience as a Two-Stage Process». Democratization, 28(5): 885-907. doi: 10.1080/13510347.2021.1891413

Cassani, Andrea y Tomini, Luca (2018). «Reversing Regimes and Concepts: From Democratization to Autocratization». European Political Science, 57(3): 687-716. doi: 10.1057/s41304-018-0168-5

Castells, Manuel (2006). La sociedad red: una visión global. Madrid: Alianza Editorial.

Coppedge, Michael (2017). «Eroding Regimes: What, Where, and When?». Varieties of Democracy Institute. Working Paper 57. Gothenburg: University of Gothenburg. Disponible en: https://v-dem.net/media/publications/v-dem_working_paper_2017_57.pdf, acceso 30 de junio 2026.

Gidron, Noam; Adams, James y Horne, Will (2020). American Affective Polarization in Comparative Perspective. New York: Cambridge University Press. doi: 10.1017/9781108914123

Guriev, Sergei y Treisman, Daniel (2022). Spin Dictators. The Changing Face of Tyranny in the 21st Century. Princeton: Princeton University Press.

Habermas, Jürgen (2025). Un nuevo cambio estructural de la esfera pública y la política deliberativa. Madrid: Trotta.

Haggart, Stephan y Kaufman, Robert (2021). Backsliding. Democratic Regress in the Contemporary Word. Cambridge: Cambridge University Press.

Hoogue, Liesbet y Marks, Gary (2003). «Unravelling the Central State, but How? Types of Multi-level Governance». American Political Science Review, 97(2): 233-243. Disponible en: https://garymarks.web.unc.edu/wp-content/uploads/sites/13018/2016/09/hooghe.marks_.unravelingcentralstate.apsr_.2003.pdf, acceso 30 de junio 2026.

Ignazi, Piero (1992). «The Silent Counter-Revolution. Hypotheses on the Emergence of Extreme Right-Wing Parties in Europe». European Journal of Political Research, 22(1): 3-34. doi: 10.1111/j.1475-6765.1992.tb00303.x

Ignazi, Piero (2003). Extreme-Right Parties in Western Europe. Oxford: Oxford University Press.

Inglehart, Ronald (1977). The Silent Revolution: Changing Values and Political Styles among Western Publics. Princeton: Princeton University Press. Disponible en: https://www.jstor.org/stable/j.ctt13x18ck

Inglehart, Ronald y Welzel, Christian (2006). Modernización, cambio cultural y democracia. La secuencia del desarrollo humano. Madrid: Centro de Investigaciones Sociológicas.

Innerarity, Daniel (2025). Una teoría crítica de la inteligencia artificial. Madrid: Galaxia Gutenberg.

Iyengar, Shanto (2024). «Fear and Loathing in American Politics: A Review Essay». Revista Internacional de Sociología, 82(4): 1-7. doi: 10.3989/ris.2024.82.4.1303

Jagers, Jan y Walgrave, Stefaan (2007). «Populism as Political Communication Style: An Empirical Study of Political Parties’ Discourse in Belgium». European Journal of Political Research, 46(3): 319-345. doi: 10.1111/j.1475-6765.2006.00690.x

Kinzette, Jon; Druckman, James N.; Klar, Samara; Krupnikov, Yanna.; Levendusky, Matthew y Ryan, John Barry (2021). «How Affective Polarization Undermines Support for Democratic Norms». Public Opinion Quarterly, 85(2): 663-677. Disponible en: https://faculty.wcas.northwestern.edu/jnd260/pub/Kingzette%20et%20al%202021.pdf, acceso 30 de junio 2026.

Laclau, Ernesto (2005). On Populist Reason. London: Verso.

Lachapelle, Guy y Oñate, Pablo (2017). Introducción: Gobernanza multinivel y democracia. En: Lachapelle, G. y Oñate, P. (eds.). Federalismo, Devolution y Gobernanza Multinivel. Valencia: Tirant lo Blach.

Laebens, Melis G. (2023). «Beyond Democratic Backsliding: Executive Aggrandizement and its Outcomes». V-Dem Working-papers. Gothenburg: Varieties of Democracy Institute. Disponible en: https://www.v-dem.net/media/publications/UWP_54.pdf, acceso 30 de junio 2026.

Levitsky, Steven y Ziblatt, Daniel (2018). How Democracies Die. New York: Crown.

Levitsky, Steven y Ziblatt, Daniel (2023). Tyranny of the Minority. How to Reverse an Authoritarian Turn and Forge a Democracy for All. New York: Crown.

Levitsky, Steven y Way, Lucan A. (2023). «Democracy’s Surprising Resilience». Journal of Democracy, 34(4): 5-20. doi: 10.1353/jod.2023.a907684

Linz, Juan J. (1987). La quiebra de las democracias. Madrid: Alianza Editorial.

Little, Andrew T. y Meng, Anne (2024). «Measuring Democratic Backsliding». PS: Political Science & Politics, 57(2): 149-161. doi: 10.1017/S104909652300063X

Lührmann, Anna; Tanneberg, Marcus y Lindberg, Staffan (2018). «Regimes of the World: Opening New Avenues for the Comparative Study of Political Regimes». Politics and Governance, 6(1): 60-77. doi: 10.17645/pag.v6i1.1214

Lührmann, Anna y Lindberg, Staffan I. (2019). «A Third Wave of Autocratization is Here. What is New About It?». Democratization, 26(7): 1095-1113. doi: 0.1080/13510347.2019.1582029

Martínez-Bascuñán, Máriam (2025). El fin del mundo común. Hannah Arendt y la posverdad. Barcelona: Taurus.

McCoy, Jennifer; Rahman, Tahmina y Somer, Murat (2018). «Polarization and the Global Crisis of Democracy: Common Patterns, Dynamics, and Pernicious Consequences for Democratic Parties». American Behavioral Scientist, 62(1): 16-42. Disponible en: https://mysite.ku.edu.tr/musomer/wp-content/uploads/sites/191/2021/07/McCoyRahmanSomer-ABS-2018.pdf, acceso 30 de junio 2026.

McCoy, Jennifer y Somer, Murat (2019). «Toward a Theory of Pernicious Polarization and How It Harms Democracies: Comparative Evidence and Possible Remedies». Annals of the American Academy of Political and Social Science, 681: 234-271. doi: 10.1177/0002716218818782

Mechkova, Valeriya; Lührmann, Anna y Lindberg, Staffan (2017). «How Much Democratic Backsliding?». Journal of Democracy, 28(4): 162-169. doi: 10.1353/jod.2017.0075

Merkel, Wolfgang (2023). «What is Democratic Resilience and How Can We Strenghthen It?». Toda Peace Institute Polity Brief, 169.

Mounk, Yascha (2018). The People Vs. Democracy. Why Our Freedom Is in Danger and How to Save It. Massachusetts: Harvard University Press. Disponible en: https://toda.org/wp-content/uploads/files/resources/policy-briefs/t-pb-169_what-is-democratic-resilience_merkel.pdf, acceso 30 de junio 2026.

Mudde, Cas (2016). «The Study of Populist Radical Right Parties: Towards a Fourth Wave». C-REX Working Papers, 1.

Mudde, Cas (2021). La ultraderecha hoy. Barcelona: Paidós.

Norris, Pippa e Inglehart, Ronald (2019). Cultural Backlash. Trump, Brexit, and Authoritarian Populism. Cambridge: Cambridge University Press. Disponible en: https://www.sv.uio.no/c-rex/english/publications/working-paper/Cas%20Mudde:%20The%20Study%20of%20Populist%20Radical%20Right%20Parties.pdf, acceso 30 de junio 2026.

Oñate, Pablo (2021). Populismo y partidos de derecha radical populista: caracterización, evolución y efectos. En: Retóricas negativas: la desinformación de la derecha radical y su cobertura mediática. Valencia: Tirant lo Blanch.

Oñate, Pablo (2026). «Populismo, polarización y preservación de la democracia». Sistema, Revista de Ciencias Sociales, 275: 73-83.

Papillon, Martin (2012). «Adapting Federalism: Indigenous Multilevel Governance in Canada and the United States». Publius, 42(2): 289-312. Disponible en: https://ideas.repec.org/a/oup/publus/v42y2012i2p289-312.html, acceso 30 de junio 2026.

Pariser, Eli (2012). The Filter Bubble: What the Internet is Hiding from You. London: Penguin.

Pérez-Liñán, Aníbal (2025). La grieta democrática: ¿Causa o síntoma de la erosión democrática? En: Lecciones contra la incertidumbre en política. Buenos Aires: EUDEBA.

Piattoni, Simona (2010). The theory of multi-level governance: Conceptual, empirical and normative challenges. Oxford: Oxford University Press.

Reijlan, Andres; Garzia, Diego; Silva, Federico F. da y Trechsel, Alexander H. (2024). «Patterns of Affective Polarization towards Parties and Leaders Across the Democratic World». American Political Science Review, 118(2): 654-670. Disponible en: https://cadmus.eui.eu/server/api/core/bitstreams/deddb35b-2640-50d6-af46-30260f979dcb/content, acceso 30 de junio 2026.

Rhodes-Purdy, Matthew; Navarre, Rachel y Utych, Stephan M. (2023). The Age of Discontent: Populism, Extremism and Conspiracy Theories in Contemporary Democracies. Cambridge: Cambridge University Press. doi: 10.1017/9781009279383

Sbragia, Alberta (2010). Multi-level governance and comparative regionalism. En: Handbook of multi-level governance (pp. 267-322). Cheltenham: Edward Elgar. Disponible en: http://ndl.ethernet.edu.et/bitstream/123456789/52955/1/3.pdf.pdf, acceso 30 de junio 2026.

Somer, Murat; McCoy, Jennifer L. y Luke, Russell E. (2021). «Pernicious Polarization, Autocratization and Opposition Strategies». Democratization, 28(5): 929-948. doi: 10.1080/13510347.2020.1865316

Stokes, Susan (2025). The Backsliders. Why Leaders Undermine Their Own Democracies. Princeton: Princeton Unversity Press.

Svolik, Milan (2015). «Which Democracies Will Last? Coups, Incumbent Takeovers and the Dynamic of Democratic Consolidation». British Journal of Political Science, 45(4): 715-738. doi: 10.1017/S0007123413000550

Svolik, Milan (2019). «Polarization versus Democracy». Journal of Democracy, 30(3): 20-32.

Torre, Carlos de la (2015). Populism and Fascisim. Cambridge: Cambridge University Press.

Tortola, Pier D. (2017). «Clarifying Multilevel Governance». European Journal of Political Research, 56(2): 234-250. doi: 10.1353/jod.2019.0039

Treisman, David (2023). «How Great is the Current Danger to Democracy? Assessing the Risk with Historical Data». Comparative Political Studies, 56(12): 1924-1952. doi: 10.1177/00104140231168363

Vallespín, Fernando (2012). La mentira os hará libres. Realidad y ficción en la democracia. Barcelona: Galaxia de Gutemberg.

Vallespín, Fernando y Martínez-Bascuñán, Máriam (2017). Populismos. Madrid: Alianza Editorial.

V-Dem Institute (2026). Democratic Report 2026: Unraveling the Democratic Era? Gothenburg: V-Dem Institute. Disponible en: https://www.v-dem.net/documents/75/V-Dem_Institute_Democracy_Report_2026_lowres.pdf, acceso 30 de junio 2026.

Voeten, Erik (2017). «Are People Really Turning Away from Democracy». SSRN Electronic Journal. Disponible en: https://ssrn.com/abstract=2882878

Wagner, Markus (2024). «Affective Polarization in Europe». European Political Science Review, 16: 378-392. doi: 10.1017/S1755773923000383

Waldner, David y Lust, Ellen (2018). «Unwelcome Change: Comming to Terms with Democratic Backsliding». Annual Review of Political Science, 21(1): 93-113. Disponible en: https://www.annualreviews.org/content/journals/10.1146/annurev-polisci-050517-114628, acceso 30 de junio 2026.

Walz, Kelvin; Merten, Lion; Rosenthal, Matthias; Niedrighaus, Jana y Helgest, Johannes (2025). «From Latest Buzzword to Conceptual Framework: Unraveling the Complexities of Democratic Resilience». Zeitschrift für Vergleichende Politikwissenschaft, 19: 93-122. Disponible en: https://link.springer.com/article/10.1007/s12286-024-00618-7

Weyland, Kurt (2001). «Clarifying a Contested Concept. Populism in the Study of Latin American Politics». Comparative Politics, 34(1): 1-22. Disponible en: https://www.jstor.org/stable/422412, acceso 30 de junio 2026.

Weyland, Kurt (2024). Democracy’s Resilience to Populism’s Threat: Countering Global Alarmism. Cambridge: Cambridge University Press.

Zakaria, Fareed (2024). The Future of Freedom. Illiberal Democracy at Home and Abroad. New York: New York Times Bestsellers.


  1. 1 Este trabajo ha contado con la Subvención de la Consejería de Investigación, Universidades y Empleo de la Generalitat Valenciana a Grupos de Investigación Consolidados (AICO2023/164).