<?xml version = "1.0" encoding = "UTF-8" ?><revista><revista> Revista Española de Investigaciones Sociológicas</revista><abreviado>REIS. Rev. Esp. Investig. Sociol</abreviado>undefined<doi>https://doi.org/10.5477/cis/reis</doi><anio>2026</anio><issn>0210-5233</issn><eissn>1988-5903</eissn><organismo>Centro de Investigaciones Sociológicas</organismo><pais>España</pais><http>https://reis.cis.es</http><titulo>﻿Democracias en peligro: preferencia por el autoritarismo y polarización en España</titulo><title>Democracies in Danger: The Preference for Uthoritarianism and Polarisation in Spain</title><autor>Adrián Megías y Cristina Moreno</autor><texto> </texto><table><tbody><tr><td><p>Palabras claveAutoritarismoDemocraciaErosión democráticaPolarización afectiva</p></td><td><p>ResumenLa polarización se ha consolidado como un rasgo central de los sistemas políticos contemporáneos, con implicaciones significativas para su estabilidad. Más allá de reflejar tensiones preexistentes, la polarización afectiva puede erosionar normas democráticas y favorecer la tolerancia hacia alternativas de gobierno menos democráticas. Este artículo analiza, para el caso español, cómo la polarización afectiva configura actitudes favorables hacia sistemas no democráticos. Utilizando datos del barómetro ECIS 3480 y mediante un modelo aditivo generalizado (GAM), mostramos que niveles crecientes de polarización afectiva se asocian con una mayor preferencia por opciones no democráticas. Los resultados sugieren que la polarización afectiva actúa como un factor de riesgo para la calidad y la resiliencia de la democracia, contribuyendo a una aceptación creciente de intercambios entre bienestar material y principios democráticos.</p></td></tr><tr><td><p>Key wordsAuthoritarianismDemocracyDemocratic ErosionAffective Polarisation</p></td><td><p>AbstractPolarisation has become a central feature of contemporary political systems, resulting in significant implications for their stability. Beyond reflecting pre-existing tensions, affective polarisation can erode democratic norms and foster tolerance of less democratic forms of government. This article examines how affective polarisation shapes favourable attitudes towards non-democratic systems in Spain. Drawing on data from the ECIS 3480 barometer and using a generalised additive model (GAM), we show that higher levels of affective polarisation are associated with greater preference for non-democratic options. The findings suggest that affective polarisation acts as a risk factor for the quality and resilience of democracy, and therefore contributes to a growing acceptance of trade-offs between material well-being and democratic principles.</p></td></tr></tbody></table><texto>Cómo citar</texto><texto>Megías, Adrián; Moreno, Cristina (2026). «Democracias en peligro: preferencia por el autoritarismo y polarización en España». Revista Española de Investigaciones Sociológicas, undefined:33-52.(doi:10.5477/cis/reis.33-52)</texto><texto>La versión en inglés de este artículo puede consultarse en http://reis.cis.es</texto><texto>Adrián Megías: Universidad de Almería | amegias@ual.es</texto><texto>Cristina Moreno: Universidad de Murcia | cmoreno@um.es</texto><texto>doi:10.5477/cis/reis.196. - </texto><texto> </texto><texto>A pesar de estas investigaciones y las múltiples razones que podrían explicar el declive en el apoyo a la democracia, pocos estudios han puesto el foco en la relación entre polarización afectiva y el apoyo directo a regímenes no democráticos. Este enfoque se nos presenta como fundamental, ya que, mientras la satisfacción con la democracia se fundamenta en una evaluación del desempeño y la efectividad del sistema (Fuchs, Guidorossi y Svensson, 1995), la preferencia por regímenes no democráticos parece derivar de una lógica preferencial, más que valorativa. En otras palabras, la polarización afectiva, al exacerbar las divisiones y la animosidad intergrupales, podría generar un contexto en el que la adhesión a un régimen específico se convierte en una expresión de lealtad grupal, más que en una evaluación racional de sus méritos. En este sentido, la polarización afectiva podría obrar como un catalizador para la aceptación de alternativas no democráticas, al desplazar el foco de la evaluación del rendimiento a la afirmación de la identidad grupal. En un escenario de alta polarización, la preferencia por un régimen autoritario podría interpretarse como una forma de reafirmar la identidad propia frente al grupo antagónico, independientemente de las implicaciones para el conjunto de la sociedad.</texto><texto>Así, la polarización afectiva no solo erosionaría la confianza en las instituciones democráticas (Reiljan, 2020), sino que también podría fomentar una disposición a aceptar regímenes que prometen restaurar el orden y la unidad, incluso a costa de las libertades individuales y el pluralismo político. Esta perspectiva invita a reconsiderar el papel de la polarización afectiva en la dinámica del declive democrático, trascendiendo su mera consideración como un síntoma o consecuencia (McCoy, Rahman y Somer, 2018; Reiljan, 2020; Simonovits, McCoy y Littvay, 2022), para reconocerla como el que puede ser un factor causal activo en la formación de preferencias políticas antidemocráticas. Como señalan McCoy, Rahman y Somer (2018) respecto al caso estadounidense, las señales de advertencia del retroceso democrático surgieron en la aparente tolerancia pública del comportamiento antiliberal de la administración Trump y de algunos de sus partidarios ya en 2017.</texto><texto>Ciertamente, existe evidencia de que la polarización puede estar relacionada con una mayor tolerancia a acciones no democráticas, especialmente cuando los intereses partidistas o ideológicos están en juego, si bien la naturaleza precisa y los mecanismos causales de esta relación, particularmente en lo que respecta a la polarización afectiva individual y la preferencia por regímenes no democráticos aún no se han analizado específicamente, lo que representa una laguna en la literatura de gran relevancia en este contexto.</texto><texto>﻿Introducción</texto><texto>Tanto el estudio de la polarización como el del declive experimentado en el apoyo a la democracia en los países con esta forma de gobierno consolidada han recibido una atención creciente en las últimas décadas. En este sentido, las consecuencias derivadas de la relación entre polarización y satisfacción con la democracia son múltiples. Se ha afirmado que la polarización afectiva podría llegar a causar un deterioro de la calidad de la democracia (McCoy y Somer, 2019) o incluso la quiebra completa del sistema político. Lo cierto es que la evidencia empírica es, cuanto menos, mixta. Hay quienes sostienen que erosiona el apoyo a los principios democráticos (Kingzette et al., 2021; Torcal y Magalhães, 2022), quienes no encuentran relación (Broockman, Kalla y Westwood, 2023; Druckman, Green e Iyengar, 2023; Voelkel et al., 2022), e incluso algunos estudios identifican signos positivos, ya que la polarización generaría, en regímenes con retroceso democrático, coaliciones divididas, uniendo a la oposición política en torno a la defensa de la democracia (Gessler y Wunsch, 2025).</texto><texto>A pesar de estas investigaciones y las múltiples razones que podrían explicar el declive en el apoyo a la democracia, pocos estudios han puesto el foco en la relación entre polarización afectiva y el apoyo directo a regímenes no democráticos. Este enfoque se nos presenta como fundamental, ya que, mientras la satisfacción con la democracia se fundamenta en una evaluación del desempeño y la efectividad del sistema (Fuchs, Guidorossi y Svensson, 1995), la preferencia por regímenes no democráticos parece derivar de una lógica preferencial, más que valorativa. En otras palabras, la polarización afectiva, al exacerbar las divisiones y la animosidad intergrupales, podría generar un contexto en el que la adhesión a un régimen específico se convierte en una expresión de lealtad grupal, más que en una evaluación racional de sus méritos. En este sentido, la polarización afectiva podría obrar como un catalizador para la aceptación de alternativas no democráticas, al desplazar el foco de la evaluación del rendimiento a la afirmación de la identidad grupal. En un escenario de alta polarización, la preferencia por un régimen autoritario podría interpretarse como una forma de reafirmar la identidad propia frente al grupo antagónico, independientemente de las implicaciones para el conjunto de la sociedad.</texto><texto>Tradicionalmente entendida como la distancia ideológica entre partidos y élites (Sartori, 1976; Abramowitz, 2010, 2015; Brewer y Stonecash, 2015; Campbell, 2018) la polarización también se manifiesta a nivel de la ciudadanía, ya sea como preferencias extremas o intensas, distribuciones de preferencias bimodales o una fuerte correlación entre preferencias políticas y afiliación partidista (Graham y Svolik, 2020). Más recientemente, la literatura se ha referido a la brecha emocional entre los grupos políticos y a su manifestación en una mayor animosidad hacia los partidarios de partidos opuestos, enfatizando y configurándose así el concepto de polarización afectiva, caracterizada por sentimientos negativos hacia el partido contrario y sus seguidores, y positivos hacia el propio (Iyengar, Sood y Lelkes, 2012; Gidron, Adams y Horne, 2020), si bien su medición no evalúa tanto emociones como actitudes y percepciones que el endogrupo mantiene hacia el exogrupo (Rojo-Martínez, Crespo-Martínez y Mora-Rodríguez, 2023). Podemos así definir la polarización como un proceso relacional que exacerba las diferencias normales existentes en la sociedad, reduciendo la política  mediante un mecanismo psicológico de etiquetaje  a una dicotomía de nosotros frente a ellos (Tajfel y Turner, 1986; McCoy, Rahman y Somer, 2018).</texto><texto>La cuestión de cómo la polarización afectiva se relaciona con la aceptación, tolerancia o preferencia por alternativas no democráticas, nos lleva a preguntarnos acerca de la existencia de vínculos entre las preferencias autoritarias y la polarización, al tiempo que examinamos los mecanismos subyacentes que impulsan esta preferencia.</texto><texto>La literatura que aborda esta relación subraya que la priorización de las lealtades partidistas conduce a que la identidad partidista se vuelva un elemento más importante que el compromiso con los propios principios democráticos, llevando a la ciudadanía a apoyar acciones autoritarias si estas llegan a ser percibidas como necesarias para beneficiar a su partido. Lo anterior se relacionaría con la idea de un doble estándar o hipocresía democrática partidista al evaluar acciones antidemocráticas (Graham y Svolik, 2020; Simonovits, McCoy y Littvay, 2022). En un entorno altamente polarizado, la identidad partidista puede volverse primordial, eclipsando el compromiso con los principios democráticos más abstractos. La ciudadanía puede estar más dispuesta a apoyar acciones autoritarias si las perciben como necesarias para derrotar al partido contrario o para implementar la agenda política de su preferencia, incluso si estas acciones suponen un menoscabo de las instituciones democráticas. Esto es lo que Janssen (2024) detectó entre aquellos individuos que votaron por la opción política que quedó fuera del gobierno, quienes mostraron un mayor alejamiento hacia el sistema democrático junto con mayores niveles de polarización, lo que a su vez erosionaría la confianza en las instituciones democráticas (Iyengar, Sood y Lelkes, 2012).</texto><texto>Mientras que investigaciones como las de Reiljan (2020) y Orhan (2022) subrayan el riesgo que la polarización afectiva representa para la democracia, al favorecer violaciones democráticas y la tolerancia hacia conductas antidemocráticas, o, como lo describen McCoy, Rahman y Somer (2018), polarización perniciosa, que lleva a la erosión y colapso democrático, este estudio se centra en el papel de la polarización afectiva como un factor activo en la configuración de actitudes favorables hacia sistemas políticos no democráticos. En otras palabras, en lugar de analizar cómo la polarización afectiva se ve influida por o refleja el declive democrático, se postula que la polarización afectiva puede actuar como un motor que podría predisponer a la ciudadanía a aceptar alternativas políticas que restringen el pluralismo y el disenso.</texto><texto>En el siguiente apartado se discuten las relaciones entre polarización y retroceso democrático. Se plantean las hipótesis en relación con la literatura existente y sus hallazgos. A continuación, se presenta la metodología utilizada, los resultados del análisis, las limitaciones de la investigación y una discusión sobre sus implicaciones.</texto><texto>﻿Retroceso democrático y polarización</texto><texto>Independientemente de la importancia específica de la polarización en el retroceso democrático, parece claro que las democracias consolidadas han experimentado un cierto grado de «desconsolidación», sobre todo entre las generaciones más jóvenes (Foa y Mounk, 2016, 2017).</texto><texto>Tradicionalmente entendida como la distancia ideológica entre partidos y élites (Sartori, 1976; Abramowitz, 2010, 2015; Brewer y Stonecash, 2015; Campbell, 2018) la polarización también se manifiesta a nivel de la ciudadanía, ya sea como preferencias extremas o intensas, distribuciones de preferencias bimodales o una fuerte correlación entre preferencias políticas y afiliación partidista (Graham y Svolik, 2020). Más recientemente, la literatura se ha referido a la brecha emocional entre los grupos políticos y a su manifestación en una mayor animosidad hacia los partidarios de partidos opuestos, enfatizando y configurándose así el concepto de polarización afectiva, caracterizada por sentimientos negativos hacia el partido contrario y sus seguidores, y positivos hacia el propio (Iyengar, Sood y Lelkes, 2012; Gidron, Adams y Horne, 2020), si bien su medición no evalúa tanto emociones como actitudes y percepciones que el endogrupo mantiene hacia el exogrupo (Rojo-Martínez, Crespo-Martínez y Mora-Rodríguez, 2023). Podemos así definir la polarización como un proceso relacional que exacerba las diferencias normales existentes en la sociedad, reduciendo la política  mediante un mecanismo psicológico de etiquetaje  a una dicotomía de nosotros frente a ellos (Tajfel y Turner, 1986; McCoy, Rahman y Somer, 2018).</texto><texto>De hecho, como se ha demostrado para el caso de Estados Unidos, a medida que aumentan la polarización, el partidismo y el extremismo político (Graham y Svolik, 2020) solo una pequeña fracción de la ciudadanía estadounidense da prioridad a los principios democráticos en sus comicios. Torcal y Magalhães (2022) corroboraron posteriormente que los niveles más altos de extremismo ideológico se asocian con una disminución significativa del apoyo a los principios democráticos. La polarización afectiva inhibe así los comportamientos y actitudes cívicas deseables para la democracia, contribuyendo a que los votantes de ambos lados de la división afectiva se vuelvan tolerantes con el retroceso democrático llevado a cabo por quienes ostentan el poder (Iyengar et al., 2019; Kingzette et al., 2021; Simonovits, McCoy y Littvay, 2022).</texto><texto>En consecuencia, planteamos la hipótesis (H1) de que, a mayores niveles de polarización afectiva, mayor será la preferencia o la indiferencia respecto a sistemas no democráticos. </texto><texto>Esta visión pesimista de la relación entre polarización y retroceso democrático no está exenta de crítica, ni parece ser determinista, ni estar completamente teorizada; incluso se señala que hay poca evidencia de que la ciudadanía con niveles más altos de polarización afectiva apoye explícitamente las prácticas antidemocráticas (Druckman, Green e Iyengar, 2023). De hecho, el retroceso democrático también podría reforzar el compromiso con las normas democráticas de uno de los lados/grupos de la división afectiva, como han puesto de manifiesto Gessler y Wunsch (2025), favoreciendo eventualmente movilizaciones conjuntas por parte de los grupos de la oposición. Este sería el caso de Hungría, que ha llevado a los grupos contrarios al Fidesz a posicionarse de manera conjunta alrededor de los valores democráticos y en contra de las tendencias autoritarias de Orban. Las actitudes hacia la democracia harían así las veces de correa de transmisión, convirtiéndose la propia democracia en el tema en torno al cual se organiza la división afectiva (Gessler y Wunsch, 2025).</texto><texto>La literatura que aborda esta relación subraya que la priorización de las lealtades partidistas conduce a que la identidad partidista se vuelva un elemento más importante que el compromiso con los propios principios democráticos, llevando a la ciudadanía a apoyar acciones autoritarias si estas llegan a ser percibidas como necesarias para beneficiar a su partido. Lo anterior se relacionaría con la idea de un doble estándar o hipocresía democrática partidista al evaluar acciones antidemocráticas (Graham y Svolik, 2020; Simonovits, McCoy y Littvay, 2022). En un entorno altamente polarizado, la identidad partidista puede volverse primordial, eclipsando el compromiso con los principios democráticos más abstractos. La ciudadanía puede estar más dispuesta a apoyar acciones autoritarias si las perciben como necesarias para derrotar al partido contrario o para implementar la agenda política de su preferencia, incluso si estas acciones suponen un menoscabo de las instituciones democráticas. Esto es lo que Janssen (2024) detectó entre aquellos individuos que votaron por la opción política que quedó fuera del gobierno, quienes mostraron un mayor alejamiento hacia el sistema democrático junto con mayores niveles de polarización, lo que a su vez erosionaría la confianza en las instituciones democráticas (Iyengar, Sood y Lelkes, 2012).</texto><texto>Esta polarización no solo intensifica la desconfianza hacia los oponentes políticos, sino que también socava su percepción de legitimidad moral: «aquellos que rechazan las motivaciones y la naturaleza de los oponentes políticos son menos propensos a tratar como legítimas las decisiones y políticas promulgadas cuando los oponentes llegan al gobierno», lo que llevaría a una menor satisfacción con las instituciones que responden a la voluntad popular (Iyengar, Sood y Lelkes, 2012: 428 en McCoy, Rahman y Somer, 2018). Dicha erosión de la legitimidad puede manifestarse en el cuestionamiento de las políticas públicas y, en casos extremos, en intentos de imponer políticas unilaterales , lo que en cualquier caso es probable que reduzca la confianza en las instituciones democráticas (McCoy, Rahman y Somer, 2018).</texto><texto>De hecho, como se ha demostrado para el caso de Estados Unidos, a medida que aumentan la polarización, el partidismo y el extremismo político (Graham y Svolik, 2020) solo una pequeña fracción de la ciudadanía estadounidense da prioridad a los principios democráticos en sus comicios. Torcal y Magalhães (2022) corroboraron posteriormente que los niveles más altos de extremismo ideológico se asocian con una disminución significativa del apoyo a los principios democráticos. La polarización afectiva inhibe así los comportamientos y actitudes cívicas deseables para la democracia, contribuyendo a que los votantes de ambos lados de la división afectiva se vuelvan tolerantes con el retroceso democrático llevado a cabo por quienes ostentan el poder (Iyengar et al., 2019; Kingzette et al., 2021; Simonovits, McCoy y Littvay, 2022).</texto><texto>Con una polarización cada vez más extendida, los ítems polarizantes  aborto, nacionalismo, inmigración  apoyados en una retórica política que promueve las divisiones, conectan con emociones que adquieren un papel predominante en el comportamiento, la toma de decisiones y el juicio de la ciudadanía (Erisen, 2017). Por ello, una comprensión parcial o una falta de teorización pueden provocar una apreciación incompleta de las consecuencias democráticas de la polarización (Russo, Franklin y Beyens, 2023). En este contexto, y reconociendo las limitaciones de los análisis centrados exclusivamente en factores institucionales o socioeconómicos para explicar la preferencia por regímenes no democráticos, la propensión individual hacia los mismos puede encontrar un anclaje psicológico profundo en la resonancia afectiva con los modelos morales primarios identificados por Lakoff (2016). Siguiendo su teoría de la política moral, individuos con una mayor afinidad por el modelo del padre estricto podrían mostrar una predisposición a valorar el orden, la jerarquía y la disciplina, características que a menudo se asocian con regímenes autoritarios. La promesa de estabilidad y la imposición de un orden moral percibido como amenaza por la permisividad o el pluralismo podría apelar directamente a estas predisposiciones psicológicas subyacentes, eclipsando consideraciones sobre las libertades individuales o los procesos deliberativos democráticos. Por otro lado, individuos situados en el lado opuesto, con inclinaciones hacia el modelo del progenitor atento podrían, en principio, mostrar una mayor afinidad por valores democráticos centrados en la igualdad y la protección de los derechos. Sin embargo, incluso en este caso, la frustración percibida ante la ineficacia del sistema político para abordar las necesidades sociales o el incremento de las desigualdades podría, bajo ciertas condiciones de crisis o intensa polarización, generar una apertura o mayor tolerancia hacia alternativas no democráticas que prometan soluciones efectivas.</texto><texto>En este punto se postula que (H2) individuos con valores morales congruentes con el modelo del padre estricto  fuerte valoración del mérito, el individualismo y el esfuerzo personal  manifestarán una mayor propensión a priorizar el bienestar individual, incluso a expensas de principios y procesos democráticos.</texto><texto>﻿Actitudes democráticas y polarización en España</texto><texto>En el caso de España no se ha producido un retroceso democrático entendido como una afectación sobre mecanismos institucionales o legales. Sin embargo, sí se aprecia una tendencia a favor de regímenes no democráticos. Estas actitudes están especialmente extendidas entre la población más joven, entre la que se encuentra también bastante extendida la polarización afectiva (véanse gráficos 1 y 2). Consecuentemente, es poco probable que se produzca, como teorizan Gessler y Wunsch (2025), un reforzamiento del compromiso con las normas democráticas como respuesta a la polarización. La polarización afectiva, lejos de fomentar una movilización conjunta de la oposición, parece conducir a una aceptación de alternativas que evitan el desacuerdo inherente a la democracia. En este contexto, la polarización no actuaría como catalizador de un compromiso democrático renovado, sino que lo haría como un factor que predispone a la aceptación de formas de gobierno menos pluralistas.</texto><texto>También se ha criticado la amenaza de la polarización hacia la democracia por ignorar el papel que la desigualdad juega en la configuración de las identidades políticas y en las dinámicas grupales (Kreiss y McGregor, 2024). Este sería el caso de aquellos movimientos en favor de la igualdad, como Lives Matter, que provocarían también aumentos en la polarización al percibirse como ataques al statu quo de los grupos dominantes. Merece la pena mencionar el caso del feminismo, donde un 52 % de la población piensa que en España se ha llegado demasiado lejos en promover la igualdad de género, con notables diferencias en función de los posicionamientos ideológicos . Ciertamente, los estudios sobre polarización con frecuencia prescinden del análisis del poder y la desigualdad (Kreiss y McGregor, 2024) o incluso de los presupuestos más básicos del psicologismo.</texto><texto>Con una polarización cada vez más extendida, los ítems polarizantes  aborto, nacionalismo, inmigración  apoyados en una retórica política que promueve las divisiones, conectan con emociones que adquieren un papel predominante en el comportamiento, la toma de decisiones y el juicio de la ciudadanía (Erisen, 2017). Por ello, una comprensión parcial o una falta de teorización pueden provocar una apreciación incompleta de las consecuencias democráticas de la polarización (Russo, Franklin y Beyens, 2023). En este contexto, y reconociendo las limitaciones de los análisis centrados exclusivamente en factores institucionales o socioeconómicos para explicar la preferencia por regímenes no democráticos, la propensión individual hacia los mismos puede encontrar un anclaje psicológico profundo en la resonancia afectiva con los modelos morales primarios identificados por Lakoff (2016). Siguiendo su teoría de la política moral, individuos con una mayor afinidad por el modelo del padre estricto podrían mostrar una predisposición a valorar el orden, la jerarquía y la disciplina, características que a menudo se asocian con regímenes autoritarios. La promesa de estabilidad y la imposición de un orden moral percibido como amenaza por la permisividad o el pluralismo podría apelar directamente a estas predisposiciones psicológicas subyacentes, eclipsando consideraciones sobre las libertades individuales o los procesos deliberativos democráticos. Por otro lado, individuos situados en el lado opuesto, con inclinaciones hacia el modelo del progenitor atento podrían, en principio, mostrar una mayor afinidad por valores democráticos centrados en la igualdad y la protección de los derechos. Sin embargo, incluso en este caso, la frustración percibida ante la ineficacia del sistema político para abordar las necesidades sociales o el incremento de las desigualdades podría, bajo ciertas condiciones de crisis o intensa polarización, generar una apertura o mayor tolerancia hacia alternativas no democráticas que prometan soluciones efectivas.</texto><texto>GRÁFICO 1. Evolución de la preferencia de régimen no democrático* por edad</texto><texto>￼</texto><texto>*En algunas circunstancias, un gobierno autoritario es preferible a un sistema democrático.</texto><texto>Fuente: Elaboración propia.</texto><texto>En el caso de España no se ha producido un retroceso democrático entendido como una afectación sobre mecanismos institucionales o legales. Sin embargo, sí se aprecia una tendencia a favor de regímenes no democráticos. Estas actitudes están especialmente extendidas entre la población más joven, entre la que se encuentra también bastante extendida la polarización afectiva (véanse gráficos 1 y 2). Consecuentemente, es poco probable que se produzca, como teorizan Gessler y Wunsch (2025), un reforzamiento del compromiso con las normas democráticas como respuesta a la polarización. La polarización afectiva, lejos de fomentar una movilización conjunta de la oposición, parece conducir a una aceptación de alternativas que evitan el desacuerdo inherente a la democracia. En este contexto, la polarización no actuaría como catalizador de un compromiso democrático renovado, sino que lo haría como un factor que predispone a la aceptación de formas de gobierno menos pluralistas.</texto><texto>Tampoco sostenemos, como afirman Janssen y Turkenburg (2024: 2), que niveles moderados de polarización sean beneficiosos para el apoyo democrático, menos en un escenario como el español, con una cultura política basada en la antipolítica (Morán y Benedicto, 1995; Megías y Moreno, 2022, 2024). Nada tendrían que ver los sentimientos de adhesión partidista con el hecho de sentirse indiferente hacia la democracia. No compartimos la asociación entre polarización e identificación partidista con el sentimiento de eficacia política externa, cuyas causas habría que buscar en los determinantes de la desafección política. El hecho de percibir la política como un campo de batalla incrementará la desafección y alejará a la ciudadanía de la política (Aldrich, 2012; Megías y Moreno, 2022). Al fin y al cabo, si los hubiera, «los efectos positivos de la polarización dependerían del buen funcionamiento de la democracia en los países amenazados por los posibles efectos negativos de la polarización» (Russo, Franklin y Beyens, 2023). Si bien compartimos la concepción no lineal de la relación polarización apoyo democrático de Janssen y Turkenburg (2024), algo subrayado también para el caso de la polarización ideológica (Torcal y Magalhães, 2022), sostenemos que el análisis de niveles moderados de polarización y apoyo democrático, en este caso, han de realizarse, en primer lugar, sobre la base de la preferencia directa por un sistema no democrático (como justificamos más adelante) y, en segundo, analizando su interacción con otras variables relevantes, tales como la ideología y la edad.</texto><texto>En el caso de España no se ha producido un retroceso democrático entendido como una afectación sobre mecanismos institucionales o legales. Sin embargo, sí se aprecia una tendencia a favor de regímenes no democráticos. Estas actitudes están especialmente extendidas entre la población más joven, entre la que se encuentra también bastante extendida la polarización afectiva (véanse gráficos 1 y 2). Consecuentemente, es poco probable que se produzca, como teorizan Gessler y Wunsch (2025), un reforzamiento del compromiso con las normas democráticas como respuesta a la polarización. La polarización afectiva, lejos de fomentar una movilización conjunta de la oposición, parece conducir a una aceptación de alternativas que evitan el desacuerdo inherente a la democracia. En este contexto, la polarización no actuaría como catalizador de un compromiso democrático renovado, sino que lo haría como un factor que predispone a la aceptación de formas de gobierno menos pluralistas.</texto><texto>Por otro lado, la edad se erige como un factor determinante en la relación entre la preferencia por alternativas no democráticas y la polarización. Así, se ha evidenciado que las cohortes más jóvenes tienden a mostrar niveles más bajos de apoyo a la democracia en comparación con las generaciones de mayor edad (Norris, 1999; Foa y Mounk, 2016), al tiempo que muestran también mayor propensión a la polarización (Foa y Mounk, 2016; Mounk, 2018). Todo ello probablemente contribuiría, por un lado, a explicar su escepticismo hacia la democracia y su apoyo a alternativas no democráticas (Belchior y Teixeira, 2024) y, por otro, podría explicar que una socialización en contextos de polarización política intensa lleve a que esta sea percibida entre los jóvenes como una característica inherente al sistema político, lo que disminuiría su valoración de la democracia como forma de gobierno. No obstante, se ha encontrado también que los mayores tenderían a apoyar la democracia en menor medida cuando se acercan hacia el final de sus vidas (Lechler y Sunde, 2019; Huang, 2023). A pesar de sus posibles diferencias políticas, tanto los jóvenes como los mayores creen que una distribución equitativa de los ingresos constituye una característica esencial de la democracia. En sociedades envejecidas, esta creencia hacia la igualdad económica impactaría negativamente en sus apoyos a la democracia. Sin embargo, en el caso español, es probable que, por las características de la cultura y la socialización políticas bajo la dictadura o su recuerdo, no se despliegue este efecto.</texto><texto>De lo anterior se deriva nuestra tercera hipótesis (H3): la polarización afectiva, en combinación con la edad, se relacionaría con una mayor probabilidad de que la juventud se muestre escéptica hacia la democracia y se sienta atraída por formas de gobierno no democráticas.</texto><texto>En síntesis, proponemos un modelo explicativo que contempla la preferencia por alternativas no democráticas en el marco de la interacción entre la polarización, la ideología y la edad para comprender mejor los determinantes del apoyo democrático en el contexto español. Este modelo permitiría superar las limitaciones de los enfoques unidimensionales y ofrecer una visión más matizada de la relación entre polarización y democracia. Además, consideramos esencial el caso de estudio dadas las particularidades de una cultura política como la española, caracterizada por la antipolítica, como un factor que podría modular la relación entre alternativas no democráticas y la polarización afectiva.</texto><texto>Tampoco sostenemos, como afirman Janssen y Turkenburg (2024: 2), que niveles moderados de polarización sean beneficiosos para el apoyo democrático, menos en un escenario como el español, con una cultura política basada en la antipolítica (Morán y Benedicto, 1995; Megías y Moreno, 2022, 2024). Nada tendrían que ver los sentimientos de adhesión partidista con el hecho de sentirse indiferente hacia la democracia. No compartimos la asociación entre polarización e identificación partidista con el sentimiento de eficacia política externa, cuyas causas habría que buscar en los determinantes de la desafección política. El hecho de percibir la política como un campo de batalla incrementará la desafección y alejará a la ciudadanía de la política (Aldrich, 2012; Megías y Moreno, 2022). Al fin y al cabo, si los hubiera, «los efectos positivos de la polarización dependerían del buen funcionamiento de la democracia en los países amenazados por los posibles efectos negativos de la polarización» (Russo, Franklin y Beyens, 2023). Si bien compartimos la concepción no lineal de la relación polarización apoyo democrático de Janssen y Turkenburg (2024), algo subrayado también para el caso de la polarización ideológica (Torcal y Magalhães, 2022), sostenemos que el análisis de niveles moderados de polarización y apoyo democrático, en este caso, han de realizarse, en primer lugar, sobre la base de la preferencia directa por un sistema no democrático (como justificamos más adelante) y, en segundo, analizando su interacción con otras variables relevantes, tales como la ideología y la edad.</texto><texto>En este sentido, es importante considerar la interacción entre la polarización y la ideología. Investigaciones previas (Dalton, 2008; Hetherington, 2008) han demostrado que la polarización ideológica puede exacerbar los efectos negativos de la polarización afectiva en el apoyo democrático, al tiempo que se incrementa el apoyo a partidos populistas de extrema derecha (Inglehart y Norris, 2017; Brug et al., 2021; Torcal y Magalhães, 2022). El discurso radicalizado de estos partidos estaría favoreciendo el desarrollo de actitudes antiliberales en el electorado (Carey et al., 2022; Fossati, Muhtadi y Warburton, 2022; Svolik et al., 2023; Kaftan y Gessler, 2024). La polarización, en definitiva, socava la capacidad ciudadana de control democrático, a la vez que privilegia la lealtad partidista sobre los principios democráticos.</texto><texto>Por otro lado, la edad se erige como un factor determinante en la relación entre la preferencia por alternativas no democráticas y la polarización. Así, se ha evidenciado que las cohortes más jóvenes tienden a mostrar niveles más bajos de apoyo a la democracia en comparación con las generaciones de mayor edad (Norris, 1999; Foa y Mounk, 2016), al tiempo que muestran también mayor propensión a la polarización (Foa y Mounk, 2016; Mounk, 2018). Todo ello probablemente contribuiría, por un lado, a explicar su escepticismo hacia la democracia y su apoyo a alternativas no democráticas (Belchior y Teixeira, 2024) y, por otro, podría explicar que una socialización en contextos de polarización política intensa lleve a que esta sea percibida entre los jóvenes como una característica inherente al sistema político, lo que disminuiría su valoración de la democracia como forma de gobierno. No obstante, se ha encontrado también que los mayores tenderían a apoyar la democracia en menor medida cuando se acercan hacia el final de sus vidas (Lechler y Sunde, 2019; Huang, 2023). A pesar de sus posibles diferencias políticas, tanto los jóvenes como los mayores creen que una distribución equitativa de los ingresos constituye una característica esencial de la democracia. En sociedades envejecidas, esta creencia hacia la igualdad económica impactaría negativamente en sus apoyos a la democracia. Sin embargo, en el caso español, es probable que, por las características de la cultura y la socialización políticas bajo la dictadura o su recuerdo, no se despliegue este efecto.</texto><texto>GRÁFICO 2.  Preferencia de régimen no democrático y polarización afectiva por cohortes de edad</texto><texto>￼</texto><texto>Fuente: Elaboración propia.</texto><texto>Nuestra variable dependiente central es la preferencia directa por un régimen no democrático. Su operacionalización parte del enunciado: «No me importaría vivir en un país poco democrático si me garantiza una mejor calidad de vida». Esta formulación busca capturar una dimensión específica del apoyo democrático que trasciende la adhesión normativa superficial a los principios democráticos. En lugar de interrogar directamente sobre la preferencia por la democracia como sistema político, se opta por incluir una afirmación que refleja la disposición individual a permutar atributos democráticos por unos supuestos beneficios tangibles en términos de bienestar material. Esta operacionalización permite concretar las concepciones abstractas sobre el término democracia y lo que quiera que signifique o entienda el encuestado por dicho concepto. Esta aproximación se alinea con la crítica planteada por Torcal y Magalhães (2023) respecto a la insuficiencia de las medidas basadas exclusivamente en el apoyo manifiesto a la democracia, las cuales pueden adolecer de problemas de consistencia interna y equivalencia entre culturas (Ariely y Davidov, 2011). Al centrarnos en la potencial aceptación de alternativas no democráticas bajo la condición de una mejora en la calidad de vida, se plantea un trade off que mitiga la deseabilidad social en la respuesta, evitando simultáneamente a los demócratas de encuesta (Dalton, 1994; Inglehart, 2003), al tiempo que se accede a un nivel más profundo y potencialmente menos idealizado del compromiso ciudadano con la democracia, explorando las posibles tensiones entre valores democráticos y consideraciones pragmáticas de bienestar individual. Como se ha visto para el caso de los votantes polarizados, que toleran tendencias autoritarias o intercambian principios democráticos por intereses económicos o partidistas (Svolik, 2019), el camino hacia el autoritarismo no se da mediante un rechazo explícito a la democracia, sino a través de la priorización de resultados tangibles sobre los procedimientos institucionales.</texto><texto>En síntesis, proponemos un modelo explicativo que contempla la preferencia por alternativas no democráticas en el marco de la interacción entre la polarización, la ideología y la edad para comprender mejor los determinantes del apoyo democrático en el contexto español. Este modelo permitiría superar las limitaciones de los enfoques unidimensionales y ofrecer una visión más matizada de la relación entre polarización y democracia. Además, consideramos esencial el caso de estudio dadas las particularidades de una cultura política como la española, caracterizada por la antipolítica, como un factor que podría modular la relación entre alternativas no democráticas y la polarización afectiva.</texto><texto>﻿Metodología, datos y estimación</texto><texto>﻿Preferencia por un régimen no democrático</texto><texto>Nuestra variable dependiente central es la preferencia directa por un régimen no democrático. Su operacionalización parte del enunciado: «No me importaría vivir en un país poco democrático si me garantiza una mejor calidad de vida». Esta formulación busca capturar una dimensión específica del apoyo democrático que trasciende la adhesión normativa superficial a los principios democráticos. En lugar de interrogar directamente sobre la preferencia por la democracia como sistema político, se opta por incluir una afirmación que refleja la disposición individual a permutar atributos democráticos por unos supuestos beneficios tangibles en términos de bienestar material. Esta operacionalización permite concretar las concepciones abstractas sobre el término democracia y lo que quiera que signifique o entienda el encuestado por dicho concepto. Esta aproximación se alinea con la crítica planteada por Torcal y Magalhães (2023) respecto a la insuficiencia de las medidas basadas exclusivamente en el apoyo manifiesto a la democracia, las cuales pueden adolecer de problemas de consistencia interna y equivalencia entre culturas (Ariely y Davidov, 2011). Al centrarnos en la potencial aceptación de alternativas no democráticas bajo la condición de una mejora en la calidad de vida, se plantea un trade off que mitiga la deseabilidad social en la respuesta, evitando simultáneamente a los demócratas de encuesta (Dalton, 1994; Inglehart, 2003), al tiempo que se accede a un nivel más profundo y potencialmente menos idealizado del compromiso ciudadano con la democracia, explorando las posibles tensiones entre valores democráticos y consideraciones pragmáticas de bienestar individual. Como se ha visto para el caso de los votantes polarizados, que toleran tendencias autoritarias o intercambian principios democráticos por intereses económicos o partidistas (Svolik, 2019), el camino hacia el autoritarismo no se da mediante un rechazo explícito a la democracia, sino a través de la priorización de resultados tangibles sobre los procedimientos institucionales.</texto><texto>￼</texto><texto>Donde p es el partido, i el individuo entrevistado y Simpatiaip la puntuación de agrado-desagrado asignada a cada partido p por el individuo i. Por su parte, Vp representa la proporción de votos de cada partido, medida como una proporción con un rango de 0 a 1 .</texto><texto>Una comprensión exhaustiva de la preferencia por regímenes no democráticos debe trascender los análisis centrados exclusivamente en factores institucionales o socioeconómicos, incorporando la influencia de predisposiciones psicológicas profundas, dado que todas las personas actúan en función de valores intensamente anclados en su subconsciente (Lasswell, 1930, 1948). La mente y el comportamiento de las personas, más allá de algunos atajos cognitivos, difieren de la visión de un individuo que toma decisiones de forma desapasionada y haciendo un cálculo racional de lo que le conviene (Westen, 2008). Así, las percepciones individuales, influenciadas por factores psicológicos y no solo por un cálculo objetivo de beneficios, son también cruciales para entender la participación y la satisfacción democrática (Seimel, 2024). Los valores y los marcos morales, más que los cálculos racionales, juegan un importante papel en los procesos actitudinales al vincular preferencias políticas con nociones de lo que es correcto e incorrecto (Clifford, 2019).</texto><texto>En este punto consideramos útil la visión de Lakoff (2016) sobre la política moral. Como se ha mencionado, en su teoría postula la existencia de dos modelos morales primarios que subyacen a las ideologías políticas: el modelo del padre estricto y el modelo del progenitor atento. El primero enfatiza la autoridad paterna, la disciplina, la autodisciplina y la protección del orden moral. En contraposición, el segundo se centra en la empatía, la responsabilidad hacia los demás y el fomento del desarrollo y la felicidad. En esta investigación tomamos en consideración dos variables, operacionalizadas a través del grado de acuerdo con las afirmaciones: «Quien no prospera en la vida es porque no se esfuerza lo suficiente» y «Tener éxito en la vida depende más del esfuerzo de cada uno que de la familia en la que ha nacido».</texto><texto>Nuestra variable dependiente central es la preferencia directa por un régimen no democrático. Su operacionalización parte del enunciado: «No me importaría vivir en un país poco democrático si me garantiza una mejor calidad de vida». Esta formulación busca capturar una dimensión específica del apoyo democrático que trasciende la adhesión normativa superficial a los principios democráticos. En lugar de interrogar directamente sobre la preferencia por la democracia como sistema político, se opta por incluir una afirmación que refleja la disposición individual a permutar atributos democráticos por unos supuestos beneficios tangibles en términos de bienestar material. Esta operacionalización permite concretar las concepciones abstractas sobre el término democracia y lo que quiera que signifique o entienda el encuestado por dicho concepto. Esta aproximación se alinea con la crítica planteada por Torcal y Magalhães (2023) respecto a la insuficiencia de las medidas basadas exclusivamente en el apoyo manifiesto a la democracia, las cuales pueden adolecer de problemas de consistencia interna y equivalencia entre culturas (Ariely y Davidov, 2011). Al centrarnos en la potencial aceptación de alternativas no democráticas bajo la condición de una mejora en la calidad de vida, se plantea un trade off que mitiga la deseabilidad social en la respuesta, evitando simultáneamente a los demócratas de encuesta (Dalton, 1994; Inglehart, 2003), al tiempo que se accede a un nivel más profundo y potencialmente menos idealizado del compromiso ciudadano con la democracia, explorando las posibles tensiones entre valores democráticos y consideraciones pragmáticas de bienestar individual. Como se ha visto para el caso de los votantes polarizados, que toleran tendencias autoritarias o intercambian principios democráticos por intereses económicos o partidistas (Svolik, 2019), el camino hacia el autoritarismo no se da mediante un rechazo explícito a la democracia, sino a través de la priorización de resultados tangibles sobre los procedimientos institucionales.</texto><texto>﻿Variables independientes: polarización afectiva y marcos morales</texto><texto>Aquí empleamos la operacionalización de la polarización afectiva propuesta por Wagner (2021), habida cuenta de su utilidad en contextos multipartidistas como el español. Se evita de este modo infraponderar a los partidos más pequeños en porcentaje de voto, calculando la polarización afectiva como la diferencia del afecto medio ponderado de un partido en comparación con el afecto medio ponderado del partido de cada encuestado . La ecuación quedaría como sigue:</texto><texto>Ambas capturan la adhesión a valores de disciplina, jerarquía y una distinción clara entre el bien y el mal. Las personas con una fuerte interiorización de estos principios podrían mostrar una mayor predisposición hacia regímenes que encarnen estas características. La inclusión de estas variables explicativas facilita una comprensión más profunda de las raíces psicológicas de la preferencia por sistemas de gobierno no democráticos. Especialmente en su vertiente pragmática, el modelo del padre estricto incluye la idea del interés moral propio, donde buscar la propia prosperidad se considera moral, asumiendo que esto contribuye al bienestar general  una idea tomada de Adam Smith . Desde esta perspectiva, la forma de gobierno (democrática o no) podría considerarse secundaria si un sistema no democrático se percibe como más eficaz para garantizar una mejor calidad de vida individual. La atención se centra así en los resultados tangibles en lugar de en los procesos políticos. En este contexto, no es de extrañar que haya líderes que exploten esta mentalidad individualista argumentando que las normas democráticas que buscan la igualdad o la protección social son obstáculos para la libertad y la autosuficiencia individual (Lakoff, 2016). Lo anterior intensificaría la propia polarización afectiva con base en la percepción de que el «otro» no solo está equivocado políticamente, sino que también lo está en términos morales.</texto><texto>En conjunto, al abordar tanto las raíces psicológicas individuales como las dinámicas intergrupales, tanto los indicadores de polarización afectiva, como el marco conceptual del padre estricto, pueden superarse las limitaciones de los enfoques unidimensionales y capturar la complejidad de las actitudes ciudadanas hacia la democracia y sus alternativas.</texto><texto>Adicionalmente, el análisis incluye otras variables de control tratadas por la literatura: sociodemográficas (sexo, edad, nivel educativo), económicas (ingresos, clase social subjetiva) y políticas (ideología y sentimiento nacionalista  como ítem polarizante ). Los ANEXOs proporcionan información complementaria relativa a la formulación de las preguntas y estadísticos descriptivos.</texto><texto>﻿Datos</texto><texto>Para la realización de este estudio empleamos el Barómetro CIS sobre Ideología y polarización ECIS 3480. La realización de la encuesta en octubre de 2024 nos ofrece los datos más amplios (n = 3928) y recientes sobre el objeto de investigación. </texto><texto>﻿Análisis</texto><texto>Dadas las características de la variable dependiente, lo esperable sería plantear un modelo logístico para el hecho de tener vs. no tener preferencia por un régimen autoritario. Nótese, sin embargo, que la relación entre polarización afectiva y apoyo democrático no es lineal, sino negativamente curvilínea (Janssen y Turkenburg, 2024). Nuestro estudio se hace eco de estos precedentes, pero modifica su enfoque hacia las manifestaciones directas de preferencias por regímenes no democráticos. Para ello utilizamos un modelo aditivo generalizado (GAM, en inglés). El análisis GAM nos permite estimar términos suavizados en lugar de paramétricos para las tres variables de interés (edad, polarización e ideología), calculando los coeficientes para una serie de funciones básicas que pueden dar lugar a una relación más compleja que una mera relación lineal, como postula la literatura previa y nuestros descriptivos (Ross, 2026). Las relaciones suaves que se estiman en el análisis GAM adoptan variedad de formas totalmente determinadas por los datos.</texto><texto>En este punto consideramos útil la visión de Lakoff (2016) sobre la política moral. Como se ha mencionado, en su teoría postula la existencia de dos modelos morales primarios que subyacen a las ideologías políticas: el modelo del padre estricto y el modelo del progenitor atento. El primero enfatiza la autoridad paterna, la disciplina, la autodisciplina y la protección del orden moral. En contraposición, el segundo se centra en la empatía, la responsabilidad hacia los demás y el fomento del desarrollo y la felicidad. En esta investigación tomamos en consideración dos variables, operacionalizadas a través del grado de acuerdo con las afirmaciones: «Quien no prospera en la vida es porque no se esfuerza lo suficiente» y «Tener éxito en la vida depende más del esfuerzo de cada uno que de la familia en la que ha nacido».</texto><texto>Ambas capturan la adhesión a valores de disciplina, jerarquía y una distinción clara entre el bien y el mal. Las personas con una fuerte interiorización de estos principios podrían mostrar una mayor predisposición hacia regímenes que encarnen estas características. La inclusión de estas variables explicativas facilita una comprensión más profunda de las raíces psicológicas de la preferencia por sistemas de gobierno no democráticos. Especialmente en su vertiente pragmática, el modelo del padre estricto incluye la idea del interés moral propio, donde buscar la propia prosperidad se considera moral, asumiendo que esto contribuye al bienestar general  una idea tomada de Adam Smith . Desde esta perspectiva, la forma de gobierno (democrática o no) podría considerarse secundaria si un sistema no democrático se percibe como más eficaz para garantizar una mejor calidad de vida individual. La atención se centra así en los resultados tangibles en lugar de en los procesos políticos. En este contexto, no es de extrañar que haya líderes que exploten esta mentalidad individualista argumentando que las normas democráticas que buscan la igualdad o la protección social son obstáculos para la libertad y la autosuficiencia individual (Lakoff, 2016). Lo anterior intensificaría la propia polarización afectiva con base en la percepción de que el «otro» no solo está equivocado políticamente, sino que también lo está en términos morales.</texto><texto>GRÁFICO 3.  Efecto parcial predictores sobre la preferencia por un régimen no democrático</texto><texto>￼</texto><texto>Fuente: Elaboración propia.</texto><texto>Como puede apreciarse en el gráfico 3, las variables de interés (sobre las que hemos planteado nuestras hipótesis  ideología, polarización afectiva y edad ) aparentemente presentan relaciones no lineales con respecto a la preferencia por regímenes no democráticos, lo que justifica la necesidad de abordar esta tipología de análisis. </texto><texto>﻿Resultados</texto><texto>Los resultados del análisis GAM se encuentran en la tabla 1 y en el gráfico 4 de efectos fijos. La primera parte muestra los coeficientes paramétricos, esto es, los coeficientes de los términos lineales incluidos en el modelo. Se observa así que ser hombre se asocia con una mayor preferencia por regímenes no democráticos. El coeficiente negativo para el nivel de ingresos sugiere que, a mayores ingresos, menor es la preferencia por el autoritarismo, igual que, a mayor clase socioeconómica percibida, menor preferencia por un régimen no democrático, si bien la significatividad es débil. En cuanto a las variables explicativas relacionadas con la moral del padre estricto (indValues_1 e indValues_2), encontramos que mayores creencias sobre el mérito y la responsabilidad individual quedan asociadas con una mayor preferencia por un sistema de gobierno no democrático (H2).</texto><texto>Dadas las características de la variable dependiente, lo esperable sería plantear un modelo logístico para el hecho de tener vs. no tener preferencia por un régimen autoritario. Nótese, sin embargo, que la relación entre polarización afectiva y apoyo democrático no es lineal, sino negativamente curvilínea (Janssen y Turkenburg, 2024). Nuestro estudio se hace eco de estos precedentes, pero modifica su enfoque hacia las manifestaciones directas de preferencias por regímenes no democráticos. Para ello utilizamos un modelo aditivo generalizado (GAM, en inglés). El análisis GAM nos permite estimar términos suavizados en lugar de paramétricos para las tres variables de interés (edad, polarización e ideología), calculando los coeficientes para una serie de funciones básicas que pueden dar lugar a una relación más compleja que una mera relación lineal, como postula la literatura previa y nuestros descriptivos (Ross, 2026). Las relaciones suaves que se estiman en el análisis GAM adoptan variedad de formas totalmente determinadas por los datos.</texto><texto>Como puede apreciarse en el gráfico 3, las variables de interés (sobre las que hemos planteado nuestras hipótesis  ideología, polarización afectiva y edad ) aparentemente presentan relaciones no lineales con respecto a la preferencia por regímenes no democráticos, lo que justifica la necesidad de abordar esta tipología de análisis. </texto><texto>TABLA 1.  Resultados modelo GAM preferencia autoritarismo (interacción edad polarización afectiva)</texto><texto> </texto><table><tbody><tr><td><p>Coeficientes paramétricos:</p></td><td></td><td></td><td></td><td></td><td></td></tr><tr><td></td><td><p>Estimate</p></td><td><p>Std. Error</p></td><td><p>z value</p></td><td><p>Pr(&gt;|z|)</p></td><td></td></tr><tr><td><p>(Intercept)</p></td><td><p>-1,86E+03</p></td><td><p>2,28E+02</p></td><td><p>-8,151</p></td><td><p>3,61e-16</p></td><td><p>***</p></td></tr><tr><td><p>Factor (SEXOREC)1</p></td><td><p>2,08E+02</p></td><td><p>1,21E+02</p></td><td><p>1,727</p></td><td><p>0,084195</p></td><td><p>.</p></td></tr><tr><td><p>Factor (ESTUDIOS SUPERIORES)1</p></td><td><p>-6,23E+02</p></td><td><p>1,26E+02</p></td><td><p>-4,966</p></td><td><p>6,82e-07</p></td><td><p>***</p></td></tr><tr><td><p>INCOME</p></td><td><p>-2,24E-01</p></td><td><p>5,92E-02</p></td><td><p>-3,782</p></td><td><p>0,000155</p></td><td><p>***</p></td></tr><tr><td><p>CLASESOCREC</p></td><td><p>-4,16E+01</p></td><td><p>5,10E+01</p></td><td><p>-0,815</p></td><td><p>0,415138</p></td><td></td></tr><tr><td><p>indValues_1</p></td><td><p>6,02E+02</p></td><td><p>2,07E+02</p></td><td><p>2,907</p></td><td><p>0,003644</p></td><td><p>**</p></td></tr><tr><td><p>indValues_2</p></td><td><p>6,21E+02</p></td><td><p>2,18E+02</p></td><td><p>2,845</p></td><td><p>0,004439</p></td><td><p>**</p></td></tr><tr><td><p>NATIONALISTSENT</p></td><td><p>4,07E+01</p></td><td><p>1,61E+02</p></td><td><p>0,252</p></td><td><p>0,800929</p></td><td></td></tr><tr><td><p>---</p></td><td></td><td></td><td></td><td></td><td></td></tr><tr><td><p>Signif. codes: *** p &lt; 0,001, ** p &lt; 0,01, * p &lt; 0,05, &amp;apos;.&amp;apos; p &lt; 0,1)</p></td></tr><tr><td></td><td></td><td></td><td></td><td></td><td></td></tr><tr><td><p>Significatividad de los efectos no lineales:</p></td><td></td><td></td><td></td></tr><tr><td></td><td><p>edf</p></td><td><p>Ref.df</p></td><td><p>Chi.sq</p></td><td><p>p-value</p></td><td></td></tr><tr><td><p>S (IDEOLOGIA)</p></td><td><p>4.930</p></td><td><p>5.867</p></td><td><p>16.145</p></td><td><p>0,01162</p></td><td><p>*</p></td></tr><tr><td><p>S (IDEOLOGIA, Pol_Afectiva)</p></td><td><p>3.067</p></td><td><p>27.000</p></td><td><p>6.460</p></td><td><p>0,00991</p></td><td><p>**</p></td></tr><tr><td><p>S (EDADREC, Pol_Afectiva)</p></td><td><p>2.126</p></td><td><p>27.000</p></td><td><p>9.082</p></td><td><p>0,00214</p></td><td><p>**</p></td></tr><tr><td><p>s(EDADREC)</p></td><td><p>1,001</p></td><td><p>1,001</p></td><td><p>1,284</p></td><td><p>0,25719</p></td><td></td></tr><tr><td><p>s(Pol_Afectiva)</p></td><td><p>2,800</p></td><td><p>3,457</p></td><td><p>17,210</p></td><td><p>0,00140</p></td><td><p>**</p></td></tr><tr><td><p>---</p></td><td></td><td></td><td></td><td></td><td></td></tr><tr><td><p>Signif. codes: *** p &lt; 0,001, ** p &lt; 0,01, * p &lt; 0,05, &amp;apos;.&amp;apos; p &lt; 0,1)</p></td><td></td><td></td><td></td></tr><tr><td><p>R-sq.(adj.) =  0,135   Deviance explained = 15,4 %</p></td><td></td><td></td><td></td></tr><tr><td><p>UBRE = -0,23027  Scale est. = 1         n = 2760</p></td><td></td><td></td><td></td></tr></tbody></table><texto>Fuente: Elaboración propia.</texto><texto>La segunda parte del modelo muestra y evalúa la significatividad de los efectos no lineales. El efecto no lineal de la ideología con un valor de Chi-cuadrado de 16 145 y un valor p significativo (&lt; 0,05 *), sugiere que la relación entre la ideología y la preferencia por el autoritarismo no es lineal y está bien capturada por la función de suavizado, tal como se apreciaba ya gráficamente, siendo el edf 4930, lo que viene a indicar una relación compleja . Del mismo modo, la relación entre la polarización afectiva y la preferencia por el autoritarismo es igualmente compleja y no lineal, con una elevada significatividad (** p &lt; 0,01). Finalmente, la edad, que también presentaba gráficamente una relación no lineal apuntala este extremo, aunque no es significativa cuando se la considera por separado.</texto><texto>Los resultados del análisis GAM se encuentran en la tabla 1 y en el gráfico 4 de efectos fijos. La primera parte muestra los coeficientes paramétricos, esto es, los coeficientes de los términos lineales incluidos en el modelo. Se observa así que ser hombre se asocia con una mayor preferencia por regímenes no democráticos. El coeficiente negativo para el nivel de ingresos sugiere que, a mayores ingresos, menor es la preferencia por el autoritarismo, igual que, a mayor clase socioeconómica percibida, menor preferencia por un régimen no democrático, si bien la significatividad es débil. En cuanto a las variables explicativas relacionadas con la moral del padre estricto (indValues_1 e indValues_2), encontramos que mayores creencias sobre el mérito y la responsabilidad individual quedan asociadas con una mayor preferencia por un sistema de gobierno no democrático (H2).</texto><texto>GRÁFICO 4.  Coeficientes de efectos fijos sobre la preferencia por un régimen no democrático</texto><texto>￼</texto><texto>Fuente: Elaboración propia.</texto><texto>Las interacciones entre edad y polarización afectiva, de una parte, y entre ideología y polarización, de otra, apuntan a la existencia de relaciones complejas para el caso de la primera y algo más simples para la segunda. La forma más adecuada de observar dichas relaciones es gráficamente. Los gráficos 5 y 6 muestran estas interacciones. La interacción significativa entre la edad y la polarización afectiva sugiere que el efecto de la edad en la preferencia por un régimen no democrático varía dependiendo del nivel de polarización afectiva y viceversa. El gráfico 5 permite entender la naturaleza específica de esta interacción.</texto><texto>La edad por sí sola no mostraba apenas un efecto consistente, pero su influencia varía significativamente cuando se combina con el nivel de polarización afectiva. En personas con baja polarización, la preferencia por un régimen no democrático tiende a disminuir con la edad, mientras que con polarización moderada se observa un aumento de entre un 0,15 y un 0,25 de probabilidad, que se mantiene con la edad. En contraste, una alta polarización en individuos jóvenes se asocia generalmente con una menor preferencia. La relación más compleja, por tanto, se observa en niveles bajos y moderados de polarización afectiva, donde la edad parece tener un impacto no lineal más pronunciado sobre la preferencia autoritaria.</texto><texto>El gráfico 6 da cuenta de la interacción ideología-polarización afectiva sobre la probabilidad de preferir un régimen no democrático en determinadas circunstancias. El gráfico muestra áreas claras (las de mayor probabilidad marginal) tanto con baja como alta polarización afectiva en niveles ideológicos de extrema derecha. Sin embargo, niveles bajos de polarización afectiva, en combinación con autoubicaciones a la izquierda del espectro (extrema izquierda) también se asocian con probabilidades algo elevadas de preferir un régimen autoritario (áreas gris claro). En cualquier caso, debe hacerse notar que una polarización elevada por sí sola no representa mayores preferencias por regímenes no democráticos; algo que solo ocurre en el caso de coincidencia con autoposicionamientos de derecha y extrema derecha.</texto><texto>La segunda parte del modelo muestra y evalúa la significatividad de los efectos no lineales. El efecto no lineal de la ideología con un valor de Chi-cuadrado de 16 145 y un valor p significativo (&lt; 0,05 *), sugiere que la relación entre la ideología y la preferencia por el autoritarismo no es lineal y está bien capturada por la función de suavizado, tal como se apreciaba ya gráficamente, siendo el edf 4930, lo que viene a indicar una relación compleja . Del mismo modo, la relación entre la polarización afectiva y la preferencia por el autoritarismo es igualmente compleja y no lineal, con una elevada significatividad (** p &lt; 0,01). Finalmente, la edad, que también presentaba gráficamente una relación no lineal apuntala este extremo, aunque no es significativa cuando se la considera por separado.</texto><texto>Ahora bien, ¿qué ocurre cuando se lleva a cabo una interacción más compleja entre estas variables con relaciones de no linealidad?</texto><texto>Las interacciones entre edad y polarización afectiva, de una parte, y entre ideología y polarización, de otra, apuntan a la existencia de relaciones complejas para el caso de la primera y algo más simples para la segunda. La forma más adecuada de observar dichas relaciones es gráficamente. Los gráficos 5 y 6 muestran estas interacciones. La interacción significativa entre la edad y la polarización afectiva sugiere que el efecto de la edad en la preferencia por un régimen no democrático varía dependiendo del nivel de polarización afectiva y viceversa. El gráfico 5 permite entender la naturaleza específica de esta interacción.</texto><texto>GRÁFICO 6.  Probabilidades de preferencia de régimen no democrático (interacción ideología-polarización afectiva)</texto><texto>￼</texto><texto>Fuente: Elaboración propia.</texto><texto>GRÁFICO 5.  Probabilidades de preferencia de régimen no democrático (interacción edad-polarización afectiva)</texto><texto>￼</texto><texto>Fuente: Elaboración propia.</texto><texto>Este estudio partía de la pregunta de si el aumento de la preferencia por regímenes autoritarios en determinadas circunstancias se encuentra relacionado con el nivel de polarización creciente en las democracias contemporáneas. Los resultados del análisis indican que la polarización afectiva influye sobre la preferencia por sistemas no democráticos. Se trata de una cuestión previamente señalada en otros estudios para el caso de la polarización ideológica (Torcal y Magalhães, 2022). Este trabajo confirma este extremo para el caso de la polarización afectiva, cuando se da en combinación con posiciones ideológicas de derecha y extrema derecha (confirmándose parcialmente H1).</texto><texto>Igualmente, se ha comprobado que edad y polarización muestran una relación compleja (confirmándose H3). Las personas jóvenes muestran mayor disposición a permutar valores democráticos, siempre y cuando eso mejore su bienestar.</texto><texto>Este hallazgo remite al debate en torno a los valores posmaterialistas (Inglehart, 1998), al hacer referencia a la tensión entre libertad/autonomía y seguridad/materialismo y su relación con la explicación del apoyo a partidos de corte nacional-populista o de extrema derecha (Lagares, Pereira y Jaráiz, 2024) vinculados con la preferencia por regímenes menos democráticos; o del llamado «postmaterialismo inverso»   (Bornschier, 2010; Inglehart y Norris, 2017) como parte de las teorías sobre el surgimiento de la derecha populista.</texto><texto>En este sentido, el resultado de que las personas jóvenes muestren una mayor disposición a permutar valores democráticos, siempre y cuando ello implique mejoras materiales, puede relacionarse con la influencia del contexto de socialización de estas cohortes generacionales. El impacto de la crisis económica de 2008, o de la crisis pandémica, conforman un escenario de percepción del fin del «ascensor social», de crisis habitacional cronificada y la paralela postergación de la edad de emancipación del domicilio familiar. Este contexto puede explicar una mayor disposición a permutar principios democráticos por opciones políticas con las que se percibe que existiría una mejora en las condiciones materiales.</texto><texto>El gráfico 6 da cuenta de la interacción ideología-polarización afectiva sobre la probabilidad de preferir un régimen no democrático en determinadas circunstancias. El gráfico muestra áreas claras (las de mayor probabilidad marginal) tanto con baja como alta polarización afectiva en niveles ideológicos de extrema derecha. Sin embargo, niveles bajos de polarización afectiva, en combinación con autoubicaciones a la izquierda del espectro (extrema izquierda) también se asocian con probabilidades algo elevadas de preferir un régimen autoritario (áreas gris claro). En cualquier caso, debe hacerse notar que una polarización elevada por sí sola no representa mayores preferencias por regímenes no democráticos; algo que solo ocurre en el caso de coincidencia con autoposicionamientos de derecha y extrema derecha.</texto><texto>Se observa, por tanto, que la probabilidad tiende a variar significativamente a lo largo del espectro ideológico, lo que indica que debemos tener muy en cuenta el papel crucial que la ideología juega en la relación entre polarización y preferencia por alternativas al sistema democrático.</texto><texto>﻿Discusión</texto><texto>Aunque sigue siendo menor, el porcentaje de personas que no vería con malos ojos un gobierno autoritario en determinadas circunstancias va progresivamente en aumento (véase gráfico 1). Este ascenso paulatino podría actuar como indicador de una normalización sorda, pero progresiva, hacia el autoritarismo o, al menos, hacia tolerancias o indiferencias en cuanto a la forma del régimen político en una suerte de intercambio con elementos de seguridad y bienestar. Cuando el sistema político es incapaz de resolver los problemas de la ciudadanía y las personas se sienten desamparadas respecto a la política, los valores democráticos pueden ser elementos permutables.</texto><texto>Este estudio partía de la pregunta de si el aumento de la preferencia por regímenes autoritarios en determinadas circunstancias se encuentra relacionado con el nivel de polarización creciente en las democracias contemporáneas. Los resultados del análisis indican que la polarización afectiva influye sobre la preferencia por sistemas no democráticos. Se trata de una cuestión previamente señalada en otros estudios para el caso de la polarización ideológica (Torcal y Magalhães, 2022). Este trabajo confirma este extremo para el caso de la polarización afectiva, cuando se da en combinación con posiciones ideológicas de derecha y extrema derecha (confirmándose parcialmente H1).</texto><texto>Estas interacciones complejas, reveladas por los términos suavizados del GAM y visualizadas en los gráficos, sugieren que tanto la edad como la ideología actúan como moduladores claves en la influencia de la polarización afectiva en las actitudes autoritarias. Mantener el modelo relativamente simple nos ha permitido enfocarnos en estas relaciones interactivas, que podrían oscurecerse en un modelo de mayor complejidad con predictores adicionales. En consecuencia, aunque existe cierta limitación en la varianza explicada, consideramos que la ganancia en claridad conceptual y la identificación de estos mecanismos cruciales justifican el mantenimiento de la parsimonia del modelo en esta primera etapa del acercamiento al análisis de la polarización afectiva como un factor activo en la configuración de actitudes políticas antidemocráticas. No obstante, futuras líneas de investigación podrían integrar un mayor número de términos explicativos de la preferencia por el autoritarismo.</texto><texto>En definitiva, el aporte fundamental del artículo  la polarización afectiva influye sobre la preferencia por sistemas no democráticos , y, en concreto, la mayor disposición de los jóvenes a la permuta de principios democráticos, apuntan hacia un riesgo serio y contrastado de aumento de actitudes antidemocráticas ligadas al aumento de la polarización afectiva en las democracias contemporáneas. Lo anterior incide en la necesidad de avanzar en esta línea de investigación, dada su relevancia en términos de calidad y sostenimiento de la democracia.</texto><texto>﻿Bibliografía</texto><texto>Abramowitz, Alan I. (2010). The disappearing center: engaged citizens, polarization, and American democracy. New Haven: Yale University Press.</texto><texto>Abramowitz, Alan I. (2015). The New American Electorate: Partisan, Sorted, and Polarized. En: Thurber, James A. y Yoshinaka, Antoine (eds.). American Gridlock: The Sources, Character, and Impact of Political Polarization (pp. 19-44). Cambridge: Cambridge University Press. doi: 10.1017/CBO9781316287002.003</texto><texto>En este sentido, el resultado de que las personas jóvenes muestren una mayor disposición a permutar valores democráticos, siempre y cuando ello implique mejoras materiales, puede relacionarse con la influencia del contexto de socialización de estas cohortes generacionales. El impacto de la crisis económica de 2008, o de la crisis pandémica, conforman un escenario de percepción del fin del «ascensor social», de crisis habitacional cronificada y la paralela postergación de la edad de emancipación del domicilio familiar. Este contexto puede explicar una mayor disposición a permutar principios democráticos por opciones políticas con las que se percibe que existiría una mejora en las condiciones materiales.</texto><texto>Estos resultados pueden contribuir a abrir un espacio de reflexión sobre la relación edad-polarización y la eficacia de los sistemas democráticos en contextos neoliberales, donde la utilidad de las políticas públicas queda cuestionada por su capacidad para resolver los problemas que experimentan los sectores poblacionales de menor y mayor edad  y en mucha mayor medida la juventud , algo además alimentado por fuerzas y discursos populistas en arenas de intensa polarización afectiva.</texto><texto>Respecto a las limitaciones identificadas en el análisis realizado, si bien la proporción de varianza explicada (R-cuadrado ajustado) es modesta, lo que indica que otros factores no incluidos en el modelo también podrían influir en la preferencia por el autoritarismo, nuestro modelo se ha mantenido deliberadamente sencillo  parsimonioso  con el objetivo de aislar y comprender las relaciones no lineales y la interacción crucial entre la edad y la polarización afectiva, así como entre la ideología y la polarización afectiva, en la formación de actitudes favorables o proclives hacia el retroceso democrático. Específicamente, hemos contrastado que el efecto de la edad en la preferencia por el autoritarismo no es uniforme, sino que varía significativamente según el nivel de polarización afectiva del individuo. De manera similar, la relación entre la preferencia por el autoritarismo y la polarización afectiva se complica en su relación con la ideología, observándose altas probabilidades de preferencia autoritaria no solo en la extrema derecha –aunque mucho mayores– sino también en autoubicaciones de extrema izquierda en combinación con niveles bajos de polarización. Sin embargo, observamos un efecto mucho más elevado del efecto polarizador cuando se combina con auto ubicaciones de derecha y extrema derecha.</texto><texto>Dalton, Russell J. (2008). Citizen politics. Public opinion and political parties in advanced industrial democracies. SAGE Publications. (6.ª ed.).</texto><texto>Druckman, James N.; Green, Donald P. e Iyengar, Shanto (2023). «Does Affective Polarization Contribute to Democratic Backsliding in America?». Annals of the American Academy of Political and Social Science, 708(1): 137-163. doi: 10.1177/00027162241228952</texto><texto>Erisen, Cengiz (2017). Political Behavior and the Emotional Citizen: Participation and Reaction in Turkey. London: Palgrave Macmillan UK.</texto><texto>Foa, Roberto S. y Mounk, Yascha (2016). «The Democratic Disconnect». Journal of Democracy, 27(3): 5-17. doi: 10.1353/jod.2016.0049</texto><texto>Foa, Roberto S. y Mounk, Yascha (2017). «The Signs of Deconsolidation». Journal of Democracy, 28(1): 5-15. doi: 10.1353/jod.2017.0000</texto><texto>Fossati, Diego; Muhtadi, Burhanuddin y Warburton, Eve (2022). «Why Democrats Abandon Democracy: Evidence From Four Survey Experiments». Party Politics, 28(3): 554-566. doi: 10.1177/1354068821992488</texto><texto>Fuchs, Dieter; Guidorossi, Giovanna y Svensson, Peter (1995). Support for the Democratic System. En: Klingemann, H. D. y Fuchs, D. (eds.). Citizens and the State. Oxford University Press.</texto><texto>Gessler, Theresa y Wunsch, Natasha (2025). «A New Regime Divide? Democratic Backsliding, Attitudes Towards Democracy and Affective Polarization». European Journal of Political Research: 1-25. doi: 10.1111/1475-6765.12751</texto><texto>Gidron, Noam; Adams, James y Horne, Will (2020). American Affective Polarization in Comparative Perspective. Cambridge University Press. doi: 10.1017/9781108914123</texto><texto>Graham, Matthew H. y Svolik, Milan W. (2020). «Democracy in America? Partisanship, Polarization, and the Robustness of Support for Democracy in the United States». American Political Science Review, 114(2): 392-409. doi: 10.1017/S0003055420000052</texto><texto>Hetherington, Marc J. (2008). 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Pearson.</texto><texto>Ariely, Gal y Davidov, Eldad (2011). «Can we Rate Public Support for Democracy in a Comparable Way? Cross-National Equivalence of Democratic Attitudes in the World Value Survey». Social Indicators Research, 104(2): 271-286. doi: 10.1007/s11205-010-9693-5</texto><texto>Belchior, Ana M. da C. y Teixeira, Conceição P. (2024). «Breaking with Mainstream Politics while Engaging with Polarized: Determinants of Young Europeans  Support for Democracy». Journal of Youth Studies, 27(7): 986-1005. doi: 10.1080/13676261.2023.2187693</texto><texto>Bornschier, Simon (2010). Cleavage Politics and the Populist Right. Temple University Press. Disponible en: http://www.jstor.org/stable/j.ctt14btchr, acceso 1 de mayo 2025.</texto><texto>Brewer, Mark D. y Stonecash, Jeffrey M. (2015). Polarization and the politics of personal responsibility. New York: Oxford University Press.</texto><texto>Broockman, David E.; Kalla, Joshua L. y Westwood, Sean J. (2023). «Does Affective Polarization Undermine Democratic Norms or Accountability? Maybe Not». American Journal of Political Science, 67(3): 808-828. doi: 10.1111/ajps.12719</texto><texto>Brug, Wouter van der; Popa, Sebastian; Hobolt, Sara B. y Schmitt, Hermann (2021). «Democratic Support, Populism, and the Incumbency Effect». Journal of Democracy, 32(4): 131-145. doi: 10.1353/jod.2021.0057</texto><texto>Campbell, James E. (2018). Polarized. Princeton University Press. doi: 10.2307/j.ctt1wf4cgv</texto><texto>Carey, John; Clayton, Katherine; Helmke, Gretchen; Nyhan, Brendan; Sanders, Mitchell y Stokes, Susan (2022). «Who Will Defend Democracy? Evaluating Tradeoffs in Candidate Support among Partisan Donors and Voters». Journal of Elections, Public Opinion and Parties, 32(1): 230-245. doi: 10.1080/17457289.2020.1790577</texto><texto>Clifford, Scott (2019). «How Emotional Frames Moralize and Polarize Political Attitudes». 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A.) que español/a» y 5 «Únicamente (gentilicio de C. A.)» recodificadas en una variable dicotómica (0-1) como «Nacionalistas no Españoles» (1) y «Resto» (0).</texto><texto>Fuente: Elaboración propia.</texto></revista>