<?xml version = "1.0" encoding = "UTF-8" ?><revista><revista> Revista Española de Investigaciones Sociológicas</revista><abreviado>REIS. Rev. Esp. Investig. Sociol</abreviado>undefined<doi>https://doi.org/10.5477/cis/reis</doi><anio>2026</anio><issn>0210-5233</issn><eissn>1988-5903</eissn><organismo>Centro de Investigaciones Sociológicas</organismo><pais>España</pais><http>https://reis.cis.es</http><texto>﻿Ensayo bibliográfico</texto><texto>Erosión de la democracia y autocratización: aproximaciones no apocalípticas</texto><texto>Pablo Oñate </texto><texto>Universidad de Valencia</texto><texto>El siglo xx mereció la denominación del «siglo de la democratización» por el número y calidad de sistemas políticos que adoptaron esta forma de gobierno en ese lapso temporal. Pese a las buenas perspectivas que cabía observar tras las diversas olas democráticas  en particular, la tercera , la tendencia cambió en la última década del mismo (Carothers, 2002). El primer cuarto del siglo xxi ha registrado, de forma global, la orientación contraria: un alto número de países –democracias liberales, democracias electorales, regímenes híbridos o autocracias competitivas o electorales– han experimentado o están experimentando procesos de erosión y de regresión en la calidad democrática de sus instituciones.</texto><texto>Las principales organizaciones que analizan y auditan empíricamente y con rigor la calidad de las democracias (Varieties of Democracy [V-Dem] Institute, Freedom House, Economist Intelligence Unit, IDEA International ), ofrecen reiterada evidencia que ha permitido hablar de una tercera ola autocratizadora de carácter global (Lührmann y Lindsberg, 2019): Líderes y partidos populistas o con estrategias populistas alcanzan el poder ejecutivo (y el legislativo) a través de medios democráticos pero  desde esas posiciones  proceden a erosionar las instituciones y procesos del sistema: restringen las libertades de ciudadanos y grupos así como los derechos de las minorías; expanden (aggrandize) sus competencias ejecutivas forzando las previsiones constitucionales y el Estado de derecho –modificándolas o transgrediéndolas (extendiendo sus poderes a costa de otras instituciones como el legislativo, la judicatura o autoridades independientes de supervisión política)–; debilitan o capturan esas instituciones supervisoras, anulando sus funciones y potencial control; cercenan la libertad de prensa y la crítica de los medios de comunicación, censurándolos o eliminándolos; restringen o anulan la capacidad de actuación de la oposición, debilitándola y persiguiendo penalmente a sus organizaciones y líderes; modifican –manipulando– las reglas electorales y las desvirtúan, aunque mantienen la celebración periódica de elecciones eliminando su carácter de procesos limpios e iguales… E implementan todas estas transformaciones de forma gradual, subrepticia –casi clandestina– y con una fachada o apariencia de legalidad democrática que los aleja claramente de las prácticas y usos de los dictadores y autócratas del pasado, mereciendo los de nuestro siglo la etiqueta de «spin dictators» o «nuevos autócratas» (Guriev y Treisman, 2022). </texto><texto>doi:10.5477/cis/reis.196. - </texto><texto> </texto><texto>El resultado, según los datos ofrecidos por esas organizaciones auditoras, es una erosión generalizada de los atributos democráticos de las instituciones políticas, provocando un deterioro, regresión, declive, des-democratización o, incluso, una ruptura democrática. Con una u otra denominación (Cassani y Tomini, 2018), se trata  por sus resultados  de verdaderos procesos de autocratización que suponen, cuando menos, el deterioro de la calidad democrática del respectivo sistema y su transformación –en el peor caso– en un régimen autoritario. La mayor parte de esas transformaciones se implementan aduciendo, precisamente, una necesaria mejora de las instituciones democráticas, para implantar una «verdadera» democracia y bajo el paraguas argumental del populismo y sus estrategias: eliminan las organizaciones de intermediación clásicas de la democracia liberal (que –se aduce– han pervertido el sistema y traicionado a la ciudadanía a la que se supone que representan); radicalizan y polarizan la competición con los partidos políticos tradicionales (que no siempre se mantienen ajenos a esa deriva); y polarizan afectivamente a las respectivas ciudadanías, entre las que encuentran, a la postre, un considerable apoyo en posteriores consultas populares. Esos procesos nos han devuelto, según la evidencia empírica ofrecida, al nivel de democracia en el mundo que había en 1978, antes del despliegue de los efectos de la tercera ola democratizadora. </texto><texto>Paralelamente, se ha desarrollado ya un nuevo y nutrido campo académico de estudio sobre la autocratización y el democratic backsliding. En la pasada década aparecieron un buen número de libros (y artículos académicos) que  provocativamente  anunciaban la muerte de la democracia liberal: entre otros, Levitsky y Ziblatt (How Democracies Die, 2018); Mounk (The People Vs. Democracy. Why Our Freedom is in Danger, 2018); Runciman (How Democracy Ends, 2017); o Galston (Anti-Pluralism. The Populist Threat to Liberal Democracy, 2018). Las revistas científicas han publicado un nutrido conjunto de artículos que analizan pormenorizada y empíricamente esas tendencias, su intensidad y distintos aspectos: causas, manifestaciones, mediciones, efectos  (véase el primer artículo en este número monográfico de la REIS).</texto><texto>Pero la fertilidad académica también ha producido otras contribuciones que, frente al alarmismo o pesimismo de esas obras mencionadas, defienden con convincente evidencia empírica la solidez de la mayor parte de los regímenes democráticos, relativizando el impacto efectivo que esa tendencia autocrática haya podido tener en la calidad, estabilidad y perdurabilidad de las democracias. A modo de ejemplo, en este estudio se analizarán someramente tres magníficas obras que asumen esta postura más optimista desde diferentes perspectivas. Sus autores alertan acerca de los riesgos y recomiendan seguir prestando atención a los peligros de la erosión autocrática. Pero continúan encontrando en las democracias liberales y sus ciudadanías mecanismos institucionales y actitudinales suficientemente sólidos para hacer frente con éxito a los embates autocráticos de quienes de forma gradual y subrepticia quieren acabar con ella.  </texto><texto>Democracy Erodes from the Top: Leaders, Citizens, and the Challenge of Populism in Europe</texto><texto>Bartels, Larry M. (Princeton, Princeton University Press, 2023)</texto><texto>El punto de partida de Larry Bartels en esta obra es su desacuerdo con quienes anuncian la muerte de las democracias: rechaza su alarmismo, su tono apocalíptico y lo que considera grandes exageraciones acerca del «peligro de colapso» de la democracia liberal. Se manifiesta convencido de que muchos de esos juicios no han tenido suficientemente en cuenta las actitudes y preferencias de los ciudadanos. Y ese es, precisamente, el objetivo de este libro: analizar la eventual crisis de la democracia a la luz de las opiniones y actitudes de los ciudadanos europeos, desde la convicción de que la mayor parte de las acciones que erosionan los sistemas políticos no son adoptadas ni desarrolladas por esos ciudadanos (ni se basan en sus actitudes), sino por líderes políticos con ambiciones poco respetuosas con la democracia liberal, como ya apuntara Nancy Bermeo en 2003 (pp. 221 y 222).</texto><texto>La hipótesis de la obra es que en la opinión pública europea y de países europeos (conjunta y separadamente) no se encuentran evidencias regularmente identificadas como sintomáticas de una crisis de la democracia, y que suelen entenderse originadas en la gran recesión o eurocrisis iniciada con la crisis financiera de 2008 (p. 6): Desafección económica, rechazo de la inmigración y de la integración europea, radicalismo y polarización ideológica, recelo y alejamiento de las elites políticas, y desafección con el funcionamiento de la democracia (o su substancial relación con el apoyo a partidos populistas de derecha radical). Para contrastar esa hipótesis Bartels analiza las actitudes de las ciudadanías de 23 países europeos, utilizando datos de la European Social Survey de distintas olas, entre los años 2002 y 2019. Y puede anticiparse que Bartels no encuentra en el análisis de las actitudes de la opinión pública apoyo empírico para sustentar que exista un declive democrático, lo que le permitirá concluir que la erosión que las democracias puedan estar experimentando se debe, principalmente, a la acción de las elites políticas: una «erosión desde arriba».</texto><texto>Los primeros capítulos de la obra están dedicados al análisis del impacto que pudieron tener las consecuencias de la gran recesión y de las políticas de austeridad implementadas para gestionarla en las actitudes políticas y sociales de los ciudadanos y, en particular, en las relativas a la inmigración, la integración europea, los servicios sociales y los objetivos del estado de bienestar. Sorprendentemente, tanto «funcional como políticamente, el estado de bienestar europeo emergió de la crisis en muy buena forma», en opinión de los ciudadanos europeos: Bartels registra un apoyo sostenido a los objetivos y políticas de ese estado de bienestar y a la integración europea, sin que la euro-crisis supusiera cambios en esas actitudes de la ciudadanía. Y la misma conclusión observa respecto del eventual cambio en las actitudes sobre la emigración, pese a los flujos continuados de emigrantes a países europeos y a la llamada «crisis de los refugiados» de 2015 y 2016. Pese al discurso negativo hacia la inmigración imperante en buena parte de los líderes y los medios de comunicación, las actitudes ciudadanas apenas cambiaron en el período observado o lo hicieron incrementándose las opiniones positivas y amigables hacia el fenómeno (gracias, en parte, al reemplazo generacional). Bartels solo encuentra más actitudes de rechazo en algún país conservador en el que prominentes líderes políticos nacionalistas habían desplegado intensas campañas antinmigración.</texto><texto>El análisis de actitudes de carácter más netamente político lleva a Bartels a similares conclusiones: en las dos décadas analizadas apenas se observan pocos y breves cambios en cuanto a la polarización ideológica, los niveles de confianza en las instituciones y en los líderes democráticos o del grado de satisfacción con el funcionamiento de la democracia: los valores se mantienen considerablemente estables a lo largo del tiempo, recuperándose rápidamente si en algún momento experimentaron una disminución. Se registran declives generalizados de estos niveles donde y cuando aflora la insatisfacción y desafección con la gestión de la economía. En todo caso, la frustración política ciudadana derivada de la crisis económica fue, principalmente, «modesta en magnitud y de corta duración», recuperándose rápidamente los niveles previos a la crisis cuando los nocivos efectos económicos de esta desaparecieron. La conclusión de este análisis empírico es contundente para Bartels: «si Europa está experimentando una crisis de la democracia, la mayor parte de los europeos no parecen haberse enterado» (pp. 145 y 13).</texto><texto>Constatado el escaso cambio en las actitudes político-democráticas básicas de la población, Bartels estudia su relación con la supuesta «explosión populista» u «ola populista» registrada globalmente  y, en particular, en Europa  en estas últimas décadas. Para analizarla, el autor estudia las bases del apoyo electoral a 16 partidos populistas de derecha radical europeos, en perspectiva longitudinal y en relación con las variables que suelen asociarse con la explicación del populismo, así como con la evolución de sus respectivos apoyos electorales. No encuentra evidencia para sustentar la relación entre las consecuencias de la crisis económica y el aumento del apoyo a partidos populistas de derecha radical. Según Bartels, los niveles de sentimiento populista de derechas no han experimentado variaciones sustanciales desde comienzos del siglo y los efectos de la euro-crisis «no inflamaron sus llamas» (p. 148). La conclusión es que, pese a lo que suelen transmitir los medios de comunicación, los porcentajes de voto logrados por estos partidos han sido, más bien, modestos y con pocas variaciones sustanciales, más allá de puntuales oscilaciones en uno u otro país. Estos datos llevan al autor a relativizar esa supuesta «explosión» y a negar la «ola populista» en Europa, así como a afirmar que el incremento en el apoyo a estos partidos y esa supuesta explosión no han estado impulsados por la demanda de derecha populista en la población, sino –en su caso– por la «creciente capacidad y la voluntad de actores populistas para movilizar y alimentar esa demanda» (p. 150), parcialmente desatendida (representation gaps) por las elites políticas tradicionales (p. 160). «La  ola populista  es reflejo, así, de cambios en el comportamiento de las elites políticas, no de variaciones en la opinión pública» (p. 150).</texto><texto>Bartels concluye el libro con un análisis de la relación entre el sentimiento populista de derecha en la población, el liderazgo político y la erosión de la democracia. Dada la regresión y el declive democráticos que sufrieron durante años, se centra en los casos húngaro y polaco para probar su hipótesis de que la democracia es erosionada «desde arriba» y que, a la postre  citando a Nancy Bermeo (2003: 221)  «la responsabilidad por la desaparición de la democracia recae, principalmente, en las elites políticas». En gran medida, esas elites erosionan las instituciones gradualmente tras haber logrado el poder por vías democráticas y propugnando una mejora de la debilitada calidad de la democracia  Es lo que Bartels llama –emulando a Stokes (2001)– illiberalism by surprise (p. 215). La cuestión radica, entonces, en dilucidar en qué medida las ciudadanías quieren o pueden seguir estando dispuestas a experimentar con «sorpresas» en relación con sus instituciones y procesos democráticos.</texto><texto>Democracy s Resilience to Populism’s Threat: Countering Global Alarmism</texto><texto>Weyland, Kurt (Cambridge, Cambridge University Press, 2024)</texto><texto>Como el título de su última obra indica, Kurt Weyland parte en ella de la hipótesis de que, pese a que el populismo puede suponer un grave riesgo para la propia existencia de la democracia, en la práctica no hay tantos motivos para el alarmismo, ya que  en términos globales  la democracia se está mostrando notablemente resiliente ante esa amenaza: el pluralismo liberal suele, en su opinión, manifestar considerable fortaleza institucional frente a esas derivas autocráticas tan extendidas en el mundo en nuestros días. </texto><texto>Para probar su hipótesis, Weyland adopta también una perspectiva comparada y analiza la deriva de sistemas políticos que en los últimos cuarenta años han sufrido los embates del populismo, casos en los que gobiernos y líderes populistas han provocado una considerable erosión y declive de las instituciones democráticas. </texto><texto>Frente a quienes adoptan una concepción ideacional del populismo (Mudde, 2007) y a quienes lo entienden como una (la) lógica política (Laclau, 2005), Weyland concibe el populismo como una estrategia política de movilización y organización (Weyland, 2001). Y esa estrategia política puede resultar, por su propia naturaleza, enormemente perniciosa para la democracia liberal: naturaleza antiliberal, antipluralista, contraria a los límites y equilibrios institucionales que la democracia impone al poder político, y a las garantías de derechos individuales y de las minorías. </texto><texto>No obstante, en opinión de Weyland, esa tendencia intrínseca de los populismos de diverso tipo no ha logrado de forma generalizada sus objetivos: esa amenaza  nos dice Weyland  tiene límites y constricciones externas, que han permitido a la mayor parte de sistemas políticos donde ha actuado sobrevivir a sus gobiernos o sobreponerse a los daños temporales que hubieran logrado imponer. Y ello se debe a que el populismo no puede crear libremente las condiciones necesarias para desarrollarse con éxito, imponiéndose a la democracia liberal. </texto><texto>En particular, para que el populismo logre sus propósitos deben darse  según el examen de los casos analizados por Weyland  dos tipos de condiciones restrictivas: debilidad institucional en el sistema político (que amplíe el margen de maniobra del autócrata) y circunstancias inusuales que le permitan lograr un apoyo electoral sustancial (bien resolviendo graves crisis económico-político-sociales o bien propiciando beneficios económicos políticamente dirigidos a buena parte de la población). Pero esas condiciones restrictivas («oportunidades coyunturales», las llama Weyland) son propiciadas y moldeadas por circunstancias objetivas, preexistentes, exógenas; y el líder populista solo puede percibirlas y aprovecharlas (acaso amplificando dramáticamente sus nocivos efectos), pero no crearlas a voluntad. Cuando existen, el líder populista tiene que tener la habilidad de utilizarlas adecuadamente para alcanzar sus propósitos, lo que no siempre le resultará fácil. Solo un pequeño número de los regímenes políticos en los que un líder ha intentado erosionar el sistema democrático se ha consolidado como regímenes autoritarios o autocráticos: la conclusión de Weyland es que el peligro de autocratización y de declive democrático es menor que el que otros autores habían anunciado, ya que –a la luz de su análisis– la democracia es considerablemente resiliente y no muere con facilidad.</texto><texto>La debilidad institucional puede surgir de varias fuentes: la forma de gobierno (presidencialista o parlamentaria, considerando que en la segunda un líder puede expandir [aggrandize] su poder con mucha más facilidad -y apariencia de legalidad  excediendo los límites legales de la división de poderes formal); un régimen de estructura federal, que abre otro tipo de oportunidades en distintas demarcaciones territoriales; un sistema electoral  inadecuadamente implementado o abiertamente manipulado; crisis derivadas de una corrupción sistémica, una fragmentación electoral perniciosa, etcétera. </texto><texto>Las circunstancias inusuales que supondrán una oportunidad para ensanchar su base de apoyo popular (y electoral) pueden venir dadas por una grave crisis económica (crisis de materias primas, hiperinflación, deslocalización ) o sanitaria (COVID-19), la derivada de un desastre natural y la gestión  eficaz o ineficaz  de sus consecuencias, unos elevados niveles de criminalidad e inseguridad, influencias internacionales (a las que Weyland también presta atención) o de cualesquiera otros contextos que generen malestar e inestabilidad social y política provocando en la población una extendida sensación de crisis e ingobernabilidad y que puedan permitir al líder populista presentarse como el «salvador del pueblo» y ampliar, así, de forma sustancial sus apoyos electorales.</texto><texto>Pero estas dos oportunidades coyunturales, concebidas como «condiciones necesarias», deben darse juntas, en opinión de Weyland: tienen que coincidir e interactuar. Solo su combinación podrá crear las condiciones suficientes para que el líder populista logre erosionar con eficacia y poner fin al régimen democrático. Y muchos sistemas políticos tienen mecanismos institucionales, políticos y sociales que atemperarán esas crisis, impidiendo que lleguen a convertirse en verdaderas oportunidades coyunturales para que los líderes populistas consigan sus propósitos poniendo fin al sistema democrático.</texto><texto>Weyland dedica varios capítulos específicos en el libro a analizar los casos de populismo neoliberal de derecha y de populismo bolivariano de izquierdas en Latinoamérica, de populismo tradicionalista de derechas en Europa, así como de populismo de derecha en Estados Unidos. La conclusión a la que le conduce ese análisis es que en raras ocasiones se dan simultáneamente esas «oportunidades coyunturales» adecuadas y en menos ocasiones aún los líderes populistas aciertan a utilizarlas o pueden aprovecharlas fructíferamente para sus propósitos. El populismo, de uno y otro tipo  por su naturaleza  es una peligrosa amenaza para la democracia. Pero esta manifiesta una considerable capacidad de resiliencia, que le ha permitido esquivar o superar esa amenaza, lo que –en definitiva– atenúa la pertinencia del alarmismo.</texto><texto>The Backsliders. Why Leaders Undermine Their Own Democracies</texto><texto>Stokes, Susan C. (Princeton, Princeton University Press, 2025)</texto><texto>(Hay traducción en español: Los regresores. Líderes que erosionan sus propias democracias. Madrid, Galaxia de Gutenberg, septiembre 2026)</texto><texto>La hipótesis principal del libro de Stokes es que la erosión contemporánea de la democracia está provocada por líderes que pretenden ampliar su poder a costa de las instituciones y procesos democráticos. Para ello, aprovechan determinadas circunstancias (principalmente, las consecuencias de la desigualdad económica  income inequality ) y se valen de estrategias de polarización (polarización ideológica y polarización afectiva) y de denigrar (trash-talking) las instituciones y los adversarios democráticos. Aborda el análisis de esos procesos de autocratización desde el fundamentado convencimiento de que esos procesos no han sido tan efectivos como frecuentemente se anuncia, en tanto la democracia persiste y aún existen amplias posibilidades y predisposición de frenar esa perniciosa tendencia. </texto><texto>Stokes conceptualiza la autocratización, siguiendo a Laebens (2023), como un proceso en el que presidentes o primeros ministros democráticamente elegidos incrementan (aggrandize) gradualmente su poder a costa del de otras instituciones políticas (legislativo, judicatura o agencias de supervisión), forzando  si no vulnerando  las previsiones constitucionales y debilitando los mecanismos de rendición de cuentas vertical, horizontal y social. Analiza los principales factores con los que se ha tratado de explicar estos procesos: consecuencias de la globalización en cuanto al incremento de la incertidumbre y la desigualdad económica y de ingresos, debilidad del marco institucional, transformaciones en los sistemas de medios de comunicación, creciente diversidad social y cambios culturales –de valores–, y modificaciones en los sistemas de partidos –y la aparición de nuevos partidos y líderes no convencionales–. </texto><texto>Con una perspectiva comparada, incluyendo casos de los cinco continentes, utiliza diversas fuentes rigurosas de datos para analizar el impacto de esos factores, concluyendo que las variables que en mayor medida inciden en las probabilidades de autocratización son el aumento en la desigualdad de ingresos (real o percibida, fruto de la globalización) y los cambios en los sistemas de partidos (tanto en partidos tradicionales de izquierda como de derecha y la consiguiente desatención a amplios segmentos del electorado que termina propiciando la aparición de nuevos partidos populistas de derecha y de izquierda radical). Estos nuevos actores (con la asunción  acrítica  de algunos de sus presupuestos y estrategias por parte de algunos de los partidos tradicionales) desarrollan estrategias de polarización (ideológica y afectiva) y de trash-talking para lograr sus objetivos de erosión de las instituciones (legisladores ineficaces y preocupados por sus propios intereses abandonando los de la ciudadanía, judicatura corrupta y parcial, medios de comunicación comercializados y tendenciosos, partidos políticos y otras organizaciones mediadoras centrados en sí mismos y que desatienden los intereses y necesidades reales de la población  Esta estrategia denigratoria les propicia una considerable aceptación y apoyo en amplios sectores del electorado, ya que atenúa o evita una reacción democrática de rechazo y contra-movilización más contundente en la ciudadanía). </texto><texto>Los backsliders erosionan, así, las instituciones básicas de la democracia liberal, manteniendo, al tiempo, una fachada de paladines democráticos para sus seguidores. Stokes aporta evidencia de que los niveles de apoyo a la democracia como forma de gobierno no han experimentado variaciones sustanciales entre la población (ni siquiera entre los jóvenes, más allá de las provocadas por el efecto ciclo vital): el incremento inducido de la polarización (radicalizando el debate público y reduciendo las diversas divisiones sociales a una única dimensión  «nosotros versus ellos»  [Somer, McCoy y Lukes, 2021]) provoca el aumento de la tolerancia de «ciudadanos demócratas» respecto de la regresión que las restricciones de las garantías democráticas implican y que el líder justifica como imprescindibles para salvar la democracia de las amenazas que los dirigentes tradicionales y sus seguidores (out-group) suponen. El resultado es la captura de las instituciones políticas y su debilitamiento, cuando no declive.</texto><texto>Adicionalmente, Stokes hace una incursión en los planteamientos psicológicos del apoyo de las bases a esas tendencias de erosión democrática, dedicando un capítulo al análisis de las emociones y su manipulación al servicio de los propósitos de los backsliders. Sin penetrar plenamente en la literatura resultante del giro emocional que surge a comienzos de siglo (Marcus et al., 2000), distingue entre approach emotions (enfado/ira, indignación, entusiasmo, que provocan proactivación y movilización) y withdrawal emotions (tristeza, asco, miedo, que provocan, más bien, desmovilización), y relaciona la utilización intencionada de unas y otras por parte de los líderes políticos en distintos casos de estudio. </texto><texto>No obstante, tras constatar esos resultados, Stokes subraya que los niveles de calidad democrática en el mundo siguen siendo altos (especialmente, tras el aumento que experimentaron en las últimas décadas del pasado siglo). Sostiene que «la erosión y el declive democráticos han suscitado una considerable resistencia» (p. 185) de instituciones y actores políticos y sociales muy diferentes en muchos países, que contrarrestan  con eficacia en la mayor parte de los casos  esas derivas autocráticas de los backsliders, no pudiéndose hablar en nuestros días –escribe– de un declive global de la democracia, ya que muy pocos países han experimentado una erosión que les haya llevado a convertirse en autocracias plenas, como habían comprobado antes –aportando evidencia rigurosa– autores como Treisman (2023) o Little y Meng (2024).</texto><texto>Susan Stokes analiza en el último capítulo de la obra distintas estrategias de resistencia, antierosión y reparación de diversa índole, para detener y revertir la erosión democrática y la eventual autocratización y defender la democracia; estrategias que implementan o pueden poner en práctica los legisladores, la judicatura, asesores y líderes de opinión, mandos militares, periodistas y medios de comunicación, académicos, activistas y ciudadanos: estrategias de repolitización, de despolitización y de creación (o restauración) de la confianza público-política en las instituciones democráticas. Stokes apunta que, frente a las dictaduras del pasado  que cerraban inmediatamente el espacio para la resistencia , cuando los actuales backsliders expanden su poder desde el ejecutivo debilitan la democracia, pero no terminan con el espacio para la resiliencia y la restauración democrática. Como concluye la autora, en este contexto «corresponde a los ciudadanos que valoran la democracia –y que temen la autocracia– utilizar este espacio, con coraje y creatividad» (p. 214).</texto><texto>Bibliografía</texto><texto>Bermeo, Nancy (2003). Ordinary People in Extraordinary Times: The Citizenry and the Breakdown of Democracy. Princeton, NJ: Princeton University Press.</texto><texto>Bemeo, Nancy (2016). «On Democratic Backsliding». Journal of Democracy, 27(1): 5-19. Disponible en: https://www.journalofdemocracy.org/articles/on-democratic-backsliding/</texto><texto>Carothers, Thomas (2002). «The End of the Transition Paradigm». Journal of Democracy, 13(1): 5-21. Disponible en: https://www.journalofdemocracy.org/articles/the-end-of-the-transition-paradigm/ </texto><texto>Cassani, Andrea y Tomini, Luca (2018). «Reversing Regimes and Concepts: From Democratization to Autocratization». European Political Science, 57(3): 687-716. doi: 10.1057/s41304-018-0168-5</texto><texto>Coppedge, Michael (2017). «Eroding Regimes: What, Where and When?». Varieties of Democracy (V-Dem) Institute. Working Paper 57. Gothenburg: University of Gothenburg. Disponible en: https://v-dem.net/media/publications/v-em_working_paper_2017_57.pdf</texto><texto>Galston, William A. (2018). Anti-Pluralism. The Populist Threat to Liberal Democracy. New Haven: Yale University Press.</texto><texto>Guriev, Sergei y Treisman, Daniel (2022). Spin Dictators. The Changing Face of Tyranny in the 21st Century. Princeton: Princeton University Press.</texto><texto>Haggard, Stephan y Kaufman, Robert (2021). Backsliding: Democratic Regress in the Contemporary World. 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